Brenda Quevedo: más cerca de su libertad

por Mag Mantilla

Por Mag Mantilla

La gran noticia de hoy es que Brenda Quevedo Cruz dio un paso crucial hacia la justicia al obtener su libertad condicional. Tras casi dos décadas tras las rejas sin una sentencia definitiva, un juez federal ordenó el retiro del brazalete electrónico, del resguardo domiciliario y de la custodia de la Guardia Nacional. Si bien su proceso penal por el caso Wallace sigue abierto y aún no es absuelta de todo delito, hoy Brenda finalmente camina en libertad, obligada únicamente a firmar de manera mensual y con la prohibición de salir del país mientras se dicta un fallo final.

En la conferencia de prensa El caso Brenda Quevedo: tortura sistémica, en la CDHCDMX, Brenda tomó la palabra y nombró lo que el expediente quiso ocultar: la hipersexualización como forma de tortura. Dijo que su cuerpo fue usado como castigo y que la tortura física, psicológica y sexual no fue un exceso, sino el método para fabricarla culpable por haber sido pareja de uno de los implicados en el caso Wallace.

Desde el análisis teórico feminista, se explica con lo que Kate Millett advirtió en Política Sexual: “el patriarcado no es una suma de actos individuales, es una institución social que politiza el cuerpo de las mujeres y sexualiza el castigo cuando estorban al poder”.

Rita Segato aporta a dicho análisis con su obra Las estructuras elementales de la violencia: “[…] la violación no es un instinto, es un mandato de poder que escribe sobre el cuerpo de las mujeres el disciplinamiento de todas”.

La exhibición, el tocamiento y la negación de atención médica por una hemorragia por miomas por parte del juez Rico Mondragón, hoy suspendido, no son daños colaterales. Son la política sexual y la pedagogía de la crueldad en acción.

Brenda también nombró algo que cimbra: “la sororidad sí existe”. Agradeció a todas las mujeres que la han defendido, empezando por su madre. Su nueva defensa feminista y la Red de Solidaridad y Acompañamiento lograron lo impensable: tres acciones instruidas por la presidenta Claudia Sheinbaum, la revisión por la Consejería Jurídica, la audiencia con la FGR y la revisión del juzgador.

Así sucede la sororidad, como la define Marcela Lagarde en Pacto entre mujeres: no es empatía espontánea, es un pacto político y una categoría de análisis sociológico para entender cómo las mujeres rompemos la enemistad histórica impuesta y devenimos aliadas frente a la opresión. Es ahí donde lo personal se vuelve político y lo político se vuelve colectivo.

¿Por qué esto es imperante para México? Porque Brenda no es la excepción, es un hecho social en el sentido que le da la sociología: la expresión de una estructura. Es el espejo de un país con miles de mujeres privadas de la libertad, donde 7 de cada 10 han vivido violencia sexual como tortura durante su detención, traslado o juicio, y donde la CNDH y la ONU han documentado la fabricación de culpables como práctica sistemática. Como explica Marcela Lagarde en Los cautiverios de las mujeres, el cautiverio no es solo la cárcel, es la condición política de las mujeres en un orden patriarcal. Si un caso tan emblemático y manoseado políticamente como el Wallace se cae por tortura, como ya ocurrió con Juana Hilda González Lomelí liberada por la Corte en 2025, se abre una luz para todas. Ver a Brenda fuera de los muros de la prisión es abrir la puerta para revisar a más cautivas imputadas injustamente y para desmontar esa rancia estructura.

 

Imagen generada para uso editorial de LCR

 

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