Por Nayeli de Ita
El día seis de junio es la fecha del aniversario en el que tuve que salir del patrimonio que construí durante diez años al lado del padre de mis hijos; al mismo tiempo que él me juraba que jamás me haría daño, hizo toda una estrategia de intimidación y aislamiento para que nuestros hijos y yo tuviéramos que salir y dejarle todo por nuestra sobrevivencia. De ese modo, el cubriría el despojo patrimonial haciendo ver que «yo me fui sola» sin mencionar el terror que nos hizo pasar a todos quienes vivíamos en esa casa a la que él tenía acceso cuando él quería.
Este intento de poema no cumple la prosa adecuada, ni la retórica o sintaxis que sabemos debe de tener, fue escrito con las emociones emanadas de todo lo que yo estaba atravesando durante mi periodo de aislamiento en un refugio gubernamental para mujeres víctimas de violencia mortal, como yo:
D E C L A R A C I Ó N
Frente al espejo del baño,
entre el azulejo azul y el aluminio dorado,
en la habitación del fondo,
la que da miedo
donde rebota el eco de las quejas
y da frío la soledad.
Número trece
Donde escondo mi hastío
el fastidio de estar aquí,
la vergüenza de asentir,
el miedo de ser vista.
Frente al espejo, decía
De pie.
Los ojos vacíos
la boca seca
las manos arrugadas
mi abdomen colgando
el cabello sin brillo
las uñas sin color
mi cara larga.
Aquí nadie huele a nada
afuera creíamos que sí.
La sal en las mejillas
adereza la comida.
unas veces mía,
unas cuantas mas de otras,
con pimienta
y un solo sobre de manzanilla
para colorear 5 litros
de agua caliente sin azúcar.
Por la ventana del pasillo
mi reflejo pasa unas 15 veces al día
con un pantalón blanco
una blusa roja,
zapatos cafés,
papel mojado en las manos
y un peritaje psicológico más.
Hasta los barandales saben
lo que me ha pasado
y lo que le ha pasado a Elsa,
nos han escuchado tantas veces
contar entre una y otra la misma historia,
donde tomamos una bolsa de ropa
y salimos corriendo.
Un par salieron desnudas
atravesaron el campo
unas con lluvia
otras con sol,
descalzas,
la sangre seca sobre su rostro.
Ellos nos amaban
nos lo dijeron bien antes de asfixiarnos,
y también mientras lo hacían
no dejaban de repetir que éramos lo mejor de sus vidas.
La alfombra de las escaleras
absorbió el llanto de Ofelia
cuando la vi llorando frente a la reja igual que yo,
viendo a lo lejos el volcán.
Extrañando a sus hijos
sobando los golpes en su espalda
arrastrando su pierna
esperando sanar.
En el reflejo, frente a la cámara que transmite
sin importarme ya nada,
saco mis pezones,
acaricio mi tatuaje
recorro y estudio con detenimiento mis senos,
los que apretabas con tus largos dedos
cuando estaba sobre de ti,
que de un momento a otro
son los mismos donde hundiste tu puño cerrado.
Y hoy que he recreado una narración
y recordé hasta tu temperatura
y tu pinche olor,
mis manos ya no los rondan
pensando en ti.
Te atrevías a invadir mi cuerpo
mientras dormía
triste o lastimada
decías que me haría bien,
que «eso» siempre me iba bien
aunque estuviera en el piso pidiendo auxilio
y gritara que no quería tus dedos dentro de mí.
NO PARABAS y yo nunca pude detenerte.
No deseo que me mires
ni que me huelas
ni que me tientes
ni hallar tu sabor en mi boca
ni que aunque yo no quiera
de insistente forma me penetres.
He cerrado mis muslos
a tu falo mundano
Mis ríos ya no fluirán
hacia tu mar.
No bailarán mis caderas
sobre las tuyas
nunca más.
Te niego el hospedaje
en mi vientre bendito
que fue tanto tiempo
tu boleto de estancia,
el salón de descanso
cuando no había otro a donde llegar,
maligno, ingrato y despreciable inquilino.
Nunca más tu arma
me apuntara por la espalda
en un callejón
frente a tu madre.
Nunca más repetirás conmigo
lo que viste que tu padre
hacía con ustedes,
el eslabón al que decidiste darle continuidad.
Y si sucede
(porque eres cobarde)
no quedarás sin consecuencias.
Tu no eres grande
ni poderoso
ni invencible
ni glorioso.
Penoso espécimen de tu especie
bestia torpe y arrogante.
La calle no te quiere cuando portas uniforme
y el uniforme te va bien porque eres repugnante.
Esta tarde he llegado de la fiscalía
a exigir la justicia en la que nunca creí
al estado del Derecho que reconozco INJUSTO
en el que mi madre me parió.
Me han explicado todo,
Y en el escritorio de un ministerio público te ví desnudo.
«Es un psicópata»
Y Todo tuvo sentido:
La triangulación
La manipulación
El maltrato y luego el falso cuidado.
