El futuro de la ONU: una mirada desde América Latina y el feminismo

por Amassuru Mujeres en Seguridad

Foto de Mathias Reding na Unsplash 

AMASSURU | MUJERES EN SEGURIDAD Y DEFENSA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Por invitación de Amassuru, Marita Perceval, presidenta de la organización Feministas Sin Fronteras, analiza los desafíos del multilateralismo y propone transformaciones estructurales para democratizar el sistema de las Naciones Unidas.

Esta es una traducción del texto original publicado en portugués en Portal Catarinas por Amassuru. Accede al enlace original aquí

En un contexto de reequilibrio del poder internacional y de fortalecimiento de actores y articulaciones transnacionales contrarios a los derechos de las mujeres y de las personas LGBTQIA+, la comunidad internacional se prepara para elegir a la próxima Secretaria General o al próximo Secretario General de las Naciones Unidas. Ante este escenario, comienzan a surgir diversas campañas internacionales que reclaman que la próxima persona que lidere la organización sea una mujer feminista y latinoamericana.

En abril de este año, la red Amassuru —integrada por mujeres que trabajan en temas de seguridad y defensa en América Latina y el Caribe— inició conversaciones sobre la posible elección de una mujer latinoamericana para dirigir las Naciones Unidas. Para ello, invitamos a Marita Perceval, referente mundial en política exterior feminista y con décadas de experiencia en el sistema de las Naciones Unidas, para abordar los desafíos internos que deberá enfrentar la próxima Secretaria General: desde la burocracia y la reforma institucional de la ONU hasta la necesidad de un liderazgo capaz de construir puentes entre países con posiciones políticas divergentes, en un mundo cada vez más fragmentado. Perceval es presidenta de la organización Feministas Sin Fronteras, exembajadora especial en Política Exterior Feminista de Argentina, exsenadora argentina y exdirectora regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

A continuación, presentamos los principales puntos de su intervención, que marca el inicio de una campaña y de un ciclo de debates de una red conformada por más de 900 mujeres del ámbito de la seguridad y la defensa en la región. Mediante estas conversaciones buscamos pasar de una posición de observación a una de participación sustantiva en los debates regionales sobre el multilateralismo.

La experiencia latinoamericana como contribución al multilateralismo

Perceval destacó la importancia de que América Latina tenga un mayor protagonismo en las Naciones Unidas. Recordó que la región solamente ha tenido a una persona en la Secretaría General, pero que su experiencia histórica puede contribuir a la construcción de puentes de concertación dentro de la comunidad internacional. La exembajadora subrayó que América Latina experimenta de manera existencial el colonialismo originado en las conquistas, el racismo y la multiplicación de las injusticias de género, con una violencia todavía mayor contra las mujeres negras, indígenas, campesinas, migrantes y pobres.

«Somos una región con una violencia excesiva sin conflictos tradicionales, pero con una violencia excesiva expresada en secuestros, torturas, desapariciones y aniquilamientos perpetrados por dictaduras genocidas, paramilitares y escuadrones de la muerte durante la segunda mitad del siglo XX», afirmó. Añadió que la región registra un feminicidio cada dos horas. Según Perceval, América Latina es “la región más desigual del mundo; no la más pobre, sino la más desigual”: el 10 % más rico concentra una proporción insostenible de la riqueza, mientras que el 5 % más pobre accede solamente a una fracción mínima.

Aun así, destacó que los feminismos y transfeminismos de la región, junto con quienes defienden los derechos humanos, son conscientes de que resulta estratégico construir un multilateralismo capaz de articularse con otras regiones, especialmente con el Sur Global.

Enumeró varias contribuciones concretas: la adopción del Tratado de Tlatelolco, que convirtió a la región en una zona libre de armas nucleares; la experiencia democrática, aunque todavía existan deudas pendientes; la lucha por el derecho a la verdad; la adopción del Acuerdo de Escazú; y la reciente Opinión Consultiva 31, que reconoce el cuidado como un derecho autónomo. «Sin arrogancia, esta región escucha las voces silenciadas de las víctimas y las convierte en esperanza de futuro«, concluyó.

La reforma del sistema de la ONU: «necesaria e imposible»

Perceval describió la reforma de la ONU como «necesaria e imposible». Siempre se afirma que es necesaria, pero en la práctica siempre se presenta como imposible.

Cuestionó cómo vincular la actual crisis financiera con el debate sobre la reforma, al observar que los países del Sur Global exigen una transformación, mientras que los países privilegiados solamente reclaman la supervivencia del sistema actual. Al citar el trabajo de Ronny Patz sobre las reformas de la ONU en contextos de crisis financiera, explicó que el sistema de agencias, fondos y programas de la organización está fragmentado y cuenta con presupuestos dispersos entre sí.

La fragmentación presupuestaria como mecanismo de poder

Para Perceval, esta fragmentación expresa el modus operandi del poder: los Estados ricos prefieren la microgestión y la segmentación financiera antes que las reorientaciones estratégicas y el trabajo coordinado entre los organismos de las Naciones Unidas.

