Maternidad Feminista

El 8 de marzo del 2018 con motivo del día internacional de la mujer, nos reunimos para salir a marchar un grupo de mujeres en la CDMX; quizá no suena como algo distinto: “otra marcha”, “otro contingente de feministas” pero la relevancia radicaba en que era un espacio formado exclusivamente desde, por y para las mujeres que maternaban, así como para las infancias que con ellas venían

por Crianza Feminista

Por Crianza Feminista

El 8 de marzo del 2018 con motivo del día internacional de la mujer, nos reunimos para salir a marchar un grupo de mujeres en la CDMX; quizá no suena como algo distinto: “otra marcha”, “otro contingente de feministas” pero la relevancia radicaba en que era un espacio formado exclusivamente desde, por y para las mujeres que maternaban, así como para las infancias que con ellas venían.

Sin tener ninguna capacitación previa en organizaciones ciudadanas, formación política, gestión social, sin experiencia anterior en manifestaciones y sin haber planeado esa primera aparición, este grupo de “tiernas mamás” le arrebataron la marcha Nacional a los bloques de los partidos políticos, sindicatos, empresas capitalistas y otros bloques mixtos que hacían mofa de ellas e iban en la avanzada de la marcha, tomando la dirección del cómo se manifestaban y dirigiendo lo que se tenía que gritar, cantando consignas que hablaban del “orgullo de ser la criatura más hermosa de la creación” y no de la indignación y la rabia de vivir en este país misógino, donde el feminicidio es una amenaza constante; en el 2018 ya eran 6 las mujeres asesinadas por día.  Se colocaron en la primera línea de la marcha y mientras gritaban ¡HOY NOS TOCA A LAS MADRES! o ¡FEMINISTAS MATERNANDO Y AL MUNDO TRANSFORMANDO! rebasaban a los demás, cubriendo a sus hijos con sus brazos mientras se abrían paso a empujones y codazos entre el gentío.

Recibiendo ofensas de parte de estos grupos políticos, como: “regrésense a cuidar a sus hijos”, “vayan a cambiar los pañales”, “están exponiendo a los niños” y “están de malas porque tienen hijos” pero nada de eso las detuvo y aun cargando 15 kilos de peso ajeno más al frente de ellas en fulares, mochilas ergonómicas y rebosos, se convirtieron desde entonces en la primera línea y fueron las que abrieron paso cuando los granaderos cerraron el camino en Bellas Artes.

Después de dimes, diretes y uno que otro jaloneo, los granaderos, que no sabían que hacer frente a un grupo de señoras muy enojadas que amamantaban mientras les exigían quitarse del camino, recibieron nuevas instrucciones de sus radios y retrocedieron quitando las vallas, entonces ellas pudieron tomar el rumbo hacia la plancha del Zócalo (que tenía años de no ser pisada un 8 de marzo), vinieron atrás de “las mamás” los bloques de organizaciones autónomas feministas, medios, mujeres independientes y alguna que otra despistada institucional. Se sentaron frente al Palacio Nacional y mostraron sus senos cargados de leche materna, para luego tomar un templete que no gestionaron y desde el cual comenzaron a gritar lo cansadas que estaban. Cansadas del cuidado, del trabajo doméstico no remunerado, de los roles de género establecidos e impuestos sobre sus hijos e hijas (igual que como les toco a ellas), de la falta de seguridad, de la vinculación del crimen organizado con el Estado, de la impunidad, pero sobretodo, ese día decidieron sacar su maternidad de los espacios privados en sus domicilios y posarla colectivamente como un ejercicio político en los espacios públicos a sabiendas de que ahí, frente a la vista de todos, iban a ser juzgadas constantemente por la ciudadanía que había relegado a las madres a vivir encerradas, sin mayor trascendencia que la del cuidado infantil, en la que el sufrimiento provocado por ser mamá es directamente proporcional a lo buena o mala que seas porque LAS MUJERES QUE NO SUFREN LA MATERNIDAD NO SON BUENAS MADRES.

Ese día decidimos renunciar al “aura mística y santificada” que está alrededor de una mujer que se ha convertido en Madre; con la que una vez que se nos cubre, se piensa que vamos a poner en primer lugar y como única y exclusiva prioridad, la vida, seguridad, felicidad y deseos de nuestras hijas e hijos, pasando sobre nuestra propia existencia, por la que tenemos que anular nuestras necesidades, motivos de alegría, tiempo de recreación,  intereses personales y hasta mantenernos en espacios violentos donde nuestra vida corre riesgo, todo por “nuestras hijas e hijos”.

A partir de ese momento y por los últimos 5 años conformamos una colectividad, un cariño tan íntimo derivado de la empatía que sentimos la una por la otra y nos hemos volcado en acompañar a otras mujeres que se encuentran bajo la tortura de la soledad maternal al mismo tiempo que son y somos, víctimas de la normalizada y mortal, violencia de género.

