Por Mayusa González Cauich
Seguramente con lo acontecido en Venezuela y ahora con el tema de Groenlandia, este término está en boga, en vista que, ambas naciones tienen riquezas naturales, como el petróleo, una excelente ubicación geográfica, lo que las hace muy atractivas.
En estas líneas mi intención es reflexionar sobre lo que acurre a nivel internacional y como eso opaca o invisibiliza lo que pasa en lo local, es decir en nuestro país y en algunas entidades federativas.
La intervención en Venezuela ha permitido escuchar diversas posturas, unas a favor, otras en contra, sin embargo, la mayoría de personas expertas y no expertas, han evitado escuchar al Pueblo de Venezuela, su sentir y sus necesidades; me quiero centrar, justo en que he observado indignación, criminalización, hasta odio y repudio por Estados Unidos, su gobierno y sus formas, se ha dicho que no respetó la soberanía, la autonomía y que se extralimitó en su actuar; Venezuela dice que eso lo hubiera hecho cualquier otro país poderoso de la misma forma.
Respecto a Groenlandia, las naciones de China, Rusia y Estados Unidos están interesados en “controlarla” por todo lo que implica económicamente.
A groso modo, la geopolítica, es ese juego de poder entre países, hablando a nivel internacional, debido al interés económico que produce una nación por su ubicación, recursos, clima, política exterior, etc.
Este contexto me permitirá pasar a lo siguiente, hablar de geopolítica también se da al interior de una nación.
Hablando específicamente de México y que otros países de América Latina seguramente están en situación similar; es importante reconocer y recalcar que nuestro país cuenta con una gran riqueza natural, cultural, étnica, lingüística, geográfica, orográfica, climática, especies endémicas, etc.
Los Pueblos Indígenas y Afromexicanos contemporáneos, descienden de civilizaciones milenarias, con identidad propia y que mantiene vivas sus instituciones sociales, económicas, culturales y políticas; y que han logrado (sin que debiera de ser así) su reconocimiento Constitucional debido a una lucha colectiva y que también se encuentra en tratados internacionales. Esta incidencia ante los tres órdenes de gobierno, se ha dado históricamente, porque hablando de geopolítica interior, a los dueños de esta gran nación y a quienes se debe la historia de nuestro país, por mas de 500 años han sido despojados de sus tierras, asesinados por no aceptar “el desarrollo blanco” (y no hablo sólo del tono de piel) y defender su territorio, se les ha intentado arrebatar su lengua con políticas públicas gubernamentales, su forma de impartir justicia la reglamenta el poder judicial, sus tradiciones ancestrales son vistas como algo malo, su espiritualidad es señalada de herejía, e inclusive se les criminaliza por sus usos y costumbres hoy conocidas como sistemas normativos internos, diciendo que son prácticas violatorias de Derechos Humanos, cuando esos Derechos nunca fueron pensados desde su cosmo percepción y creen que la cultura machista es exclusivo de ellos.
Así por más de 500 años, estamos en resistencia, exigiendo que se respete nuestra autonomía y libre determinación, el poder hablar nuestra lengua sin discriminación en todos los espacios públicos y privados, por mantener nuestra medicina tradicional, seguir transmitiendo nuestros saberes, continuar portando nuestra ropa con dignidad y libre de actos elitistas, poder acceder a la salud y educación sin ser víctimas de racismo y llegar a espacios de toma de decisiones sin usurpación.
Así que si tú ves a una persona indígena y te sientes superior a ella (no lo dices, pero tu mente lo tiene enraizado), no eres distinto a lo que señalas, o en ocasiones haces como que no ves lo que pasa en lo local, entonces, eres parte del problema.
Como mujeres indígenas, todo lo anterior nos impacta de sobre manera, pues somos las que poseemos esa sabiduría ancestral, la transmitimos, la defendemos y resistimos ante los embates de la “geopolítica”, nuestros territorios son invadidos para adueñarse de nuestras riquezas naturales, nuestros cenotes contaminados, ya no tenemos acceso a nuestras playas, las montañas son de empresas privadas, nuestras milpas del crimen organizado, nuestra cultura de particulares que la folcklorizan, nuestra medicina de extranjeros que se llevan las recetas y lucran con ellas, nuestra vestimenta de marcas comerciales “reconocidas” y personas que se benefician en el ámbito político.
Sin embargo, no se trata de victimizarnos, por el contrario, de hacerle saber al mundo que nos queda el orgullo de saber de donde venimos, quienes somos y nuestra dignidad.
Gracias por leer este sentir genuino.
Imagen de STOCK DIGNITY desde Canva Pro, con edición LCR
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