Hollywood y las mujeres. Entre premios, estigmas y revelaciones

Por Paloma Barraza Cárdenas

Los Premios de la Academia 2025 dejaron a todo mundo boquiabierto: Mikey Madison, la estrella revelación de Anora, se llevó el Óscar a Mejor Actriz. Con ello, venció a la experimentada y ampliamente celebrada Demi Moore, quien era la favorita por su interpretación visceral y disruptiva en La Sustancia. El resultado sacudió a la industria y desató un intenso debate sobre la naturaleza de ambas actuaciones, las películas en sí y lo que este desenlace devela sobre la relación de Hollywood con las mujeres, especialmente las actrices mayores de 50 años. Mientras Anora es un drama potente y emotivo sobre una trabajadora sexual atrapada en las estructuras patriarcales de poder, La Sustancia es un filme de terror corporal orientado a exponer la obsesión de la industria del entretenimiento por la juventud, la belleza y el control de los cuerpos de las mujeres. Que estas dos películas fueran enfrentadas en la misma contienda no fue casualidad; sus narrativas reflejan un discurso cultural más amplio sobre el género, el poder y qué historias se consideran dignas de reconocimiento.

Anora, dirigida por Sean Baker, es una película profundamente humanista, la cual cuenta la historia de Ani, una joven trabajadora sexual de Brooklyn, quien se enamora de Ivan, el hijo de un oligarca ruso. Una historia de Cenicienta reinventada bajo luces fluorescentes, encaminada a subvertir la narrativa tradicional. Lo que comienza como una relación transaccional, se convierte en algo mucho más complejo y desafía las expectativas de la audiencia sobre el amor, la autonomía y la supervivencia en un mundo donde constantemente se explota a las mujeres y se devalúa su independencia.

Por otro lado, La Sustancia, de Coralie Fargeat, utiliza una aproximación completamente distinta, pero igualmente fuerte, en una narrativa con aspiraciones feministas. La película de terror corporal sigue a una mujer, interpretada por Demi Moore, quien se somete a un procedimiento experimental que le permite dividirse en una versión más joven de sí misma. El filme es una crítica mordaz a la obsesión de Hollywood con la juventud, la mercantilización de los cuerpos de las mujeres y la manera de la industria de desechar a las actrices mayores. La interpretación de Moore es valiente: encarna tanto el horror como la tragedia de una mujer en su lucha por existir dentro de un sistema diseñado para borrar a las mujeres cuando llegan a cierta edad.

A diferencia de Anora, la cual presenta una visión de la agencia de las mujeres dentro de los límites patriarcales desde la mirada de un hombre cishetero, La Sustancia es un proyecto profundamente personal de Fargeat, la única mujer nominada en categorías principales en los Óscar de este año. Su película cuestiona el sistema y pretende desmontarlo activamente con una perspectiva característica de una cineasta mujer. El hecho de que su trabajo haya sido puesto en competencia directa con el de Baker—y que al final haya sido opacado—habla mucho de cuáles voces siguen dominando la industria.

Parte de lo que hizo Anora tan atractiva fue su intensidad emocional. Madison tuvo la oportunidad de recorrer un amplio espectro de emociones: reír, llorar, bailar, enamorarse, frustrarse y sufrir. Fue el tipo de actuación que permite al público -y a las personas votantes de la Academia- sentirse conmovidos y experimentar catarsis. Por contraste, la actuación de Moore en La Sustancia representó un reto completamente diferente: fue aterradora, vulnerable, furiosa y grotesca en distintos niveles. El viaje de su personaje incomoda y obliga a la audiencia a enfrentarse a verdades silenciosas sobre la sociedad actual.

La derrota de Demi Moore es especialmente significativa si se analiza bajo el prisma del ageism o la discriminación por edad en Hollywood. Las actrices mayores de 50 años rara vez reciben papeles complejos y, cuando lo logran, el camino hacia el reconocimiento está lleno de espinas. Pensemos en la trayectoria de Moore: una célebre actriz, quien alguna vez estuvo en la cima de Hollywood, relegada paulatinamente a un segundo plano conforme envejecía. La Sustancia representaba su regreso, una reivindicación en una industria que por años ha intentado suprimir a mujeres como ella.

