«Nunca llegues con manos vacías a casa ajena… o por lo menos acomídete…«,
solían decir las abuelas y tías bienintencionadas.
Por Olimpia Jaimes López
El mediodía de un viernes de mediados de julio, apuradas desde Puebla, Querétaro, Guanajuato y Guerrero, llegamos nueve mujeres de diferentes edades; ansiosas pues no queríamos perder un minuto de estar con la Dra. Marcela Lagarde. Llevamos palabras impregnadas de nuestras benignas intenciones para que ella tenga, siempre, salud, plenitud, goce, tranquilidad, libertad. Entregamos tributos para nuestra maestra de maestras, a quien nos hizo socias de su vida, escogidos con cuidado, pensando en sus gustos y en que, a través de lo obsequiado, conozca un poco de nosotras.
Ponemos en la mesa de centro de su sala, a su alcance, unas muñecas de trapo con vestidos típicos de nuestras regiones, y le contamos cómo las elaboraron, porque sabemos que le gusta conocer la historia de su manufactura textil; y le acercamos una libreta de papel ecológico con tela reciclada, porque sabemos que sigue prefiriendo la pluma a la tecla. Y coloca entre sus dedos los largos collares verdes ligeros de palma y chaquira que atrapan malos sueños, y deja que el viento liviano los agite; todo hecho por mujeres muy creativas. También le llevamos fruta fresca, para su deleite.
Y porque sabemos que se mantiene activa conociendo los eventos que atañen a las mujeres en el país, ponemos en su sillón un pañuelo triangular conmemorativo de la despenalización del aborto en Guerrero, pintado con la diabla icónica sureña de grandes cuernos y feroces dientes; y le entregamos también el anecdotario «Chilate, pozole, mezcal y ABORTO LEGAL«, texto que es iniciativa de Viridiana, que está ilustrado por la imaginativa inspiración de la joven DeMóniKa, y que contiene las letras e imágenes en caricatura de algunas mujeres feministas que lograron, conjuntamente con muchísimas más aliadas y aliados, hace un poquito más de cuatro años, avances en uno de los derechos humanos de las mujeres en la entidad; y le contamos a Marcela que, aunque fue el logro de un movimiento de mujeres jóvenes y potentes que reconocen su historia y su genealogía, todavía hay pendientes que alcanzar.
Con miradas curiosas y amorosas para quien nos recibe curiosa y amorosa, por la invitación de Josefina y Adriana, llegamos con preguntas, muchas preguntas. Lupita nos ofrece agua y café, que saboreamos poco a poco. Estamos nerviosas, alivia nuestra ansiedad que cualquier palabra, cualquier imagen, es hilo para la conversación ágil, para la risa contagiosa, para la complicidad, para la remembranza, hasta para entonar canciones de juegos: “…una mexicana que fruta vendía, ciruela, chabacano, melón y sandía…”, y ella, Marcela, nos mira a los ojos y ríe y canta.
Aunque tenemos orígenes e historias diversas, a las nueve mujeres nos une, entre otras cosas, formar parte de una red feminista paritarista, y en ese día hay una sola expectativa: conocer y reconocer a una de las mujeres fundamentales del feminismo mexicano contemporáneo; a quien como antropóloga creó categorías para nombrar e interpretar las realidades de las mujeres y las opresiones de un encasillamiento cultural; a quien, siendo diputada federal, consensó intereses políticos y conjuntó redes de activistas e intelectuales mexicanas para alcanzar la promulgación de una de las leyes vigentes más importantes en el marco normativo nacional a favor del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia; a quien, congruente, es la promovente de pactos sororales a través de los cuales las mujeres podemos trascender diferencias y lograr coincidencias; a la maestra que viaja compartiendo sus saberes, sus hitos y sus topías; la que conmina a que localicemos un lugar, un momento, un nombre de mujeres que nos sean cercanas, y de quien sepamos tanto que nos sean entrañables y no dejemos que se olviden.
-Siiií, cuéntanos, Marcela, por favor… le suplicamos, compartiendo con ella miradas pícaras… Y Marcela nos comparte, nos regala palabras, nos transmite emociones.
