Por Paloma Barraza Cárdenas
“Todas se merecen una vez volar”
Elphaba Thropp
Hay momentos que son como un rito de paso. Así se sintió para mí la publicación de mi primer libro Violencia política contra las mujeres en razón de género. Más allá de las cifras. Aunque ya he trabajado en varios proyectos colectivos donde he aportado con la redacción de un capítulo, esta obra es toda mía. Por eso, la presentación fue un evento muy especial para mí.
Les contaré la historia completa. Según el reloj del dragón del tiempo, ese día, los años de investigación, las lecturas, los silencios y los ideales encontraron una vertiente común. Escribir sobre violencia contra las mujeres es memoria, denuncia y perspectiva. Durante muchos años este proyecto fue un territorio habitado por inquietantes preguntas. ¿Cómo se mide lo que hiere?, ¿qué se oculta detrás de los números?, ¿cuáles relatos quedan fuera de las gráficas?, ¿a quiénes pertenecen las voces no registradas por las instituciones o las estadísticas?
Estas preguntas me acompañaron durante todo el camino amarillo y se convirtieron en guía. Por eso el subtítulo del libro. Porque la violencia política no se entiende ni se dimensiona enteramente en los datos; se comprende en las cuerpas y trayectorias desplazadas, en las campañas truncadas, en las lágrimas, en los insomnios, en los nudos de garganta, en los miedos, en las pausas forzadas, en las caídas y en las resistencias. Pienso, entonces, en quien se atreve a mirar el mundo desde otro color.
En un universo donde se le teme a lo distinto y donde se corre el riesgo de perder la habilidad del habla, hay brujas indoblegables, sin límites, quienes se van contra el sistema. Levantan el vuelo, aun cuando el trayecto pueda ser solitario y la caída muy dura. Porque no se trata de ser aceptadas, sino de ser fieles a nuestras creencias. Escribir este libro fue, en muchos sentidos, mi propio acto de desafiar la gravedad.

Los capítulos, testimonios y acercamientos teóricos fueron un espejo de esa compleja realidad. La violencia política contra las mujeres no es una abstracción. Tiene nombres, rostros, biografías. Se expresa en la forma de interrumpir, deslegitimar, ridiculizar, excluir o lastimar. Pero también se expresa en el miedo, en la vergüenza y en el desgaste emocional de defender lo digno.
Escribir sobre ello fue un proceso arduo, a veces desgarrador. Sin embargo, también intensamente esencial. La escritura, esa poderosa varita mágica, se convirtió en salvación, refugio y causa. Se trataba de nombrar lo innombrado. De delatar a un sistema político todavía renuente a concebir a las mujeres como sujetas de poder. Y, sí, siempre hay quienes intentan convencer a la Bruja Malvada de abandonar el vuelo, de seguir el guion al pie de la letra, de aceptar su papel tras esas bambalinas color esmeralda. Pero, hay fuerzas que mueven más que las promesas del poder, el éxito y la comodidad.
La presentación del libro fue también la posibilidad de mirar hacia atrás y reconocer los caminos compartidos. Estuvieron presentes mujeres admirables, quienes comentaron la obra con inteligencia y generosidad; asesoras, quienes, con su mirada crítica, dieron fuerza y rumbo a la investigación; amistades y familia, quienes sostuvieron con ternura los días difíciles. Aunque dije al inicio que este libro es todo mío, detrás de los textos hay siempre una burbuja de afectos. Las investigaciones no deben hacerse en soledad. La academia también se escribe con cariño, escucha y empatía.
Pero si algo me conmueve especialmente de este proyecto es su forma de existir en el mundo. El instituto de Investigaciones Jurídicas y la Editorial UJED decidieron publicarlo en acceso abierto, de manera gratuita y digital. Y eso, en estos tiempos, es una decisión bastante política. Que una universidad apueste por difundir conocimiento sin costo es reafirmar su compromiso con la igualdad y con la justicia social. Democratizar el conocimiento significa derribar los muros que separan a la academia de la sociedad, evitar la transfiguración del saber en mercancía o privilegio. La reflexión crítica no debe guardarse en anaqueles polvorientos, sino circular, viajar, dialogar. Que cualquier persona con una conexión a internet pueda descargar este libro, es un gesto de descolonización epistemológica. Y esta convicción tiene un secreto más profundo. La violencia no se lucra, se denuncia. La desigualdad no se vende, se confronta. El pensamiento crítico no se cotiza en moneda, sino en compromiso. En tiempos donde incluso la reflexión se convierte en producto, apostar por el acceso libre es recuperar de cierta forma el sentido ético de la investigación.
Hablar de violencia política contra las mujeres es hablar de un reflejo incómodo. Ese reflejo nos devuelve imágenes de exclusión, silencio e injusticia. Pero también refleja la fuerza colectiva emergente de las heridas. Las mujeres hemos aprendido a convertir las agresiones en preguntas, las preguntas en conocimiento, y el conocimiento en acción. Cada vez que una mujer alza la voz, interpela a todo un sistema de poder que durante siglos nos quiso al margen de la historia. México y América Latina están llenos de esas resistencias. En los municipios, en los congresos, en las universidades, en los movimientos sociales. Donde una mujer exige justicia o se niega a callar, hay una fractura en el patriarcado.
La política, durante demasiado tiempo, ha sido un espacio hostil. Las mujeres cargan con las tareas públicas, pero también con las sospechas, desconfianzas y violencias. Este libro busca precisamente desmenuzar esas estructuras, entender cómo se sostienen y proponer formas de desmontarlas. Desde el derecho, la metodología y la experiencia vivida. Esta última, la más humana, desde las voces de quienes la han vivido en carne propia. Esas voces son el corazón, el cerebro y el coraje del libro, la razón de ser de sus páginas. Sin ellas, el discurso académico se vacía. Con ellas, cobra sentido y urgencia.
Además, en este evento tuve mucho afecto. Me acompañaron mis amigas de toda la vida, quienes me sostienen desde la adolescencia, mi madre, ejemplo de inteligencia y constancia, y mi hermano, mi cómplice, quien viajó desde lejos y diseñó la portada del libro. Sin duda, el conocimiento también se teje desde el amor. No un amor romántico, sino ese amor ético capaz de cuidar el pensamiento y a quienes piensan con nosotras. La investigación se sostiene en vínculos, en comunidad, en esa confabulación que se opone a la idea de una academia fría y distante.
Las universidades son guardianas de la memoria, pero también portales al futuro. Mi libro aspira a eso. A ser un punto de encuentro entre el pensamiento y la acción. Una invitación a no olvidar, pero, sobre todo, a imaginar. A construir una democracia donde las mujeres puedan ejercer plenamente sus derechos políticos sin miedo, sin violencia, sin permisos.
Y aunque la violencia busque frenarnos, los libros, las palabras, la magia y las alianzas seguirán diciendo lo mismo, una y otra vez, con firmeza y ternura: no estamos solas. Quizá, después de todo, eso sea el significado de desafiar la gravedad. No elevarse para escapar, sino para mirar distinto. Para ver, desde el aire, lo que en tierra parecía imposible. El feminismo es ese feroz tornado que transforma vidas. Y debemos entender que no se trata de volar solas, sino de invitar a otras a hacerlo. Y que los deseos del corazón no los cumple ningún mago, los cumplimos nosotras mismas.
Al final, no somos tan malvadas como el sistema dice. Aunque nos pinten como las brujas, somos las heroínas de la historia.
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