Esto ha provocado un aumento de las contribuciones voluntarias destinadas a fines específicos, que siguen la lógica de los donantes —lo que ella denominó «perché me piace«, es decir, «porque me gusta»— y no las necesidades de los pueblos.

El resultado es una especie de «proyectitis»: una multiplicación de pequeños proyectos dispersos, entidades superfluas y fondos fiduciarios paralelos sin un mandato concreto. Todo ello termina creando una burocracia multilateral ineficaz, en la medida en que los mandatos colectivos son sustituidos por minilateralismos en disputa.

La reforma ONU 2.0 y sus limitaciones

Sobre la reciente reforma ONU 2.0, Perceval advirtió que fracasará si no enfrenta las relaciones de poder que subyacen a la fragmentación presupuestaria. Señaló a la Quinta Comisión, responsable del presupuesto, como un espacio crítico en el que las feministas y las personas defensoras de los derechos humanos necesitan estar presentes, aunque no sean invitadas.

Según ella, la reforma se apoya en dos pilares. El primero es una reforma organizativa que implica reducir personal, como ocurre, de acuerdo con Perceval, en Argentina bajo un gobierno que describe como restrictivo de los derechos. El segundo es una revisión intergubernamental de los mandatos, que obliga a los Estados a elegir entre aumentar los recursos o abandonar determinados mandatos, entre ellos, posiblemente, algunos componentes de derechos humanos de las misiones de paz.

Propuestas de transformación

A pesar de su diagnóstico crítico, Perceval presentó propuestas concretas. Propuso un nuevo sistema de coordinación presupuestaria para las Naciones Unidas, con una estructura de gobernanza que permita debatir, de manera sistémica y entre gobiernos, organismos, donantes y sociedad civil, dónde deben asignarse los recursos. Este sistema sustituiría la lógica de los donantes por presupuestos participativos orientados al cumplimiento de los mandatos y a la obtención de resultados.

Un impuesto a los superricos: Perceval propuso declarar a la ONU «bien común y patrimonio de la humanidad». Citó la propuesta del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de otros países de crear una Convención Marco sobre Cooperación Tributaria Internacional, enfocada en una gobernanza de la fiscalidad mundial.

Un impuesto mínimo anual del 2 % sobre el patrimonio de los 3.000 multimillonarios del mundo podría generar entre 200.000 y 250.000 millones de dólares al año. Según la propuesta de Lula, estos recursos deberían destinarse a combatir el hambre y la pobreza mundial y a respaldar la acción climática y la transición energética, incorporando la igualdad de género, la democracia y la paz.

El Consejo de Seguridad: una estructura anacrónica

Perceval dedicó especial atención al Consejo de Seguridad, al que describió como una «cooperativa imperialista», en la que los cinco miembros permanentes cooperan cuando les conviene y se vetan mutuamente cuando no. Criticó la sobrerrepresentación occidental, la ausencia de puestos permanentes para África y América Latina y la existencia de solamente uno para Asia, algo que resulta incoherente con los 193 Estados miembros actuales de la organización. Para ella, luchas históricas como la descolonización y el combate contra la pobreza no han avanzado a través del Consejo de Seguridad precisamente porque serían vetadas por sus miembros permanentes.

En relación con el veto, sostuvo que, aunque eliminarlo es actualmente una quimera, es posible apoyar propuestas como la presentada por Francia y México para restringir su utilización en casos de atrocidades masivas. También se puede recurrir a la Asamblea General cuando el Consejo se encuentra bloqueado, una vía utilizada desde la guerra de Corea y, más recientemente, en relación con Ucrania y Gaza.

Crisis de legitimidad y financiación

Perceval denunció que el Consejo había aprobado recientemente solamente cuatro resoluciones formales, el número más bajo desde 1991. En el caso de Gaza, fueron necesarios cinco meses y cuatro vetos de Estados Unidos para que se aprobara una resolución de alto el fuego, cuando ya había 30.000 víctimas, entre mujeres y niños. “La reforma de la ONU no es burocrática. Es geopolítica”, afirmó.

En cuanto a la financiación, recordó que el último presidente de Estados Unidos que pagó las cuotas dentro del plazo establecido fue Jimmy Carter y que el país acumula una deuda superior a 1.400 millones de dólares, junto con el Reino Unido. También mencionó el Proyecto 2025 de Donald Trump, que recomienda condicionar los pagos como estrategia para debilitar a la organización.

El absurdo kafkiano del presupuesto

Con ironía, Perceval describió una situación en la que la ONU está obligada a devolver dinero procedente de las misiones, incluso cuando los Estados miembros no han pagado la totalidad de sus contribuciones.

Se trata, en sus palabras, de un ciclo kafkiano en el que se devuelve un dinero que nunca existió.

La lógica transaccional y sus consecuencias

Utilizando a la UNESCO como ejemplo, Perceval hizo un recorrido por las entradas y salidas de Estados Unidos de la organización, motivadas por divergencias políticas, desde el informe MacBride hasta la admisión de Palestina.