Disfrutabas llevarme al límite,
Dónde todo era peligroso y explosivo
Porque ese era tu territorio conocido.
Me hiciste creer que tú y yo éramos iguales
Y por eso nos necesitábamos.
Me llenaste de mentiras
Desaparecías por semanas
Volvías cómo si nada
Iniciabas discusiones frente a nuestros hijos
Tu querías que todos notarán lo errada que yo estaba
Lo impulsiva que era
Lo dramática.
Decías que no entendías porque tenía miedo en las noches
Aunque ahí era cuando me atacabas
y tú lo sabías.
He llegado rota pero con claridad.
Me ha abrazado Yan que sabe lo mío
y he abrazado a May de quien se lo suyo.
Los niños lloran
extrañan sus juguetes
los bebés incómodos
extrañan sus colchones.
Nosotras no dejamos de repetir
que fuimos tontas e ingenuas
y nos castigamos con palabras
porque el pecho está abierto,
pero le decimos valiente
a la mujer de al lado
porque solo nosotras sabemos
lo que costó soltar y salir sin nada más que la vida.
La campana de las 8 ha sonado
Dani preparó la cena.
La marcha de siempre
una detrás de la otra
hasta llegar al comedor
al menos 5 veces al día.
Y con los ojos hinchados
cruzamos miradas,
nos sonreímos
y decimos algún chiste local,
Ana le carga el bebé a Zel
y todas le sonreímos a Rosa
como si la cicatriz de su cara
fuera invisible
y tratamos colectivamente
de que el impacto de las puntadas desaparezca
queremos que esa marca no la defina,
deseamos que ella sea libre,
igual que su agresor cuando la fiscalía lo liberó
a pesar de que ella, su bebé,
su suegra y su cuñado casi mueren por las heridas
que él les causó.
Libre,
igual que todos los demás.
Ellos son libres,
como nosotras NO.
Nosotras Estamos encerradas
por «nuestra seguridad»,
esa es la forma en la que el estado
garantiza nuestra protección.
Dejando libres a los agresores
durante la investigación
nosotras lo perdemos todo
al ingresar aquí,
la universidad, el trabajo,
nuestra familia, la vivienda,
sin que eso signifique
que habrá una restauración.
A las 10 pm
estamos terminando de limpiar la cocina
la radio es el único contacto con el exterior
estamos bailando juntas
mientras administramos
los puños de jabón que tenemos disponible.
Y una cumbia que conocimos afuera
encandila la risa
y las diferencias por la diversidad
entre nosotras desaparecen.
Una vez que apagamos la luz
subimos al salón.
Nos han permitido escuchar 2 canciones
regularmente son 4,
y eso significa que hay más mujeres
de las que había el mes pasado.
Ofelia bailó «princesa tibetana»
como si no hubiera pasado 30 años
al lado de quien opacaba sus pasos.
Socorro pide un corrido,
uno que le recuerda a él,
y nos explica que se ha casado
en el pueblo desde los 14 años.
Xim perrea en el piso
y todas nos reímos,
con sus 17 años
es la más irreverente y cordial.
Y hasta el final del salón,
fuera del centro de la sala,
donde estaba la luz apagada
y saliendo de la visión de las demás
me encontraba yo
esperando mi canción.
En volumen bajito,
empieza Horses de Patti Smith.
La recibo con los ojos cerrados
los brazos extendidos
la boca abierta
con los dedos entre mi cabello
despeinandome más
dando vueltas descalza
saltando lo más alto
gateando
arrancándome la ropa
maullando mientras camino en puntas
lamiendo mis puños
mordiendo mis brazos
y arrastrando la cintura sobre mis talones
en cuclillas mientras jadeo al ritmo conocido.
Sin nada más que perder
sin nada más que esconder
sin nada en mis bolsillos
solo con la vida drenando por mis ojos.
9:35 minutos se me fueron
en un parpadeo,
tan rápido como los diez años
que duré raptada
y al abrir los ojos
sudando y temblando,
igual que muchas madrugadas
noté las miradas de las demás
sobre los mismos senos
que en la tarde analice
despues de declarar.
El silencio sepulcral
se había clavado en la sala
y ninguna se atrevió a hablar
hasta que limpiamos las lágrimas
que estaban en los labios
y se prendió nuevamente la luz
sin que nadie pudiera comentar nada.
Pero estoy segura que en el aire estaba la pregunta:
¿Qué clase de estúpido busca desaparecer la belleza que le adorna la existencia?
Y ahí permanecimos juntas,
el tiempo que debíamos estar.
para poder seguir estando donde fuera.
Nayeli de Ita
Para todas las mujeres e infancias que han habitado un refugio.
Para todas las mujeres que creen que nunca van a poder salir de la oscuridad.
Para la red de mujeres que me aman.
Para mis hijos e hija por ser quienes me han acompañado en la cotidianidad del cambio
![]()
