Poner la vida en el centro: Mujeres al frente de la conducción política en Seguridad y Defensa en América Latina

Las experiencias de las exministras Maya Fernández Allende y Sabina Frederic

por Giovana Gerosa

AMASSURU | MUJERES EN SEGURIDAD

Por GIOVANA GEROSA

Las experiencias de conducción política en Defensa y Seguridad Interna demuestran que la perspectiva de género fortalece las instituciones democráticas, moderniza a las Fuerzas Armadas y amplía el concepto de protección ciudadana al poner el cuidado de la vida en el centro. En un conversatorio organizado por Amassuru, la exministra de Defensa Nacional de Chile, Maya Fernández Allende, y la exministra de Seguridad de la Nación Argentina, Sabina Frederic, compartieron sus vivencias al frente de sus carteras, evaluaron el impacto real de la Resolución 1325 y debatieron los desafíos de reformar la arquitectura multilateral ante la posibilidad histórica de que una mujer latinoamericana asuma la Secretaría General de las Naciones Unidas.

La experiencia de Chile en la conducción de la Defensa

Maya Fernández Allende —nieta del expresidente de Chile Salvador Allende— repasó la trayectoria institucional del país como uno de los referentes regionales con mayor continuidad de mujeres al frente de la cartera de Defensa: «la primera mujer ministra de la cartera de defensa fue Michelle Bachelet en el 2002 […] además es la primera mujer en América Latina  […] Tenemos una segunda ministra de defensa que es Vivianne Blanlot en el año 2006, y posteriormente asumo yo en el año 2022 […]. Y ya en el último año del mandato del presidente Gabriel Boric tenemos una cuarta ministra de defensa que es la exministra Adriana Delpiano». 

Consolidación democrática y política de Estado

A partir de este recorrido, Fernández Allende destacó que asumió la cartera respaldada por una sólida experiencia legislativa previa: había presidido la Cámara de Diputados y, como parlamentaria, integró y presidió la Comisión de Defensa durante sus últimos cuatro años en el Congreso, un antecedente que —dijo— le dio un conocimiento del manejo político de la cartera que resultó clave en su gestión política en el Ministerio. 

Con ello, demostró que al momento de asumir el cargo, el reto principal ya no consistía en probar la idoneidad femenina para la función, sino en afianzar políticas con visión de futuro: «el desafío no era que en ese momento una mujer podía ejercer el cargo, dado que ya habíamos tenido dos ministras anteriores, sino construir».  

A su vez, su caso particular tiene un valor simbólico familiar, el cual ella misma describe como «un momento bien importante donde hay una señal de madurez política, de fortalecimiento de la democracia chilena, dado que todos conocen mi historia familiar y eso habla de la capacidad de nuestras instituciones, de construir confianza, de proyectarse en el futuro. Y obviamente para mí fue una oportunidad para reafirmar que la defensa es una política de Estado, por sobre todo, pensada en el bienestar y al servicio de todos los chilenos y chilenas». 

Innovación, cambio climático y derechos humanos

En consonancia con esta visión estratégica, bajo su liderazgo se impulsaron proyectos como el fortalecimiento de la ciberseguridad, la construcción naval continua y la inauguración del primer centro espacial chileno, promoviendo la inclusión de ingenieras y especializadas técnicas en la industria de defensa: «aquí se está generando algo bien interesante, que es la relación con la academia, con las universidades, con instituciones civiles, y por tanto eso también es muy importante pensando en las Fuerzas Armadas del futuro, mucho más insertadas en la sociedad».

Paralelamente, la exministra promovió la expansión del concepto de defensa hacia la respuesta ante emergencias climáticas y el despliegue territorial con enfoque de derechos humanos: «con el cambio climático nos hemos visto afectados, no solamente en Chile, en muchos países. […] y  las Fuerzas Armadas han cumplido un rol fundamental, no solo en lo que tiene que ver el despliegue propio de los temas de seguridad, […] sino también en la ayuda humanitaria. Y aquí las mujeres en la defensa cumplen un rol fundamental».