Cuestionó cómo puede una institución actuar con coherencia e imparcialidad cuando su relación con sus principales financiadores es puramente transaccional. Esta situación debilita la legitimidad del sistema multilateral y deja a las poblaciones más vulnerables en un estado de imprevisibilidad permanente.

Llamado a la acción

Perceval concluyó afirmando que las relaciones de poder son la raíz de todos los problemas discutidos, ya se trate de la violencia de género, el cuidado o el derecho a la verdad.

Al citar a Dag Hammarskjöld, recordó que la ONU «no fue creada para llevar a la humanidad al cielo, sino para evitar que cayera en el infierno».

Finalizó con versos de un poeta del Sur sobre la utopía que siempre sorprende.

Preguntas y respuestas

Durante la conversación, varias participantes plantearon preguntas.

En relación con las candidaturas, una participante preguntó si el hecho de ser mujer constituía una garantía suficiente, teniendo en cuenta la cantidad de gobiernos antidemocráticos existentes en la actualidad. Perceval respondió que defiende a una candidata mujer, feminista y latinoamericana, sin mencionar un nombre específico. Sin embargo, señaló las candidaturas de la embajadora Rebecca Grynspan y de Michelle Bachelet. Esta última, según Perceval, habría resultado perjudicada por «pactos de caballeros» informales, a pesar del apoyo de Brasil y México.

Cuando le preguntaron por qué no Alicia Bárcena, explicó que su candidatura nunca fue presentada formalmente por su país. Describió el proceso de candidaturas en la ONU como un complejo «juego de ajedrez», con especialistas dedicados a esta tarea en cada misión.

Otra participante preguntó cómo había logrado avanzar tanto la agenda de derechos humanos, pese a unas contribuciones financieras históricamente sesgadas. Perceval respondió que el presupuesto de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos representa solamente el 1 %, pero que, gracias a la fuerza de los movimientos sociales, feministas, indígenas y populares, fue posible avanzar incluso con recursos mínimos. Defendió que ese presupuesto debería elevarse al 25 %. Añadió que Estados Unidos recortó miles de millones de dólares en asistencia humanitaria, lo que perjudicó el acceso a medicamentos y el combate contra las enfermedades. También señaló que el presupuesto total de las Naciones Unidas es ínfimo en comparación con el gasto militar mundial de las últimas décadas.

Una tercera participante preguntó cómo podría el Sur Global construir un contrapeso regional efectivo. Perceval respondió que existen numerosos grupos trabajando en temas como el impuesto a los millonarios y el medioambiente, pero que lo hacen de forma desarticulada. El primer paso sería simplemente conocer a estos grupos y articularlos, algo que ya constituiría una estrategia transformadora. 

Finalmente, le preguntaron por las acciones concretas que pueden adoptar quienes trabajan en los ámbitos de la seguridad y la defensa de la paz. La conferencista defendió la necesidad de retomar tratados fundamentales, como el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares y el Tratado sobre el Comercio de Armas, que ya incorpora la dimensión de género. También mencionó el trabajo emergente sobre el ecocidio y el papel del Consejo de Derechos Humanos.

Advirtió sobre el dramático momento provocado por el abandono de tratados destinados a controlar el enriquecimiento de uranio, en medio de unas tensiones geopolíticas cada vez mayores.

No obstante, recordó con humor que procesos como la Convención sobre los Derechos del Niño tardaron 25 años y que todavía hay tiempo para continuar la lucha.

Reflexión final

Perceval cerró con un llamado: a pesar de las numerosas ideas y propuestas, el grito central debe ser uno solo: no a la guerra. Sin paz no hay reforma de las Naciones Unidas, no hay derechos humanos, no hay justicia ni futuro. También advirtió sobre el avance simultáneo de los discursos de odio y de la negación del derecho internacional, y concluyó: «En este momento no existe otro tema. La paz. La paz. La paz».

La grabación completa está disponible en YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=_d0Jij8I0ik 

La opinión de las autoras no compromete la posición institucional de Amassuru

Foto de Mathias Reding na Unsplash 

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Somos una red de mujeres que trabajan temas de Seguridad y Defensa en América Latina y el Caribe (ALC), creada para promover el trabajo de las mujeres en el área, además de facilitar la visibilidad y los espacios de discusión en la región. Juntas, somos mucho más poderosas, por eso creemos que es central crear una red entre nosotras, en un área como la de seguridad, en la cual hemos sido segregadas históricamente. Somos una red independiente y apartidaria de mujeres que trabajamos en diversas áreas, incluyendo la investigación, la docencia, el trabajo directo en políticas públicas y prevención, el periodismo, las ONGs, los gobiernos nacionales y locales, así como en organizaciones internacionales y la academia, entre otras áreas. La red de Amassuru está enfocada en la seguridad en el sentido amplio, englobando temáticas de seguridad ciudadana, seguridad humana, seguridad internacional y justicia.

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

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