La gran transferencia de riqueza: una oportunidad para las mujeres en finanzas

Lo más interesante no es cuánto capital manejan, sino cómo lo manejan: con visión de largo plazo, enfoque en la resiliencia y un fuerte sentido de propósito

por Sofía Gamboa de la Parra

Por Sofía Gamboa

A veces, necesitamos tormentas perfectas para provocar transformaciones profundas. En 2025, una de esas tormentas está ocurriendo en el mundo financiero: las mujeres controlan ya el 32% de la riqueza global, y se espera que para 2030 esa cifra alcance el 38%. No es solo un cambio demográfico; es una reconfiguración de cómo se asesora, invierte y distribuye el capital.

Este fenómeno, conocido como The Great Wealth Transfer, está siendo impulsado por herencias, mayor poder adquisitivo y un creciente control de las finanzas familiares por parte de las mujeres. Pero lo más interesante no es cuánto capital manejan, sino cómo lo manejan: con visión de largo plazo, enfoque en la resiliencia y un fuerte sentido de propósito.

En paralelo, el auge de las inversiones alternativas, ejemplos como capital privado, deuda estructurada, infraestructura sostenible o fondos de impacto, está abriendo nuevas avenidas para quienes buscan alinear sus valores con sus decisiones financieras. Y aquí es donde las mujeres están marcando una diferencia.

Las inversiones con perspectiva de género están ganando relevancia como una estrategia que combina rentabilidad financiera con impacto social. Este enfoque se articula en tres ejes fundamentales: primero, el acceso al capital para mujeres emprendedoras, buscando cerrar la brecha histórica en el financiamiento de proyectos liderados por mujeres; segundo, la promoción de la equidad de género dentro de las empresas, evaluando prácticas como la igualdad salarial, la diversidad en los consejos directivos y las políticas de inclusión; y tercero, el impulso a productos y servicios que beneficien directamente a mujeres y niñas, desde soluciones en salud y educación hasta iniciativas de inclusión financiera.

Esta perspectiva no solo contribuye al desarrollo sostenible, sino que también fortalece el desempeño empresarial al fomentar entornos más diversos, inclusivos e innovadores. Las empresas que integran criterios de género tienden a evaluar mejor el riesgo, reducir la volatilidad y alcanzar rendimientos competitivos. Además, el 64% de las mujeres inversionistas considera de forma constante los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en sus decisiones de inversión, lo que refleja una visión integral y responsable del capital. La inversión con enfoque de género no es solo una tendencia: es una estrategia inteligente que transforma el ecosistema financiero.

Sin embargo, persiste una brecha crítica: solo entre el 15% y el 20% de los asesores financieros son mujeres, y aún menos se especializan en inversiones alternativas. Esta subrepresentación tiene consecuencias reales: se pierde diversidad de pensamiento, empatía en la asesoría y cercanía con las necesidades específicas de las mujeres inversionistas. Muchas mujeres prefieren asesoras que comprendan sus experiencias, sus prioridades de vida y su forma de tomar decisiones. Cuando no encuentran esa conexión, simplemente no invierten, o lo hacen con menor confianza, lo que limita su crecimiento patrimonial y su participación activa en la economía.

¿Y en México?

En nuestro país, esta conversación apenas comienza. Aunque las mujeres mexicanas han avanzado en educación y participación económica, el acceso a la asesoría financiera especializada sigue siendo limitado. La figura de la asesora patrimonial con enfoque en inversiones alternativas es casi inexistente.

La buena noticia es que el momento es ahora. México está viviendo su propia transferencia generacional de riqueza, especialmente en familias empresarias y sectores como el agroindustrial, el inmobiliario y el tecnológico. Muchas mujeres están heredando activos, liderando empresas o tomando decisiones clave en los consejos familiares. Pero sin una guía adecuada, ese capital corre el riesgo de ser subutilizado o mal invertido.

Además, las mujeres mexicanas enfrentan barreras adicionales:

  • Menor acceso a redes de inversión: muchas decisiones se toman en espacios cerrados, informales y predominantemente masculinos.
  • Sesgos culturales sobre el riesgo: aún persiste la idea de que las mujeres son más conservadoras o menos aptas para manejar inversiones complejas.
  • Un lenguaje financiero excluyente: la industria sigue comunicando en términos técnicos, impersonales y fríos, que no conectan con las prioridades reales de muchas mujeres: seguridad, propósito, legado.

Esto no solo excluye; desincentiva activamente la participación femenina. Si no entendemos el lenguaje, si no nos vemos representadas, si no sentimos que nuestras preguntas son válidas, simplemente no entramos al juego.

¿Qué podemos hacer?

Si eres mujer y te interesa entrar o crecer en el mundo de las inversiones alternativas, aquí van algunos pasos prácticos y accionables:

  • Capacítate con intención: puedes empezar con podcasts, newsletters o talleres locales como los que se dan en Servicios Integrales Vizcaya. Lo importante es construir vocabulario y confianza.
  • Busca patrocinio, no solo mentoría: un mentor te aconseja; un patrocinador te recomienda, te conecta y te impulsa. Es decir, puede abrirte puertas reales.
  • Únete a redes de inversión femenina: desde grupos en WhatsApp hasta comunidades como Mujeres Invirtiendo. El capital se construye en comunidad.
  • Crea tu propio club de inversión: no necesitas ser experta. Solo necesitas curiosidad, disciplina y otras mujeres con las que compartir aprendizajes y errores.
  • Desarrolla tu tesis de inversión: ¿qué te importa? ¿Qué entiendes bien? ¿Qué te gustaría transformar? Invertir con propósito es más poderoso, y más rentable, de lo que parece.

El blueprint de Rosie

Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de mujeres estadounidenses ingresaron al mercado laboral para ocupar los puestos que los hombres dejaron al irse al frente. De ese momento histórico nació Rosie the Riveter, una figura propagandística creada por el gobierno de Estados Unidos para motivar a las mujeres a trabajar en fábricas y astilleros. Su imagen, con el pañuelo rojo, la camisa azul y el brazo flexionado, se convirtió en símbolo de fuerza, resiliencia y capacidad femenina.

Hoy, el mundo financiero, incluyendo México, necesita su propia versión de Rosie. No con herramientas industriales, sino con herramientas financieras. Mujeres que entiendan el riesgo, pero también el impacto. Que hablen de rentabilidad, pero también de propósito. Que no solo administren capital, sino que lo dirijan hacia un futuro más equitativo. En un ecosistema donde el acceso al capital sigue siendo desigual, las nuevas “Rosies” están emergiendo, construyendo comunidad, liderazgo y transformación desde el capital.

¿Por qué importa todo esto?

Porque esta transferencia de riqueza no solo está cambiando quién controla el dinero. Está cambiando cómo se invierte ese dinero, qué causas apoya, qué empresas crecen, qué tecnologías se desarrollan y qué tipo de mundo estamos financiando. Es una oportunidad histórica para redirigir el capital hacia un futuro más justo, más sostenible y más humano. Y las mujeres, como inversionistas, asesoras y líderes, están en el centro de esa transformación.

Women’s empowerment framework. Adaptado de World Bank, s.f.

@GamboaSofia

Imagen generada con IA por LCR

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