#Amassuru #MujeresEnSeguridad
Por Danna Urdaneta
@edicionesdanna
El trasfondo ideológico de los análisis sobre las zonas binacionales entre Colombia y Venezuela es una pelea doctrinaria de machos. Despatriarcalizar este debate implica priorizar las afectaciones de las mujeres en todas las instancias de cooperación y toma de decisiones, así como su participación cualitativa y paritaria. El oportunismo electoral del lado colombiano se acelera en vista de que el expresidente Álvaro Uribe Vélez fue condenado a 12 años en primera instancia en el juicio con Iván Cepeda Castro por fraude procesal y soborno de testigos.
El centralismo sostiene el sistema patriarcal cuando abandona a las mujeres, sean ellas indígenas, campesinas, rurales, populares, víctimas, algunas de ellas militantes y combatientes de organizaciones políticas alzadas en armas, algunas otras integrantes de mafias y organizaciones paramilitares.
La oportunidad en las zonas binacionales
El Memorándum de entendimiento sobre la Zona de Paz, Unión y Desarrollo Binacional (Zona Económica Especial Binacional) despierta los fantasmas sobre la pérdida del territorio del lado venezolano y refresca el discurso contrainsurgente del lado colombiano, por ejemplo, la amenaza del candidato presidencial Abelardo de la Espriella en W Radio Colombia con destripar a la izquierda en un país que ha destripado, masacrado, descuartizado y creado manuales de tortura paramilitar, un país donde el niño ambientalista Francisco Vera tuvo que exiliarse por amenazas constantes contra su liderazgo.
Organizar los elementos de discusión al respecto implica entender a ambas idiosincrasias políticas y la cerrazón venezolana, con y sin Nicolás Maduro, respecto a acuerdos que impliquen a la frontera con Colombia. Cerrazón, postergación, falta de definición y priorización de todos los territorios con la excusa de que no son representativos electoralmente.
La creación de las zonas binacionales permite hablar de los cien años de soledad venezolanos en la frontera; del abandono y la violencia estructural, racista, aporofóbica y patriarcal velada; e integrar todos los sectores y las perspectivas de integración, sus críticas llenas de legítimas preocupaciones, propuestas y demandas.
Un debate actualizado con las perspectivas y demandas sociales implica no solamente un enfoque feminista (que priorice el bienestar de todas las mujeres fronterizas sin distingo de clase, etnia o ideología), sino también un enfoque de integración colombo-venezolano (que obligue a los Estados a garantizar los derechos humanos y fundamentales de las comunidades fronterizas) y un enfoque de solución política (para erradicar las causas estructurales de las crisis humanitarias fronterizas y que combatientes de insurgencias, paramilitares, integrantes de mafias locales o transnacionales tengan la oportunidad de soñar una vida diferente).
Lecciones de la paz total para las zonas binacionales
El proceso de paz con el ELN estableció un nuevo estándar en los procesos de paz:
- El Comité Nacional de Participación y la participación de la sociedad en la construcción de la paz como primer punto de la agenda.
- La paridad en las delegaciones de las partes en la Mesa de Diálogos.
- El liderazgo de la primera mujer en la historia de Colombia que es jefa de una delegación de paz, Vera Grabe.
- La incorporación del contradictor político, José Félix Lafourie, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos e integrante del partido Centro Democrático, en la delegación de paz del Gobierno colombiano.
El proceso sobre las zonas binacionales hoy implica mantener este estándar, adaptarlo y superarlo. Por ejemplo, que cuenten con la participación de la sociedad organizada (poder popular, campesinos, indígenas, afro, cocaleros, víctimas, firmantes de paz, empresariado y más) en la construcción de los acuerdos, así como en su veeduría. Que sean dos mujeres feministas expertas en fronteras con equipos paritarios quienes lideren desde las cancillerías o presidencias la creación de estas zonas. Que sean incorporados en los equipos a contradictoras políticas que tengan vocación de construcción de acuerdos.
Para ello también es indispensable reconocer que de parte de quienes denuncian en las zonas binacionales el sueño fariano (en realidad, el sueño de la integración bolivariana), o de parte de quienes denuncian que este territorio será entregado al ELN y las FARC, también hay trayectorias y experiencias legítimas que deben ser incorporadas, no ignoradas.
