La incongruencia: Voceros de un gobierno autodenominado feminista son sexistas

por Mag Mantilla

Por Mag Mantilla

 

Cuestionarlo todo es, en esencia, la definición más sintética del feminismo. Si partimos de la necesidad de desestructurar la organización patriarcal —la cual, desde la praxis feminista, buscamos erradicar y abolir—, cuestionarlo todo implica, inevitablemente, cuestionar al patriarcado.

En México, el gobierno actual se autodefine como promotor de la igualdad sustantiva y, por primera vez en la historia, la presidencia de la República es ocupada por una mujer, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, quien se posiciona abiertamente como feminista. Su llegada al poder ocurre bajo las siglas de la «Cuarta Transformación» (4T), un proyecto que en su narrativa oficial se adscribe a la izquierda y al «Humanismo Mexicano», aunque desde el análisis político y económico se identifique más bien como un progresismo que mantiene marcadas continuidades neoliberales.

Si bien esta administración no cuenta formalmente con la figura de «voceros oficiales», sí posee un robusto bloque de comunicadores, creadores digitales e influencers afines que respaldan de manera irrestricta la agenda de la 4T y de la presidenta. 

Bajo esta premisa, cabe formular una pregunta indispensable: ¿Por qué figuras de gran alcance mediático como Vicente Serrano (director de Sin Censura TV) e Ignacio Rodríguez Ceballos (conocido como Nacho Rodríguez «El Chapucero»), siendo voces orgánicas que legitiman este proyecto, exhiben una praxis tan carente de congruencia?

¿Por qué se permiten conductas de derroche económico que contradicen directamente el principio ético de austeridad republicana que defienden en sus espacios informativos? Y aún más grave: ¿Por qué reproducen prácticas explícitas de cosificación sobre los cuerpos de las mujeres?

El video que circula en plataformas digitales —donde se les observa de fiesta en un exclusivo centro nocturno, interactuando en dinámicas de contacto físico y rodeados de mujeres— evidencia dinámicas de cosificación y sexismo profundamente arraigadas. Esta conducta dista por completo de la congruencia humanista que presume poner la vida y la dignidad en el centro, tal como lo hace el feminismo.

La izquierda jamás será verdaderamente revolucionaria, ni transformadora si se niega a traicionar al patriarcado y desprenderse de su propia misoginia, al continuar perpetuando conductas sexistas en su vida privada. Eso es práctica sistémica que promueve lógica de dominación y subordinación; muy de fachos. 

 

Imagen generada para uso editorial de LCR

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 



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