LaCostillaRota. 26 de marzo, 2026.- El pasado miércoles, Sarah Mullally, ex enfermera oncológica nacida en Londres, se convirtió en la primera mujer Arzobispa de Canterbury, y líder mundial de la Iglesia Anglicana.
La trayectoria de Sarah Mullally rompe con los moldes tradicionales de la jerarquía eclesiástica. Antes de portar la mitra como Obispa de Londres —la primera mujer en la historia en ocupar este cargo de alto nivel—, su vocación se forjó en las salas de hospitales y unidades de cuidados intensivos. Esta experiencia como ex Directora de Enfermería de Inglaterra (Chief Nursing Officer) no solo define su estilo pastoral, sino que se ha convertido en su principal credencial para influir en la vida pública del Reino Unido.
Nacida en 1962, Mullally dedicó décadas al sector salud, una formación que le otorgó una visión pragmática y un profundo entendimiento de las crisis sociales. Al asumir la sede de Londres en 2018, se consolidó como la mujer de mayor rango en la Iglesia de Inglaterra, posicionándose en la línea de sucesión inmediata tras los arzobispos de Canterbury y York.
Más allá del púlpito, el nombramiento de Mullally conlleva una responsabilidad política de primer orden: su escaño automático como una de los Lores Espirituales en la Cámara de los Lores. En este espacio, la obispa ha sabido capitalizar su pasado clínico para incidir en la creación de leyes británicas.
Desde su posición parlamentaria, Mullally ha sido una defensora constante de la ética en la salud pública, el bienestar de los trabajadores sanitarios y el fortalecimiento del sistema de cuidados. Su capacidad para traducir las necesidades de los más vulnerables en argumentos legislativos le ha permitido tender puentes entre la fe y la política pública, demostrando que el liderazgo espiritual en el siglo XXI requiere de una sólida conexión con la realidad técnica y científica.
Su ascenso no ha estado exento de desafíos dentro de una institución que aprobó la ordenación de mujeres obispas apenas en 2014. La diócesis de Londres es un mosaico complejo donde coexisten facciones conservadoras que aún cuestionan la autoridad sacramental femenina. Ante esto, Mullally ha implementado un «liderazgo colaborativo», priorizando el servicio social y la unidad por encima de la confrontación teológica.
Durante la crisis sanitaria del COVID-19, su perfil técnico fue vital para la nación. Lideró el grupo de recuperación de la Iglesia, equilibrando con rigor las necesidades espirituales de los fieles con las directrices de salud pública.
Casada y madre de dos hijos, Sarah Mullally representa a una nueva generación de clérigos que entienden que la relevancia de la Iglesia depende de su capacidad para reflejar a la sociedad que sirve. Su vida es un testimonio de cómo las competencias de una profesión laica —la enfermería— pueden dignificar y modernizar el ejercicio de la política y la religión en una de las ciudades más diversas del mundo.
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