Afganistán cumple cinco años de régimen talibán con la peor crisis de derechos para las mujeres en el mundo

por La Costilla Rota

LaCostillaRota. Mundo, 02 de septiembre 2026.— A cinco años de la llegada de los talibanes al poder en agosto de 2021, Afganistán ha consolidado la crisis de derechos de las mujeres más severa del planeta mediante un desmantelamiento sistemático de las libertades de la mitad de su población. A través de más de cien decretos discriminatorios emitidos por las autoridades de facto, el país se ha transformado en una anomalía global donde la exclusión de mujeres y niñas en la educación, el empleo, la vida pública y la salud se ha intensificado de forma alarmante, corriendo el riesgo de ser invisibilizada por la comunidad internacional.

La privación de derechos se ha institucionalizado a través del marco legal impuesto. Normativas recientes como el Decreto número 12 han revocado la igualdad jurídica al otorgar a los esposos autoridad legal sobre sus parejas, limitando el acceso de las mujeres a la justicia y criminalizando la violencia intrafamiliar únicamente en casos de lesiones físicas graves y visibles. A la par, el Decreto número 18 restringe drásticamente la capacidad de las mujeres para solicitar el divorcio —prerrogativa reservada casi de forma exclusiva a los varones— y permite de manera implícita el matrimonio infantil, dejando a la población femenina desprotegida frente a abusos dentro del hogar.

Este entorno de confinamiento y despojo de libertades ha desencadenado una severa crisis de salud mental, al punto de que siete de cada diez mujeres afganas califican hoy su estado psicológico como «malo» o «muy malo», marcadas por la ansiedad y la desesperación. Asimismo, la atención médica para la población femenina se ha deteriorado gravemente por las restricciones de movilidad y la escasez de personal sanitario capacitado, lo que agrava un escenario donde la tasa de mortalidad materna ya alcanzaba en 2024 las 638 muertes por cada 100 mil nacidos vivos.

La presencia femenina en el espacio público ha sido prácticamente borrada debido a la vigilancia de miles de agentes con amplias facultades de detención. Actualmente, más de la mitad de las mujeres sale de sus hogares apenas una o dos veces al mes, mientras que casi tres cuartas partes expresan sentirse inseguras al desplazarse sin la compañía de un tutor masculino o mahram. Esta situación las lleva a evitar mercados y centros de salud, confinándolas a una reclusión forzada alimentada por el temor a represalias institucionales.

En el ámbito educativo, Afganistán se mantiene como la única nación del mundo que prohíbe el acceso de las adolescentes a la educación secundaria y de las mujeres a las universidades. Este veto no solo anula el futuro de millones de jóvenes, sino que genera un impacto estructural catastrófico: las proyecciones advierten que para el año 2030 el país podría enfrentar una escasez de más de 25 mil maestras y trabajadoras de la salud, dejando a las futuras generaciones sin profesionales básicas para el desarrollo comunitario.

La crisis social se entrelaza con una emergencia humanitaria que en 2026 afecta a más de 10.7 millones de mujeres y niñas necesitadas de asistencia. El panorama se complica con el retorno masivo de personas desde Irán y Pakistán, donde menos de una de cada cinco mujeres repatriadas logra generar ingresos, disparando los niveles de endeudamiento e inseguridad alimentaria en los hogares afganos.

A la par, la brecha en el mercado laboral es abismal, con apenas un 7 por ciento de participación de mujeres frente al 84 por ciento de los hombres. El impacto económico de esta marginación supondrá pérdidas acumuladas estimadas en 920 millones de dólares para la economía afgana entre 2024 y 2026, equivalentes al 5.8 por ciento de su Producto Interno Bruto.

Pese a que las organizaciones locales lideradas por mujeres representan el último recurso de apoyo para recibir atención médica, auxilio psicológico y protección contra la violencia, casi tres cuartas partes de estas agrupaciones sufrieron recortes de financiamiento durante el último año, y más de la mitad prevé el cierre definitivo de sus operaciones. Frente al desinterés internacional y los bloqueos impuestos a las redes de ayuda no gubernamentales, entidades como ONU Mujeres intentan mantener esquemas de asistencia vital para garantizar que las mujeres y niñas afganas puedan subsistir, formarse y liderar respuestas ante la emergencia en medio de un régimen de aislamiento extremo.

Imagen generada para uso editorial de LCR

Con información de ONU Mujeres

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