Por María Elena Esparza Guevara
@MaElenaEsparza
Rompió las órbitas establecidas para las mujeres en la ciencia mexicana. Con un toque inigualable, la astrónoma, divulgadora y académica Julieta Fierro convirtió su pasión por el universo en una herramienta de democratización del conocimiento, y con ello trazó una ruta para muchas científicas más.
Durante décadas, su voz resonó en las aulas y en los medios masivos, no solo para acercarnos al cosmos, sino también para recordarnos que la ciencia no debía ser elitista ni masculina, sino un bien democrático y disponible para cualquier personas interesada en los misterios del universo.
El feminismo de Julieta Fierro no fue de pancartas o consignas; lo predicó desde el ejemplo cotidiano: ocupar un lugar en la UNAM, abrir camino en la divulgación científica, pelear presupuestos para la investigación, mostrar que una mujer podía ser referente en la astronomía internacional. Y lo hizo en tiempos en los que la palabra “feminista” se pronunciaba en voz baja dentro de la academia.
Hoy su legado nos interpela en un doble sentido. Por un lado, nos recuerda que las mujeres seguimos siendo minoría en los campos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y que la brecha de género persiste: menos acceso a financiamiento, menores oportunidades de promoción, menor reconocimiento en publicaciones. Por el otro, nos invita a no ceder el lugar conquistado y a seguir sembrando vocaciones científicas en las niñas y jóvenes que necesitan espejos cercanos para creer que el universo también les pertenece.
La estelar Julieta nos enseñó que la ciencia es también un acto de justicia social porque divulgar, enseñar y compartir es un ejercicio de redistribución del poder. Su obra y su trayectoria no son solo patrimonio de la astronomía, sino de un activismo que se niega a dejar a las mujeres fuera de la historia del conocimiento.
La discriminación hacia la comunidad científica femenina es un problema que ha perdurado durante mucho tiempo. A pesar de que las mujeres han contribuido a numerosos campos científicos, el reconocimiento de sus logros ha sido escaso.
Por ejemplo, en los Nobel ni en 2023 ni en 2024 hubo premio en ciencias para una mujer. Y a lo largo de la historia, los hechos y las cifras hablan por sí solos: desde 1901, cuando ocurrió la primera ceremonia de entrega, ha habido 227 laureados en Física, de los cuales 5 son mujeres; 229 en Medicina y solo 13 son mujeres, y en Química, el total de laureados es 197, con 8 mujeres premiadas. Además, aún hoy solo el 20% de los puestos de liderazgo en ciencia son ocupados por mujeres, situación que refleja las brechas enormes que aún se deben enfrentar en la materia.
Vi muchas veces a Julieta Fierro contando cómo todas y todos hemos sido antes polvo de estrellas y al desintegrarnos volveremos de alguna forma ser esos elementos esenciales. Miremos al cielo para honrarla, pero también coloquemos los pies bien firmes en la tierra para continuar la lucha por la plena inclusión de niñas y mujeres al terreno científico.
Foto Captura de Pantalla desde X Instituto de Ciencias Nucleares UNAM
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