Al abordar los operativos en zonas limítrofes y la relación con la ciudadanía, destacó el enfoque de género y derechos humanos: «aquí justamente ha habido una preparación, una capacitación de nuestras fuerzas armadas desplegadas en materia de derechos humanos, en materia de género, que yo creo que hay que rescatar. […] cuando yo visitaba las tropas desplegadas en el sur, por ejemplo, desde la vivencia propia ellos me contaban que al principio nos miraban con mucha desconfianza; y hoy en día ya conversan con la comunidad, se conocen, y yo creo que eso es muy relevante cuando pensamos en una fuerza armada conectada, cercana, pensando en el bien del país».

Mando político, respeto institucional y cambio de época

En cuanto al ejercicio del mando, Fernández Allende remarcó la madurez de las instituciones militares: «la verdad es que yo nunca recibí ninguna resistencia por ser mujer, todo lo contrario, encontré instituciones profesionales pensando en el bien del país, me pasó lo mismo que Sabina, con una relación directa y casi a diario con los comandantes y jefes de las tres ramas, […] y por tanto creo que tenemos instituciones que respetan la conducción civil democrática, y creo que el respeto a la autoridad, como decía Sabina, siempre se gana con trabajo, con coordinación, con capacidad de liderazgo, y la verdad es que no vi resistencia».

Finalmente, sintetizó esta transformación cultural con un hito emblemático: «Las mujeres hace 20 años no pudieron llegar a estos espacios. Hace poco salió en las noticias una bonita noticia, que una primera mujer chilena de América Latina era la primera piloto de aviones de combate F-16. Entonces eso era impensado».

La gestión de la Seguridad Interna en Argentina

Por su parte, Sabina Frederic abordó la conducción de la Seguridad Interna en Argentina como un desafío de otra escala: dirigir cuatro fuerzas federales (Gendarmería, Prefectura, Policía Federal y PSA) con cerca de 90.000 efectivos en un esquema federal. Llegada al cargo desde su trayectoria académica e investigadora de campo sobre las fuerzas, recuperó la genealogía iniciada por Nilda Garré en 2010:

 «Yo venía, como investigadora, de haber hecho mucho trabajo de campo de investigación sobre las fuerzas de seguridad, antes de llegar a ser ministra, o sea, tenía conocimiento de muchos de ellos, de lo que hacían, cómo lo hacían, cómo pensaban, etcétera. Eso para mí fue muy importante a la hora de conducirlos». 

Destacando que «el Ministerio de Seguridad de la Nación en Argentina estuvo ocupado mayoritariamente por mujeres. Cuando se crea en 2010, diciembre del 2010, la primera ministra es una mujer, que fue Nilda Garré, que venía de ser cinco años ministra de defensa. Primera mujer ministra de defensa, también. Y ella ejerce el cargo durante tres años, es un cargo fundacional, y todo lo mucho de lo que ella deja es algo que yo retomo cuando me hago cargo del Ministerio de Seguridad en diciembre del 2019».

Política del cuidado, bienestar y uso de la fuerza

Su gestión al frente de Seguridad debió enfrentar de inmediato la contención de la pandemia. «Esa política de bienestar, derechos y género fue para mí central, porque fue una manera de mostrar, no con el discurso […], sino en la práctica, una política de cuidado y de acompañamiento a los efectivos».

Sostuvo, y fue precisa sobre qué implicaba ese cuidado: «cuidar al personal no quiere decir eximirlo de las sanciones disciplinarias que haya que aplicar cuando se salen de los protocolos y de las normas de cumplimiento internas y también de cumplimiento de la ley. Cuidar quiere decir que tengan todas las herramientas para poder trabajar, cuidar quiere decir estar cerca de ellos y de ellas para saber cuáles son los problemas que tienen».

Para sostener dicha política creó un Consejo Consultivo del Bienestar del Personal Policial, y reforzó a la vez las directrices sobre el uso de la fuerza: «una política de uso racional y proporcional de la fuerza, y otra, y una política también fundamental fue la de la resolución alternativa de conflictos, cómo las fuerzas federales se resolvieran de una manera pacífica, ¿no?». Y, en otro momento, precisó que la posición política era «hacer uso de la fuerza pública como mecanismo de alzada, como última ratio, no como la primera».