He leído teoría sobre la maternidad desde una perspectiva feminista y no quise redactar una cuartilla que analice o compare lo que diferentes autoras han dicho sobre ella. Más bien he venido a escribir lo que la MATERNIDAD FEMINISTA ES PARA NOSOTRAS, mis compañeras y amigas contemporáneas, en estos tiempos en los que las movilizaciones de mujeres están presentes en las calles y en las paredes de todo el país, mientras seguimos transitando día con día nuestra vida aquí, entre la brecha salarial, las múltiples jornadas laborales, los feminicidios que al menos en este 2023 son 14 por día y con todo este panorama desalentador frente a nosotras, en el que salimos a los parques, esquivando autos  en una ciudad que no tiene espacios pensados para la niñez, a jugar un momento con nuestras hijas e hijos, mientras sus risas nos dispersan momentáneamente de las desigualdades sociales a los que nos enfrentaremos al otro día.

No, no creemos que haya una posibilidad de resignificar la maternidad y que podamos verla solo como un ejercicio puro de amor, la maternidad en nuestro tiempo-espacio sigue estando sujeta a las imposiciones que hay sobre nosotras, únicamente por tener en nuestra cuerpa la potencial capacidad de convertirnos en dadoras de vida. Estas imposiciones son sumamente exigentes y violentas, limitan nuestro libre desarrollo de la personalidad y hasta la convierten en una herramienta para ejercer control sobre nosotras.

Nos convertimos en las incubadoras que gestan y paren a las nuevas generaciones que darán continuidad y hasta perpetuidad al injusto y desleal sistema patriarcal. Nos convertimos en incubadoras no porque así lo decidamos, sino porque el estado nos otorga ese papel y a veces queremos creer que habernos convertido en Madre, fue absoluta y fielmente nuestra decisión, pero aun si así lo fuera, no deja de estar sujeta a la violencia y discriminación que con ella viene.

Desde que ingresamos a nuestra formación académica en pre-escolar (kínder), se nos forma un sentimiento Patriótico por el que tenemos que estar dispuestas a darlo todo, dejo aquí solo una estrofa de las muchas que vienen en el himno Nacional Mexicano, considerado uno de los más hermosos del mundo y con las cuales se nos adoctrina desde nuestros primeros años de vida. Este canto que repetimos días tras día durante más de 15 años ininterrumpidos, pone metafóricamente a LA PATRIA como si fuera LA MADRE de toda la población de un país, entendiéndose esa santidad y honor de la que hablaba antes, introyectando la idea de que “la patria es la Madre y por la Madre, todo”, una idea tan contradictoria en este entorno donde la madre es todo, pero sin garantías de cumplimiento, ni siquiera se puede garantizar su seguridad.

“Más si osare un extraño enemigo

Profanar con su planta tu suelo,

Piensa ¡oh patria querida! Que el cielo

Un soldado en cada hijo te dio”

Esta estrofa nos dice claramente que los niños y las niñas que nosotras gestamos con las dificultades que podamos enfrentar física y socialmente, serán utilizados como las reservas armadas para la defensa de nuestra Nación, al mismo tiempo que la Nación no puede garantizar el cumplimiento de los Derechos fundamentales de nuestras infancias.

México se ha convertido en el primer país a nivel mundial en producir y distribuir pornografía infantil; se han descubierto redes de trata de parte de personajes con cargos de representación pública y sabemos que, en al menos 5 estados del país, dentro de la SEP opera una red de pedofilia.

Hemos de claudicar a la indicación que nos ha hecho la Patria de darle descendencia; nosotras no parimos hijos e hijas para que carguen fusiles y les apunten por instrucciones de personas con poder (personas que jamás tendrán la necesidad de manchar sus narices con pólvora caliente) a los hijos de otras mujeres que con la misma angustia que nosotras, los esperan en sus casas.

Sabemos que esta afirmación nos hará ganar el desprecio social, nosotras no queremos hacer nada por la Patria que ni es una madre, ni la mujer que nos han hecho creer.  No queremos hacer nada por un Estado que no garantiza nuestro acceso a una vida digna, ni le garantiza justicia a una madre que acaba de enterrar a su hija asesinada de 12 años. También sabemos que la única justicia que puede otorgar un estado de Derecho patriarcal, dista mucho de la reparación y dignidad que merecen las víctimas.

He de precisar que si la pregunta fuese ¿qué es la maternidad feminista?, la respuesta sería:

Es lo que cada Madre desea hacer de y con su maternidad una vez que ella se ha reconocido como una persona autónoma con prioridades distintas a las que vienen del cuidado de las infancias. Que busca el camino para desarrollar estrategias de cuidado colectivo, de economía solidaria, que abandona los juicios hacia otras mujeres y tampoco la frenan los juicios que hacen en su contra. Que comprende que la competencia de sufrimiento y abnegación por ser la mejor mamá es innecesaria y cruel.

La maternidad feminista es cada una de las imposiciones a las que cada madre renuncia mientras se reconoce mujer y el cómo afronta estos procesos, incluso cuando decide no gestar.

Maniobrar la crianza de las infancias mientras asumimos y reconocemos que es un ejercicio político en el que tomamos diferentes posturas como el separatismo o la lesbiandad nos deja en el limbo del feminismo, muy liberal para ser radicales y muy radicales para ser liberales, las madres no entramos de un lado ni del otro. No somos tibias por haber decidido maternar ni por amar a nuestras hijas e hijos. Las Madres tenemos que seguir construyendo estos puentes entre la teoría y el ejercicio de la gestación y el cuidado que no dejaran de ser opresiones mientras la asimetría sexual y de género no se erradique.

La Crianza es Revolución

Crianza Feminista AC

Loading

Comenta con Facebook

También te podría interesar

Ir al contenido