Por Paloma Barraza Cárdenas
“Recuerda chica en llamas, que sigo apostando por ti”
Cinna
Hace unos meses escribí un artículo titulado Los Juegos del Hombre, inspirado en la trilogía de Suzanne Collins. En este texto, jugué con las metáforas y referencias revolucionarias de esta saga para reflexionar sobre la “Ley 3 de 3 Contra la Violencia” y el arduo trabajo desarrollado en Durango para impulsarla. Las barreras enfrentadas en esta lucha son brutales, pero, como en toda buena secuela, la chispa inicial ya se ha convertido en un incendio incontrolable. Aquí no hay lugar para rendirse.
Entre los hitos recientes, se presentaron los nuevos estatutos del Sindicato del Personal Académico de la Universidad Juárez del Estado de Durango (SPAUJED), con la inclusión de la “Ley 3 de 3 Contra la Violencia”. Esto no es un ajuste de trámite; es un golpe directo al corazón de un sistema podrido. Una declaración contundente: ya basta.
El lema guía de esta iniciativa es fuerte y claro: Ningún agresor en el poder. Esta consigna sintetiza una urgencia feminista llena de resonancia colectiva, al exigir que personas con antecedentes de violencia, deudas alimentarias o condenas por acoso sexual no puedan acceder a cargos de poder, representación o toma de decisiones. ¿El objetivo? Eliminar de la arena pública a quienes perpetúan un sistema de violencias y desigualdades. En otras palabras, garantizar que las posiciones de poder no sean otro tributo más al patriarcado.
Desde el principio la propuesta tuvo el objetivo evidente de obstaculizar el paso e impedir la llegada de personas agresoras o deudoras alimentarias a posiciones de representación dentro del sindicato. En este sentido, la iniciativa busca garantizar que las planillas sindicales, los miembros de sus órganos de gobierno y quienes aspiran a estos cargos no tengan sentencias firmes por los supuestos estipulados en la Constitución federal, con el propósito de prevenir el acceso y la permanencia de personas violentadoras en dichos puestos.
Además, esta propuesta trasciende la esfera jurídica. No busca únicamente reformar cualquier legislación o normativa; su propósito es más profundo, pues implica transformar la cultura y asegurar que el respeto hacia los derechos de las mujeres no sea un acto opcional, de voluntad retráctil, sino una obligación ineludible. Este movimiento intenta desterrar de todos los espacios a quienes, con su presencia, se dedican a perpetuar la discriminación y las violencias.
Así, esta acción se presenta como una muestra clara de nuestro compromiso con la creación de espacios seguros y libres de violencia, donde el respeto y la dignidad humana sean siempre la norma y no la excepción. Sin embargo, esta medida no siempre es fácil de implementar, pues quienes detentan posiciones de mando y privilegio disfrutan de torcer y moldear las reglas a su antojo para mantener intacta la maquinaria del poder. Ejemplo de ello, la falta de armonización legislativa en los Estados en términos idóneos para hacerla efectiva o la necesidad de colectivas feministas de poner en marcha observatorias y crear antiboletas.
No obstante, en esta travesía, la complicidad, apertura y voluntad de quienes están al frente del sindicato fue fundamental. Su liderazgo y compromiso con la causa merecen ser reconocidos. Definitivamente no ha sido un camino fácil, pero este gran equipo universitario nos demostró que cuando hay convicción y ganas, se pueden romper barreras y lograr grandes cambios. Consolidar alianzas en estos juegos se vuelve una práctica poderosa. Gracias al esfuerzo conjunto, la medida fue aprobada por unanimidad en el Congreso Sindical y nos convertimos en el primer sindicato del país en adoptar estas disposiciones. Es un logro histórico del que debemos sentirnos profundamente orgullosas.
Aunque tuve la distinción de presentar esta propuesta, detrás de ella hay un enorme y valiente movimiento feminista que ha luchado durante años en Durango y a lo largo y ancho del país. Asimismo, una pieza clave en este proceso fue un foro organizado en colaboración con la UJED, el sindicato y la Federación Estudiantil. En este espacio contamos con la presencia de Yndira Sandoval, una de las impulsoras más destacadas de este movimiento, quien nos inspiró con su trayectoria y determinación a redoblar esfuerzos y reafirmar esta lucha tan necesaria. Desde la colectividad de muchas organizaciones de la sociedad civil y asociaciones feministas, hasta los rincones de nuestro querido sindicato, este es un triunfo compartido. Es la manifestación del poder de trabajar juntas y con un propósito común. Como le dice Maysilee a Haymitch, «viviremos más si nos unimos».
Dicha decisión posiciona al SPAUJED como una organización pionera, vanguardista y comprometida. Envía un poderoso mensaje a la comunidad universitaria y a la sociedad duranguense: en nuestro sindicato no hay espacio para la impunidad ni para la violencia. Este distrito lidera una nueva era para demostrar que la resistencia organizada puede romper los ciclos de opresión. Aspiramos a ser ese símbolo en llamas, un ejemplo vivo para otros sindicatos, universidades, organizaciones, gobiernos e incluso países y demostrar la viabilidad de construir mejores entornos laborales y sindicales.
Desde nuestra Tribu Universitaria, extendemos un profundo agradecimiento a quienes respaldaron la iniciativa. Con su voto y su voz, estamos cambiando las reglas del juego para que ningún agresor tenga cabida. Y a las colectivas feministas, gracias por mantener viva la rebelión. Esta reforma es para ustedes, por ustedes y de ustedes: quienes vinieron antes, quienes están ahora y quienes vendrán.
Sin embargo, como bien ilustra sin piedad esta secuela, el sistema no responde a las chispas de la revolución con diálogo, sino con una feroz maniobra de autodefensa. Cambia los códigos, manipula el juego y redobla sus esfuerzos para intimidar, sembrar miedo y apagar el fuego de la revolución. Al sentir amenazada su supremacía, se reinventa con tácticas destinadas a prolongar su dominio. Por ello, debemos celebrar esta victoria, pero jamás bajar la guardia. Las mujeres enfrentamos a un adversario que no titubea en reconfigurar el tablero cuando percibe el avance de nuestra lucha. Basta ver la ola de movimientos antifeministas cuyos números aumentan día con día.
Pero si algo hemos aprendido de Katniss, es que al sistema se le enfrenta con creatividad, resistencia y coraje. Cada paso que damos aviva el fuego. Con logros como los alcanzados en el SPAUJED, demostramos que las reglas pueden y deben cambiar, no para servir al poder, sino para hacer justicia. Nuestra esperanza seguirá siendo más fuerte que el miedo. Y el fuego de esta revolución no se apaga.
Foto de Svetazi desde Stock.adobe
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