-Siiií, cuéntanos… y nos cuenta de su ser antropóloga y sus oídos atentos a las historias de las mujeres, con las que fundamenta su propuesta de una política pública que debería centrarse en las niñas, las adolescentes, las mujeres mayores…; por ejemplo, para la salud bucal de todas o para que no haya una sola mujer sin saber leer ni escribir…
-Siiií, cuéntanos… y nos cuenta de la ocasión en la que fue diputada federal, y lideró un equipo de investigadoras feministas y recorrió México para recoger testimonios y verter en un diagnóstico que mostró, fehacientemente, que las heridas del feminicidio estaban en todas partes… Y demostró que las leyes requieren investigación para que sean pertinentes.
-Siiií, cuéntanos… y nos cuenta de esas madrugadas de desvelo que le llevaron a conformar las categorías feminicidio y violencia feminicida y alerta de violencia de género contra las mujeres, y otras más con las que fundamentó la ley a la que hoy recurrimos para exigir justicia…
Y nos cuenta… y se extiende en cada tema; y honra a quienes conoce y conocemos, a quienes conoció y nos dejaron legado, camino; sobre todo a mujeres indígenas.
Honra a Martha Sánchez Néstor, a quien un deficiente servicio médico público en su región, propició que la perdiéramos en Guerrero.
A Ernestina Ascencio Rosario, a quien le arrebataron la vida con violencia en la Sierra de Veracruz y cuyo hecho atroz pretendieron, desde el poder, encubrir con mentiras.
Recuerda también su paso por Ciudad Juárez investigando, y nombra a Andrea Medina; rememora su transitar por Guerrero y nombra a Rosa María Gómez, a Rosa Icela Ojeda; menciona su paso por la legislatura federal y refiere a Lety Burgos… y sigue recordando y nombrando a otras, muchas más… a todas les agradece, las saluda, las quiere, las honra. Cuando elogiamos su lucidez, responde que sólo es una atenta discípula de Simone de Beauvoir y de quienes la antecedieron… Así reconoce a sus ancestras, su propia genealogía feminista.
Cuando le decimos, emocionadas hasta las lágrimas, que su voz y su generosidad al llamarnos socias de vida, que su compartir la lectura de la realidad de las mujeres y proponer que con sororidad construyamos pactos, cuando nos insta a que accionemos para que se haga posible lo que anhelamos, cuando nos invita que procuremos siempre la libertad porque ese es nuestro derecho, y a que leamos mucho mucho, y escribamos más – porque somos lo que leemos y somos lo que escribimos, nos dice-; cuando le manifestamos que todo eso nos ha salvado la vida varias veces, a tantas mujeres, se abruma y nos mira un poco humilde y mucho cómplice…
Casi estando para irnos, pongo a su alcance, con las manos temblorosas por la emoción, un ejemplar con el resumen de sus Claves Feministas para Liderazgos Entrañables, esos que, a su decir, tienen que ser «buena onda» o no serían feministas; es un texto con pátina color sepia y esquinas dobladas porque lo tengo y uso desde 1999, para entender muchas cosas de mi propio feminismo. Marcela, generosa, lo autografió…
Marcela se torna entrañable, y nos emociona sobremanera cuando, al despedirnos, después de que Lupita sostiene nuestros teléfonos tomándonos una foto panorámica y varias parciales, nos dice animosa que se ha sentido muy bien, muy a gusto, que fue una reunión de amigas que le gustó mucho y pregunta, con una sonrisa amplia, cuándo volveremos; y algunas nos acercamos más, la tomamos de las manos, le guiñamos el ojo diciendo “por supuesto que pronto…!!!”, y que, si no, pues nos veremos en octubre en el 5º Encuentro Nacional en Veracruz, pues ella es la invitada magistral, ya está confirmado con Lupita.
Gracias Red Nacional de Mujeres Defensoras de la Paridad en Todo de la República Mexicana, gracias Escuela de Mujeres Políticas Mexicanas, gracias Josefina Meza Espinoza y Adriana Lizeth, gracias a la nieta de Josefina e hija de Adri, a Mar, a Arcelia, a Vero V., a Vero O., a Maritza, y a quienes no pudieron venir, gracias, por hacer posible un encuentro que, por entrañable, queda en la memoria, en la historia.
Nos vemos en octubre…!!!
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