La relación con la cúpula policial y las presiones externas

Sobre los obstáculos que enfrentó, distinguió con claridad dónde estuvo el problema y dónde no: «la conducción que yo tenía de los jefes cuando había problemas en la calle fue impecable. […]Pero el problema era la presión política, y llegaba a través de los medios de comunicación, indirectamente». 

Un avance irreversible

Frederic destacó la permanencia de las transformaciones institucionales impulsadas por las mujeres al frente de estas carteras, más allá de los cambios de gobierno: «las fuerzas de seguridad de nuestro país y las fuerzas armadas de nuestro país han preservado las políticas de género. Sorprendentemente y curiosamente toda la arquitectura que se creó a partir de las gestiones de Nilda Garré […] las han preservado porque las mujeres y los varones militares y los integrantes de las fuerzas han encontrado que es central conservar esos espacios donde se resuelven los conflictos o se tramitan los conflictos que hay en temas de género».

Fernández Allende sumó otros ejemplos concretos de avances alcanzados durante su gestión: «ya tenemos la primera general mujer en las fuerzas armadas, en el escalafón de justicia. Tenemos mujeres que participaron en la operación Polar 3, es decir, una piloto de helicóptero que llegó al Polo Sur como parte de la delegación del presidente Gabriel Boric, mujeres de la Armada que también tienen una experiencia muy grande y han tenido capitanas de puerto, donde esos espacios antes no existían mujeres». Y sintetizó la premisa que guió el conversatorio: «La inclusión de las mujeres no debilita las instituciones, las fortalece. Y ese debate también se tiene que dar al interior de los organismos internacionales».

De la práctica nacional a la arena internacional: la Resolución 1325 en debate

Esta articulación entre la política local y el escenario global llevó al debate sobre la Resolución 1325 y la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad de la ONU. Allí se hicieron evidentes los matices de cada cartera:

Fernández Allende repasó el desarrollo de esta agenda en Chile desde el primer Plan de Acción en 2009 hasta el tercero, articulado entre Cancillería, el Ministerio del Interior y el Ministerio de la Mujer: «si uno mira la experiencia chilena, no se trata de burocracia. Yo creo que esto exige un cambio, ya que gracias a estos tres planes […] hemos avanzado en las políticas institucionales de género. […] Y yo creo que esto se ha traducido en una mayor participación femenina en la fuerza armada y en la construcción de los liderazgos. Tenemos más mujeres en las operaciones de paz».

Sobre el alcance del tercer plan, agregó: «este tercer plan amplía la agenda hacia desafíos más contemporáneos y más transversales, como hablamos desde la perspectiva de género, la no discriminación, incorpora enfoques de derecho humano, interseccionalidad, territorialidad, vincula la agenda […] de mujer, paz y seguridad, como decía, con la prevención de riesgo, la gestión de emergencia y de desastre».

Frederic, en cambio, fue crítica sobre la intervención de los organismos internacionales en seguridad ciudadana: «Es una agenda que tiene mucho más impacto en el área de defensa que en el área de seguridad. […] Yo debo decir, aprovechar este diálogo, para decir que Naciones Unidas no puso un pie en el área de seguridad durante mi gestión]». Apuntó en particular a la UNODC: «esa oficina la verdad que no hace pie, no ha hecho pie en nuestro país. […] No es lo mismo México que Colombia, que Brasil, que Argentina, que Chile, que Uruguay, que Bolivia, que Perú, que Ecuador. […] países que tienen realidades distintas. Y es un problema homogeneizarnos. Es un gran problema homogeneizarnos».

Pese a esa mirada crítica, reconoció el valor de ciertos estándares internacionales: «los parámetros que Naciones Unidas construye, por ejemplo, la tasa recomendada de cantidad de policías por habitante […] es una referencia importante, pero que muchas jurisdicciones no cumplen, pero es una referencia importante. El protocolo que siguen las policías para respetar el uso proporcional de la fuerza es un protocolo de referencia, con lo cual nuestras instituciones toman como referencias lo que Naciones Unidas genera, pero no hay un trabajo, la verdad que profundo y articulado».

