Por Fernanda Palma Juárez
Hay una conversación incómoda que en México seguimos evitando: la dependencia económica también es una forma de violencia.
No deja huellas visibles. Se normaliza. Pero limita vidas todos los días.
Hablo desde mi historia.
Me casé muy joven. Fui mamá a los 21 años. En ese momento, la propuesta fue clara por parte del papa de mi hija: quedarme en casa y dedicarme al cien por ciento a mi hija. Para muchas mujeres, ese es el camino esperado. Para mí, nunca fue una opción.
Vengo de una familia de padres divorciados. Crecí viendo a mi mamá reconstruirse. Después del divorcio, tuvo que empezar de cero porque desafortunadamente, nada de propiedades, ni negocio que forjaron mis padres durante su matrimonio, estaba a su nombre.
Logró volver a ser una mujer fuerte, enérgica y con visión de negocio, y lo hizo muy rápido, gracias a que nunca dejó de trabajar. Lo que nos lleva a otro punto que tocaremos en otra ocasión: no basta con trabajar, también debemos prestar atención a la legalidad y propiedad de los negocios durante el matrimonio. Estoy segura que mi madre lo hizo porque tenía que sacarnos adelante a mi hermana y a mí.
Esa experiencia me dejó una certeza muy clara: yo necesitaba tener mi propio dinero. Decidí seguir trabajando aunque ya era mamá. Terminé mi carrera siendo mamá. Construí mi camino paso a paso. Mi matrimonio que inició joven, terminó del mismo modo cuando mi hija tenia 8 meses de nacida.
Y ahí confirmé algo que hoy defiendo con firmeza: tener ingresos propios cambia completamente la forma en la que una mujer vive sus decisiones. En mi caso, el papá de mi hija ha sido presente y responsable. Aun así, el hecho de generar mi propio ingreso me dio algo que no tiene sustituto: libertad.
Libertad para decidir dónde y con quien vivir.
Dónde estudiar.
Qué construir.
Cómo criar a mi hija.
Qué vida quería para nosotras.
La autonomía económica nunca debe verse como un concepto ni como un discurso aspiracional. Es una herramienta de estabilidad y dignidad que da poder de decisión. Cuando una mujer tiene ingresos propios, cambia su relación con el dinero; eso este tema tiene que estar en el centro de la conversación pública.
Hoy, desde mis empresas y desde Fundación Palma, trabajo para que más mujeres puedan generar ingresos y tomar decisiones desde la libertad con ayuda del emprendimiento.
Porque cuando una mujer puede sostener su vida por sí misma, su historia deja de depender de las circunstancias y empieza a depender de sus decisiones.
Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota. Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.
Imagen generada para uso editorial de LCR
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