¿Por qué los incels nos odian?: rechazo, masculinidad y violencia

por Daniela Razo

Por Daniela Razo Martínez

En días recientes, con lo ocurrido en el CCH Sur y con el eco de voces conservadoras en redes sociales que insisten en devolvernos a moldes tradicionales y estereotipados, me quedé pensando en el fenómeno de los incels.

El término “célibes involuntarios” (Incels) se refiere a los hombres que se sienten rechazados afectiva y sexualmente por mujeres. Para ellos, acceder a los cuerpos de las mujeres es su derecho por el simple hecho de ser hombres, las mujeres que les rechazan son vistas como malas, superficiales y otras categorías que les desvalorizan. En resumen, reclaman la restauración de sus privilegios perdidos a través de la lucha feminista

Vivimos en un sistema patriarcal que coloca a los hombres en una jerarquía en donde el valor se mide por la fuerza física, el poder económico, el éxito romántico y sexual. Quienes no encajan en esa lógica son ridiculizados y aislados, lastimosamente…en lugar de cuestionar la masculinidad hegemónica que los inválida, dirigen su resentimiento y odio hacia las mujeres. Como escribió un usuario en un grupo de Facebook (en el que me permití explorar): “Nosotros creemos que las mujeres son malas, y sí, lo son, pero nada como las l3sb1anas o b1s3xuales, ellas son las maquinadoras del pensamiento feminista que busca ab0rrecer a los hombres, ni siquiera el hombre mas guapo se libra de eso”

Lo que me resulta interesante (y frustrante) es cómo este discurso de odio choca con un presente en el que cada vez más mujeres nombran el feminismo, repiensan el amor y cuestionan las relaciones de pareja. Ya no buscamos vincularnos con hombres que encarnan el machismo, visibilizamos las violencias normalizadas y planteamos nuevas formas de vincularnos a través de la libertad, la reciprocidad y la igualdad.

Tal parece que ese cambio de horizonte incomoda profundamente a quienes prefieren refugiarse en la victimización y en la nostalgia de un orden patriarcal que se les escurre de las manos.

“Cómo se supone que me ame a mi mismo si nunca nadie me ha amado? pero cómo podría amarme a mi mismo, si ni una sola mujer se ha fijado en mí? además soy prácticamente invisible para muchos”

 Los incels no odian porque no sean amados, odian porque el patriarcado les enseñó que amar es dominar, que los vínculos sexoafectivos deben colonizar los cuerpos de las mujeres, y que ellas deben estar siempre dispuestas a complacerles, sin importar los tratos inhumanos que reciban.

El problema es que esa violencia no se queda en foros digitales ni en memes misóginos, transita a agresiones físicas y en discursos de odio que ponen en riesgo la vida de mujeres y jóvenes. El odio incel no es algo aislado, es violencia patriarcal organizada que pone en riesgo la vida de las mujeres.

La respuesta ante el rechazo no debería ser la venganza y el odio, pero los hombres han aprendido que a través de la victimización…la violencia puede ser justificada por el pacto patriarcal.

El patriarcado no solo daña a las mujeres, también oprime a los hombres al imponerles un modelo único de masculinidad. Es urgente hacer un llamado para repensar las formas de ser hombres y dejar de lado la incansable búsqueda por validación masculina hegemónica. Hay que imaginar vínculos distintos, más libres y amorosos. Mientras ellos alegan “injusticia sexual”, nosotras tejemos vínculos más libres, amorosos y feministas.

 

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 

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