El amor colectivo es nuestra revolución

por Amor Sin Dolores

Por Jazive Jiménez / Amores sin dolores

El otro día acudí a una plaza comercial a realizar unas compras y mientras estacionaba el coche, vi a lo lejos una pareja de jóvenes paseando por la plaza con un peluche y dos helados que entrelazan notablemente una historia de amor.

Verlos me hizo recordar esas primeras veces de enamoramiento puro en donde las advertencias no existían y el silencio era la clave para poder “descubrir” y “disfrutar” el amor. Y es que haciendo un repaso de todas las veces que me enamoré o tuve alguna relación con alguien, me di cuenta que siempre fueron de manera solitaria. Aunque entre amigas nos llegábamos a contar quien nos gustaba o cosas por el estilo, todos esos sentimientos, esas dudas y esos líos de un mal de amores siempre los sostuve en silencio.

Nada de lo que pasará dentro de mis relaciones tuvo cabida en una conversación familiar o con la amiga más cercana, en mi cabeza eso que pasaba entre dos, solo podría resolverse entre dos y no había más.

Hoy me doy cuenta que es el peor error que nos ha enseñado y adiestrado el amor romántico, porque mientras vives en silencio el amor, muchas veces las violencias se hacen presentes y nadie puede escucharlas.

Así me pasó con Iván, un novio que jugaba al bombardeo de amor (love bombing), una técnica de manipulación emocional que consiste en inundar a una persona con muestras exageradas de afecto, atención, regalos y promesas de futuro, para luego de la nada desaparecer y luego volver y volver, como dice la canción.

También me pasó con Juan, otro de mis “grandes amores” que ejecutó muchos ejemplos de micromachismos que de micro no tuvieron nada, pero que nadie más pudo notar porque el amor no se cuenta, se vive. Y mientras vivía ese amor desbordante lleno de contradicciones en silencio, ellos, todos, iban ejerciendo cada vez más poder sobre mí. ¿Y qué creen? nunca le conté a nadie hasta el momento que escribo esto.

Y no lo conté, no porque nadie me escuchará, sino porque desde siempre aprendí que los problemas de pareja se arreglan en pareja, y que a veces, el amor para llamarse amor tenía que doler. Se trataba de una prueba de fuego para comprobar que se trataba de un amor verdadero.

Sin embargo, en el andar del tiempo, la influencia de autoras feministas, de pláticas con amigas en donde las conversaciones eran más abiertas y cada vez más similares acerca de las relaciones que vivíamos con nuestras parejas, me hizo entender que cuando hablamos colectivamente del amor y de desamor hablamos también de una estructura social, de un conjunto de mandatos, violencias y desigualdades que atraviesan nuestras relaciones afectivas e impactan directamente en nuestra autonomía, nuestra autoestima, nuestra salud mental e, incluso, en nuestras posibilidades de participar plenamente en otros espacios de la vida.

Cuando dejamos de mirar nuestras relaciones como experiencias aisladas y comenzamos a reconocer un patrón, entendemos que esos dolores, dudas y violencias no nacieron únicamente de nuestras decisiones o de nuestra «mala suerte en el amor», sino de un sistema patriarcal que ha sido interiorizado y normalizado durante generaciones.

Por eso conversar sobre el amor entre mujeres no es un simple ejercicio de desahogo, es una forma de cuestionarnos, de reconocernos y de colectivizar herramientas para vivir amores más libres.

Porque cuando comencé a hablar de todas esas amargas historias de mis exparejas logré darme cuenta de una serie de violencias a las que fui sometida por los “hombres que decían amarme” y entonces comencé a nombrar todo lo que no quería más en mi vida.

Porque cuando mis primas, mis amigas, mis tías,lograron abrir su corazón y contar lo que vivían alrededor de sus vidas amorosas pudieron tomar la fuerza necesaria para decirles adiós a lo que ya no sumaba en sus vidas.

Cuando el amor se colectiviza logramos la libertad para aprender amar desde otros lares, más rebeldes, más humanos, más igualitarios, más honestos y más sensatos. Porque cuando también nuestras voces son escuchadas en cómo revolucionar el amor entonces la vida retoma un camino distinto con menos jerarquías y menos violencias.

El amor no puede hacerse en silencio, el amor se grita, se disfruta y se vive en igualdad.

 

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

Imagen generada para uso editorial de LCR

 

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