Mujeres que impulsan el desarme: liderazgo, evidencia y transformación en América Latina y el Caribe

¿por qué mujeres y desarme? Porque la región atraviesa una crisis armada donde la violencia, los mercados ilícitos y la fragilidad institucional requieren enfoques capaces de leer simultáneamente los territorios, las desigualdades y los cambios en el poder armado

por La Costilla Rota

LaCostillaRota. 08 de diciembre, 2025.- El Simposio Regional Mujeres, Fuerza de Cambio organizado por UNLIREC para conmemorar los quince años de la Resolución 65/69 reunió en Lima a mujeres de toda la región que llevan años produciendo conocimiento y liderando acciones en seguridad, desarme y control de armas. Para Amassuru, este encuentro representó un espacio clave de reconocimiento mutuo: un lugar donde se hicieron visibles tanto las trayectorias consolidadas de integrantes que ya han sido destacadas en las ediciones de Fuerzas de Cambio como las nuevas voces y perspectivas que están renovando el debate sobre armas en América Latina. En ese marco, aprovechamos la ocasión para distribuir la nueva edición del boletín Armas & Género, una coproducción de GENSAC, Amassuru y SEHLAC que complementa estas discusiones con datos y análisis recientes.

La pregunta central del simposio no fue retórica: ¿por qué mujeres y desarme? Porque la región atraviesa una crisis armada donde la violencia, los mercados ilícitos y la fragilidad institucional requieren enfoques capaces de leer simultáneamente los territorios, las desigualdades y los cambios en el poder armado. Las mujeres que investigan tráfico de armas, que analizan homicidios, que trabajan en fronteras, que estudian las economías ilegales o que acompañan a comunidades afectadas han demostrado que su aporte no es complementario: es estructural. Aportan datos, metodologías, diagnósticos y sensibilidades que durante décadas quedaron fuera de los enfoques tradicionales.

En el simposio participaron tres integrantes activas de Amassuru —Carina Solmirano, Carla Álvarez y Katherine Aguirre— junto a otras ocho participantes de toda la región, mostrando la fuerza colectiva del liderazgo femenino en seguridad y control de armas. Carina Solmirano, primera mujer en dirigir el Secretariado del Tratado sobre el Comercio de Armas, destacó cómo la diversidad mejora la evaluación de riesgos y la toma de decisiones, recordando que “las mujeres no llegamos a adornar la mesa, sino a transformarla”. En el panel siguiente, Carla Álvarez expuso cómo el desmantelamiento institucional en Ecuador impulsó una escalada de violencia armada sin precedentes. Finalmente, Katherine Aguirre (representando también a GENSAC, Gender Equality Network for Small Arms Control) y con participación en el conversatorio sobre militarización e igualdad de género, subrayando la necesidad de incorporar miradas feministas en el control de armas y evidenciando que estas agendas aún reproducen estructuras patriarcales que limitan voces fundamentales.

El simposio también permitió reconocer el trabajo de iniciativas como GENSAC, que han contribuido a integrar el análisis de género en la técnica del control de armas, a desarrollar herramientas aplicadas y a sostener procesos de formación en distintos países de la región. Sus aportes complementan los de Amassuru, mostrando que el desarme efectivo requiere evidencia sólida, lectura de contexto y participación significativa de mujeres en los niveles donde se toman decisiones.

En un momento en que América Latina enfrenta mercados ilícitos más sofisticados y una violencia armada en constante mutación, postergar la participación plena de las mujeres no es solo injusto: es ineficiente. La región no necesita mesas más diversas por cortesía; las necesita porque producen mejores resultados. Y este encuentro en Lima dejó claro que ese proceso ya está en curso.

 

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