Por Gabriela Mayorga
7 de cada 10 mamás admiten comprar cosas para sus hijos que casi nunca se usan o resultan innecesarias. Algunas familias (me incluyo) pueden relacionar el desarrollo de sus hijos con la cantidad de productos que compramos, y sin darnos cuenta, tenemos más de lo que necesitamos, pero no vemos el costo de tener tanto, no vemos la acumulación, la competencia por tener más y el agobio por no tener lo último de tendencia, el reto es cuando te ocurre siendo mamá y el marketing (y otros factores) te puede atrapar por no ser la madre ideal.
Entre mamás hay un dicho; decimos que no vivimos sino sobrevivimos durante la maternidad, hay decenas de cosas que nos terminan chupando el tiempo, entre la presión de no ponerle pantallas, el menú ideal sin gluten ni azúcar, tiempo de calidad donde se desarrolle óptimamente el motor fino y grueso, una enseñanza de inglés acorde a la edad, las múltiples actividades deportivas y artísticas y una rutina de sueño bien establecidas, pero cuando todo eso se apaga, nos encontramos con una cantidad de juguetes, ropa y productos que hay que limpiar,ordenar y categorizar. De acuerdo con una encuesta de la asociación Yo No Renuncio, el 65% de las madres cuenta con menos de una hora libre al día. Si el tiempo personal es tan escaso, ¿por qué terminamos ocupándolo en recoger juguetes y acumular cosas innecesarias? Una respuesta clara apunta a la sociedad hiperconsumista y a la presión constante por comprar más.
Una sociedad hiperconsumista para Gilles Lipovetsky, significa que el hiperconsumidor ya no está sólo deseoso de bienestar material: aparece como un demandante exponencial de comodidad psíquica, de armonía interior y de plenitud subjetiva, y en mi opinión la maternidad la culpa y los productos nos dan una falsa idea de control ante la abrumadora de las tareas diarias, y hay una relación directa entre la compra de productos que resuelvan y la culpa de no ser suficiente. Sin embargo, no podemos generalizar. De acuerdo con el reporte de pobreza infantil y adolescente de 2022 del CONEVAL, el 45.8% de los menores en México viven en situación de pobreza. Esto se traduce en que casi la mitad de las mamás en el país crían a sus hijos con carencias, muy lejos de la realidad de sentirse abrumadas por un exceso de cosas. No obstante, el hecho de que el sobreconsumo no sea un problema de todas las maternidades en México, no lo hace invisible ni menos válido para quienes sí lo enfrentan.
Aunque parezca un privilegio y un gozo tener tantos productos materiales, la realidad es que la consecuencia diaria que tienen está más orientada a lo negativo, por ejemplo en un estudio realizado por investigadores de Yale y difundido por la revista psiquiatría refiere que la fatiga y el agotamiento mental al final del día no son únicamente el resultado del esfuerzo físico o emocional, sino que tienen una base sensorial y neurológica directa: en cualquier entorno con desorden visual constante, el cerebro se ve forzado a gastar una enorme cantidad de energía filtrando estímulos periféricos e interferencias de forma ininterrumpida, lo que degrada la eficiencia neuronal y actúa como un drenaje cognitivo continuo que eleva el estrés, la irritabilidad y el cansancio mental, incluso sin haber realizado una actividad física extenuante.
Para entender cómo impacta la acumulación en el día a día a las mujeres mexicanas, realice una encuesta de cinco preguntas a 40 mamás que viven en zonas metropolitanas y tienen hijos de entre 1 mes y 5 años. Además viven en departamentos o casas de la ciudad. Las respuestas que compartieron dejan ver cómo el exceso de cosas no se queda solo en los cajones, sino que pasa una costo directo a la energía y tiempo libre.