Pero el reconocimiento en Hollywood no sólo tiene que ver con el mérito. Es una cuestión de poder y de cuáles narrativas se quieren impulsar. Mientras La Sustancia ofrece una crítica despiadada sobre cómo la industria desecha a las mujeres, Anora, aunque también critica a las estructuras patriarcales, lo hace de una manera que logra encajar mucho mejor dentro de las narrativas tradicionales del Óscar. La Academia tiene un largo historial de premiar relatos sobre el sufrimiento de las mujeres, siempre y cuando estén enmarcadas dentro de ciertos límites. ¿Una mujer joven y hermosa luchando contra un sistema opresivo? Eso es un éxito asegurado. ¿Una película cuya premisa expone directamente la forma en que Hollywood destruye a las mujeres mayores? Eso es más difícil de vender.

No obstante, esto no significa que la victoria de Madison haya sido inmerecida. Su interpretación en Anora es impresionante, una cátedra de profundidad emocional y autenticidad. Pero ignorar la óptica de la derrota de Moore sería, desde mi perspectiva, ingenuo. La Academia tenía la oportunidad de enviar un contundente mensaje sobre la importancia de las actrices mayores en roles protagónicos. En cambio, reforzó un patrón que ya conocemos demasiado bien: la juventud gana.

Esto tampoco quiere decir que las líneas argumentativas de ambas películas no sean problemáticas desde la mirada feminista, al contrario, hay mucha tela de donde cortar para el cuestionamiento y la reflexión. Pero me interesa en este momento resaltar lo siguiente: uno de los aspectos más frustrantes de esta pérdida es que Hollywood ama una historia de “regreso triunfal”, pero nada más cuando le conviene. Los actores hombres en sus cincuentas y sesentas con frecuencia reciben el fastuoso trato del “renacimiento profesional”, celebrados por su regreso a roles serios. Ejemplos como Brendan Fraser con The Whale o en el llamado “McConaissance” de Matthew McConaughey. Pero cuando se trata de actrices, la industria es mucho menos generosa. Incluso cuando entregan las mejores actuaciones de sus carreras, como creo que Moore lo hizo, a menudo son menospreciadas en favor de figuras más jóvenes.

El triunfo de Madison también pone de manifiesto otra tendencia en la industria: la constante elevación de jóvenes actrices en ascenso sobre sus contrapartes experimentadas. Hollywood se nutre de descubrir y coronar a “la nueva gran estrella”, especialmente cuando se trata de mujeres. Esta obsesión con la juventud no es únicamente una cuestión de estándares de belleza, es una cuestión de control. Las actrices jóvenes son maleables, más fáciles de mercadear, más fáciles de moldear en íconos aprobados por la industria. Las actrices mayores, especialmente quienes han luchado por su espacio y se rehúsan a conformarse, son más difíciles de encasillar.

Los Óscar han sido durante mucho tiempo un campo de batalla para el discurso cultural, y la carrera de Mejor Actriz de este año no fue la excepción. La victoria de Madison fue un triunfo para el talento joven, para las nuevas voces que cuentan historias poderosas. Pero la derrota de Moore fue una muestra de lo arraigados de los prejuicios de Hollywood. Fue una prueba de los obstáculos enfrentados por las actrices mayores y de cómo las narrativas de las mujeres se moldean, se premian y, en ocasiones, se desestiman sutilmente.

En última instancia, la noche de los Óscar no se trató de dos actuaciones. Se trató de las implicaciones más amplias de las historias que celebramos y por qué. Si hay algo que La Sustancia nos enseña es que la obsesión de Hollywood con la juventud es un cuento de horror en sí mismo. Y si algo demuestra Anora, es que las historias sobre las luchas de las mujeres todavía nos cautivan, si y sólo si, siguen las reglas no escritas de la industria.

Si La Sustancia se aproxima a una mujer que se niega rotundamente a desaparecer, Hollywood debería tomar nota y este momento debe ser un grito de protesta para reconocer y valorar a las mujeres en todas las etapas de sus carreras, no nada más cuando se adaptan a los parámetros efímeros de relevancia de la industria.

 

Imagen: Luigi Barraza

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 

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