¿Silencio, tibieza o pacto patriarcal?

por Daniela Razo

Por Daniela Razo Martínez

 

En medio del ruido mediático por una canción “Rosita” que celebraba “enamorarse como Christian Nodal”, y de las respuestas públicas que siguieron (de Cazzu, Tainy, Rauw Alejandro y JHAYCO), lo que realmente me inquietó no fue la celebración masculina. Esa complicidad con la que algunos hombres se validan entre sí. No era solo una canción, era un aplauso colectivo.

Yo aprendí a reconocer ese aplauso en una de mis primeras experiencias laborales, en donde viví una experiencia de acoso sexual, era un espacio con jerarquías muy marcadas y mayoría masculina. El acoso no fue un episodio aislado ni un “malentendido”: fue una dinámica sostenida de presión, insinuaciones y abuso de poder por parte de un superior. Lo más revelador no fue únicamente su conducta, sino el entorno que la permitió. Colegas hombres que sabían, percibían el acoso y violencia. Ninguno intervino. Algunos bromeaban sobre el tema, pero la mayoría eligió la neutralidad.

Y ahí entendí algo fundamental: la violencia se sustenta en una estructura patriarcal que la protege y potencializa.

No se trataba de desconocimiento o tibieza. Se trataba de lealtad. De esa camaradería masculina que prioriza la pertenencia al grupo antes que la justicia. De esa lógica donde incomodar al agresor implica traicionar el orden interno. En esos espacios, romper el silencio no es solo denunciar una conducta: es desafiar una red de complicidades.

La neutralidad, en contextos de abuso, no es prudencia. Es posicionamiento (uno machista)

Con el tiempo lo he visto repetirse en distintos trabajos: dinámicas de mansplaining sistemático, minimización de mi trabajo, acuerdos tácitos entre ellos para desautorizar o cuestionar lo que yo proponía. La validación circula entre hombres y la credibilidad de las mujeres debe defenderse permanentemente. Esa camaradería constante no es casual; es un mecanismo de reproducción del orden patriarcal.

El pacto patriarcal no se anuncia. Opera como una red silenciosa que privilegia la solidaridad masculina por encima de la justicia. Funciona cuando un hombre aplaude, cuando otro justifica y cuando un tercero calla. Funciona también cuando alguien se convence de que no tiene responsabilidad porque “no fue él”.

Por eso lo que vemos en la música o en la cultura digital no es superficial. Cuando un hombre convierte una historia afectiva en trofeo y otros la celebran públicamente, lo que se activa no es solo marketing ni espectáculo: es la validación colectiva de una masculinidad que se fortalece en grupo. Hombres protegiendo a otros hombres.

Lo más inquietante es que muchos de quienes participan en esa dinámica se perciben a sí mismos como ajenos al problema. No se reconocen violentos porque no fueron quienes ejecutaron el acto. Pero el sistema patriarcal no se sostiene únicamente por quienes ejercen la violencia directa, sino por quienes la encubren, la minimizan o la toleran.

La omisión también es una forma de poder y el silencio también es una decisión política

Imagen generada para uso editorial por LCR

 

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 

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