La soberanía no se ejerce solo con los fusiles
Existe una preocupación legítima en Colombia, amplificada y distorsionada en los medios de comunicación, sobre la cesión de la soberanía. En el artículo 10 del memorándum dice sobre el estatus legal que: “no crea obligaciones vinculantes entre las partes en virtud del derecho internacional o nacional”. Sin embargo, un diálogo amplio, profundo, de altura, donde todas las propuestas sean analizadas e integradas, es el punto de partida para el enfoque de solución política indispensable que las haga viables.
Personalmente, pienso que la Decisión 501 reúne las cualidades de priorización del bienestar de las comunidades como parte de una cultura de paz. Además, en su artículo 2 establece que “Los Países Miembros de la Comunidad Andina podrán establecer, mediante los mecanismos bilaterales que convengan, Zonas de Integración Fronteriza (ZIF) entre sí y, de considerarlo conveniente, con terceros países”, tomando en cuenta que Venezuela se retiró de la CAN. En la ponencia “La ZIF del Catatumbo, una solución política vista desde Venezuela” presentada en la Universidad Central de Venezuela, propuse que las políticas territoriales acordadas en las Mesas de Diálogo con actores armados fronterizos pueden articularse a una ZIF.
La frontera colombo-venezolana no va a dejar de ser una Zona Temporalmente Autónoma (categoría de Hakim Bey). La política de abandono se ha justificado con la existencia de actores armados colombianos, venezolanos y colombo-venezolanos. Esto es estigmatizante contra las poblaciones fronterizas y se constituye como violencia estructural porque borra los planes de vida, las luchas y resistencias étnicas, ambientales, de derechos humanos y paz de las fronteras.
Erradicar la pobreza en la frontera y no más guerra
Equivocadamente, Misión Verdad considera que la generación de empleo en la frontera atacaría las raíces materiales de la violencia. Es decir, como si Manuel Marulanda de las FARC-EP, el cura español Manuel Pérez del ELN, exparamilitares como Salvatore Mancuso, el Ejército Gaitanista de Colombia (la organización armada ilegal más grande del país), o el mismo Tren de Aragua, existieron y existen porque no tenían empleos dignos.
La erradicación de la pobreza y del hambre en la frontera contribuiría a mejorar la calidad de vida en la población, pero, como dije en el informe para la Fundación Paz & Reconciliación, solo con la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC-EP y del Pacto Social por la Transformación Territorial del Catatumbo será posible iniciar el largo proceso de erradicar las causas estructurales de la violencia.
Aparte de los mencionados, un sinfín de bandas criminales son parte de las dinámicas fronterizas, pero estas no son la excusa para dejar sin transporte escolar a más de 800 niñas, niños y adolescentes de La Gabarra en el municipio Tibú del Catatumbo por falta de presupuesto.
Este abandono es el que empuja a adolescentes y jóvenes a vincularse a organizaciones armadas, para las cuales el Estado sí tendrá presupuesto para combatirlos y perseguirlos durante cien años de soledad colombo-venezolanos, hasta que después de decenas de miles de muertos de ambos lados se sienten en una Mesa de Diálogos en un nuevo ciclo de violencias genocidas, criminales y de resistencias.
La opinión de las autoras no compromete la posición institucional de Amassuru
Foto Captura de Pantalla desde Google Maps. Composición de Imagen por LCR
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AMASSURU MUJERES EN SEGURIDAD
Somos una red de mujeres que trabajan temas de Seguridad y Defensa en América Latina y el Caribe (ALC), creada para promover el trabajo de las mujeres en el área, además de facilitar la visibilidad y los espacios de discusión en la región. Juntas, somos mucho más poderosas, por eso creemos que es central crear una red entre nosotras, en un área como la de seguridad, en la cual hemos sido segregadas históricamente. Somos una red independiente y apartidaria de mujeres que trabajamos en diversas áreas, incluyendo la investigación, la docencia, el trabajo directo en políticas públicas y prevención, el periodismo, las ONGs, los gobiernos nacionales y locales, así como en organizaciones internacionales y la academia, entre otras áreas. La red de Amassuru está enfocada en la seguridad en el sentido amplio, englobando temáticas de seguridad ciudadana, seguridad humana, seguridad internacional y justicia.
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