Un contundente 72% de las mamás admite que compra cosas para sus hijos que terminan casi sin usarse o resultan innecesarias (un 38.9% reconoce que le pasa ”algunas veces” y un 33.3% “con mucha frecuencia”), mientras que apenas un 25% dice que casi nunca y solo un 2.8% afirma que nunca. En esta etapa los niños crecen a una velocidad impresionante y sus intereses cambian mes con mes, por lo que es muy fácil caer en la trampa de adquirir cosas pensando que resolverán una etapa o que serán indispensables, cuando en la práctica terminan estorbando y ocupando espacio a los pocos días.
Al preguntar qué las lleva a comprar cosas no esenciales, el 66.7% confesó que lo hace por mero impulso del momento (“porque estaba bonita o en oferta”), mientras que un 13.9% lo atribuye a sentimientos de culpa o querer darles “lo mejor”, un 11.1% a recomendaciones en redes sociales y solo un 8.3% asegura apegarse estrictamente a lo necesario y planeado. Esto demuestra que muchas compras infantiles funcionan más como un desahogo emocional o una pequeña gratificación rápida frente al cansancio diario, más que como una decisión planeada para cubrir una necesidad real.
Tener muchas cosas en casa se traduce directamente en tiempo perdido: un 38.9% de las mamás pasa entre 30 minutos y 1 hora al día gestionando cosas de sus hijos, un 27.8% invierte entre 1 y 2 horas, un 13.9% más de 2 horas y un 8.3% más de 3 horas diarias, frente a solo un 11.1% que dedica menos de media hora. Al final, cada objeto que entra a la casa exige mantenimiento constante, convirtiéndose en una especie de “segundo turno” no remunerado que roba tiempo valioso de descanso o simplemente de estar presentes. Aunque parezca poco, en una semana esto suma hasta 7 horas, y al mes se convierte en 30 horas de trabajo invisible. Si lo vemos a nivel anual, la cifra escala a un rango de entre 182 y 365 horas acumuladas; es decir, el equivalente a trabajar hasta 45 jornadas laborales extra de ocho horas dedicadas exclusivamente a la logística infantil
Lejos de ser un detalle menor, la acumulación de objetos infantiles afecta directamente el estado de ánimo: un 41.7%reporta un impacto moderado (sentirse sobrepasada en ciertas zonas del hogar), un 22.2% lo vive como un estrés alto y agotamiento diario, y un 11.1% siente un agobio extremo por pasar el día administrando cosas; solo un 22.2% lo nota en momentos muy específicos y apenas un 2.8% no se siente afectada. No se trata solo de desorden físico, sino de esa sensación de ruido visual que no te deja desconectar la mente, donde mirar alrededor significa ver una lista interminable de pendientes que drena la paciencia y la calma.
Casi todas las mamás coinciden en la necesidad de cambiar: un 44.4% reduciría solo algunas compras impulsivas, un 33.3% desearía reducir bastante pero confiesa que le cuesta deshacerse de cosas por culpa o apego, y un 16.7%reduciría drásticamente a la mitad o más ropa y juguetes con tal de ganar paz mental, mientras que apenas un 5.6%mantendría todo igual. Hay una necesidad evidente de vivir con menos cosas, pero también un duelo emocional que resolver para aprender a soltar lo material sin culpas.
Si seguimos midiendo nuestra valía como madres por todo lo que compramos, el mercado siempre nos hará sentir que nunca es suficiente. El verdadero cambio empieza por entender que los objetos no sustituyen nuestra presencia. Tener menos cosas no es dar menos amor; es recuperar el tiempo y la energía para disfrutar la maternidad en lugar de simplemente sobrevivir a ella. Al final, la mayoría de las mamás que no tienen ayuda en casa deben invertir muchísimas horas de su semana únicamente en recoger. Y es que, ojalá fuera como en la película de Toy Story, donde los juguetes cobran vida y regresan solos a su caja, pero en la realidad, toda esa acumulación termina robándonos exactamente lo que más necesitamos: descanso y calma emocional.
@gabymayorgaaa
Referencias. https://psiquiatria.com/psiquiatria-general/el-desorden-visual-altera-el-flujo-de-informacion-en-el-cerebro
Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota. Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.
Imagen generada por IA para uso editorial de LCR
![]()