Asimismo, situó el problema de fondo en la falta de datos propios: «necesitaríamos una agenda de seguridad con perspectiva de género y sobre todo […] que atiende a las poblaciones vulneradas por políticas de seguridad que en lugar de proteger terminan generando más problemas de los que tenemos». 

Y, más adelante en el conversatorio, insistió: «A diferencia de otras áreas, no tenemos estadísticas confiables que nos permitan decir: «Esta gestión de seguridad es buena, esta gestión de seguridad es mala en función de los resultados», y la palabra de Naciones Unidas debería ubicarse también en ese terreno».

La encrucijada del multilateralismo: el liderazgo latinoamericano y la lección de Bachelet

Este balance crítico sobre la efectividad de la ONU cobra una vigencia aún más apremiante de cara a sus 80 años de historia. Ambas expositoras señalaron la contradicción estructural de una organización que promueve la igualdad, pero nunca ha tenido a una mujer en la Secretaría General: 

«cuando uno piensa en 80 años nunca ha habido una secretaria general mujer, es decir, somos más del 50% de la población y no hemos tenido nunca la secretaría. Entonces, cuando uno escucha discursos desde los organismos internacionales de igualdad, de inclusión, pero en los principales cargos de liderazgo de estas instituciones, nunca hemos tenido a una mujer liderando. Uno dice, bueno, ¿cuánto es la realidad y cuánto es el discurso?», planteó Fernández Allende.

Sin embargo, el obstáculo central no reside en la falta de capacidad o mérito de las candidatas, sino en las tensiones geopolíticas de un sistema internacional polarizado. Tal como remarcó la propia Fernández Allende: «América Latina aporta una mirada desde una región que ha construido una larga tradición de defensa de la democracia, de los derechos humanos y del multilateralismo […] la principal dificultad en el Consejo de Seguridad no es que sea mujer, no es el género, sino que tiene que ver con el sistema internacional […] hoy el sistema internacional enfrenta una polarización y las decisiones del Consejo de Seguridad dependen de consensos que cada vez son más difíciles de alcanzar».

Retomando el diagnóstico, Sabina Frederic llamó a refundar la arquitectura internacional desde bases operativas concretas:

«estamos ante una crisis del multilateralismo en una época turbulenta. […] hay una crisis que hay que reconocer, cualquiera que asuma, […] tiene que reconstruir esa arquitectura multilateral. Es fundamental que esa arquitectura mundial se reconstruya y probablemente eso va a significar que la burocracia se transforme».

Y propuso un eje concreto para esa reconstrucción: 

«Una agenda que lleve la ética del cuidado a un primer plano y que ponga las oficinas locales, nacionales, Naciones Unidas a trabajar en ese sentido de una manera concreta. No solo a generar consultorías, sino a efectivamente tener una incidencia en el terreno».

A modo de reflexión

Ambas exministras aportan una mirada que coloca la vida en el centro y se proyecta hacia el futuro de la agenda global, la cual requiere integrar la seguridad internacional, el desarrollo sostenible y la protección de las personas. Sin embargo, tal como se señaló en el encuentro, persisten escasas instancias de coordinación institucional para abordar estos ámbitos de forma conjunta.

En ese marco, el nombre de la Dra. Michelle Bachelet atravesó todo el conversatorio y destacaron la autoridad y trayectoria de quien fuera la primera ministra de Defensa de Chile y de América Latina, dos veces presidenta, primera directora ejecutiva de ONU Mujeres y alta comisionada para los Derechos Humanos, reconociendo su idoneidad para conducir la Secretaría General de la ONU.

El posterior retiro de su candidatura—tras enfrentar el veto velado y las tensiones geopolíticas en las votaciones del Consejo de Seguridad— no solo expone los límites reales del sistema multilateral y el riesgo que enfrentan la democracia y los derechos humanos, sino que revalida y vuelve más urgente el debate de todas estas dimensiones planteadas por Sabina Frederic y Maya Fernández Allende.

La grabación completa está disponible en YouTube https://www.youtube.com/live/4GvewLW278E?si=8hO6rrr1ayynmbUi

La opinión de las autoras no compromete la posición institucional de Amassuru

Foto: Generada con IA para uso editorial

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Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

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