Amamantar en tiempos de guerra

por Gabriela Mayorga

Por Gabriela Mayorga

 

¿Te has preguntado cómo hace una madre para alimentar a su bebé en medio de una guerra?
En Gaza, muchas mujeres intentan amamantar sin comida, sin agua, sin descanso… y rodeadas de miedo. La lactancia, que debería ser un acto de amor y cuidado, se convierte en una lucha diaria contra el hambre, el estrés y el desamparo. Esto también es parte de la guerra, aunque pocas veces se muestra.

Del 01 al 07 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, un proceso bellísimo, pero altamente retador, por ejemplo sabías que el cuerpo humano consume 25% de la energía en producir leche materna en comparación el cerebro solo usa 20%.

Además, las dificultades que se pueden enfrentar son físicas y emocionales, algunos de los retos son dolor en los senos, grietas en los pezones, obstrucción de los conductos lácteo, mastitis (infección mamaria), baja producción de leche, problemas con el agarre del bebé, y desafíos emocionales como ansiedad o depresión postparto y no hay que olvidarlos de las perlas de leche, que personalmente fueron mi mayor reto, otros problemas pueden ser las mordeduras del bebé, o alergias e intolerancias a las proteínas de la leche de vaca en el bebé. Además, todo esto ocurre mientras estás cuidando a un recién nacido.

Te imaginas cómo se intensifica si además ocurre dentro de una guerra; este escenario es la realidad de muchas mujeres en la Franja de Gaza. Según la OMS una mujer que amamanta necesita 2,300 y 2,500 calorías extra por la lactancia, sin embargo de acuerdo con el panel de expertos de la Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria en Fases (IPC), los bloqueos israelíes, la falta de ayuda humanitaria y de un sistema sanitario han favorecido el recrudecimiento del hambre.

De acuerdo con la Comunidad Palestina de Chile en Gaza una mujer que da pecho necesita consumir entre 2,7 y 3 litros de agua, en Gaza la población accede a 1 litro de agua al día por persona. ¿Será opción de la fórmula? Un bebe recién nacido puede tomar entre 600 y 800 ml por día, distribuidos en varias tomas, pero para preparar entre 500-800 ml de fórmula se requiere un litro de agua, la sobrevivencia de los bebés se vuelve desafiante.

Ahora en la parte emocional o mental, hay un dicho que dice  “se me corto la leche” y se usa cuándo una mujer deja de producir leche o disminuye su producción, esto puede ser debido a factores como el estrés, problemas de agarre del bebé, o condiciones médicas de la madre, te imaginas vivir continuamente estrés crónico, miedo constante, pérdidas personales y la exposición a violencia, eso puede generar que el cuerpo entre en un estado de “alerta” que interfiere con la subida de la leche y el reflejo de eyección.

Otro factor de riesgo en está zona  puede ser la separación forzada de las mamás de sus bebés, al estar en bombardeos constantes situaciones de evacuación o colapsos de infraestructura, algunas madres pueden verse separadas de sus hijos, interrumpiendo la lactancia.

Cuando una madre no puede alimentar a su hijo porque está huyendo, porque no tiene qué comer o porque vive bajo bombardeos, hablamos de algo más que una crisis. Estamos viendo cómo la violencia descompone la base de cualquier sociedad: el cuidado y la posibilidad de vivir con dignidad.

Ignorarlo es normalizarlo.

Y normalizarlo, es permitir que siga ocurriendo

#freepalestine

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

Imagen creada con IA por LCR

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