Por Gabriela Mayorga
La máxima fiesta del fútbol no debería ser un riesgo para la niñez. Sin embargo, la cuenta regresiva para el Mundial 2026 ha encendido las alarmas de organismos internacionales. Recientemente, UNICEF alertó sobre un peligro latente en México: el incremento de la explotación sexual infantil ante la llegada masiva de turistas. Lo que para muchos es una celebración deportiva, para nuestras infancias podría representar un riesgo.
Las alarmas no son una exageración. México llega a este evento deportivo con una herida abierta: somos el segundo país con más casos de trata de menores y turismo sexual infantil a nivel global, solo superados por Tailandia. Además, ocupamos el primer lugar mundial en producción y difusión de material de abuso sexual infantil. Según datos del SESNSP, se estima que entre 80,000 y 85,000 niñas y niños son víctimas de explotación sexual en el país. No son solo cifras; detrás de cada número hay un ser humano con sueños robados.
La Secretaría de Turismo calcula la llegada de 5 millones de visitantes. ¿Exageramos al poner el foco en la protección infantil? La historia dice que no. En Rusia 2018, un análisis en CDMX reportó un aumento de 12% en violaciones durante el Mundial. En Brasil 2014, se registró un alza de 17% en reportes de violaciones a derechos de la niñez durante el evento. Cuidar a quienes más lo necesitan nunca es una medida desproporcionada, especialmente cuando sabemos que el abuso deja secuelas de por vida: ansiedad, depresión, disociación y trastornos que fracturan el bienestar integral.
El Gobierno de Jalisco, de la mano con UNICEF, ha desarrollado una Estrategia Estatal de Protección. Este protocolo es clave porque define rutas claras de actuación involucrando a sistemas de salud, seguridad y fiscalías. La metodología de identificar niveles de riesgo —desde los estadios (Nivel 1) hasta los municipios de tránsito (Nivel 2)— permite anticipar escenarios de violencia familiar o abuso que suelen intensificarse en contextos de grandes aglomeraciones.
Pero, ¿será esto suficiente? La visibilización no debe ser una tendencia. El aumento del 86% en reportes de pornografía infantil registrado en el primer semestre de 2025 nos indica que la red de complicidad y corrupción es profunda. Estos protocolos deben ser el punto de partida para una política pública permanente, no solo un operativo especial para «quedar bien» ante el mundo.
Como ciudadanos, nuestra responsabilidad es romper el silencio. Ante cualquier sospecha, la Fiscalía General de la República (FGR) es clara: la denuncia debe ser inmediata. Es vital no bañar a la víctima ni limpiar sus heridas para preservar pruebas biológicas, y guardar su ropa en bolsas de papel. La recuperación comienza con el apoyo emocional y la justicia.
El Mundial 2026 será un éxito sólo si logramos que la única noticia relevante sea el deporte, y no la vulneración de nuestros niños. La protección de la infancia debe ser lo que México más defienda dentro y fuera de la cancha.
Gabriela Mayorga
@gabymayorgaaa
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Imagen generada por IA para uso editorial de LCR
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