Por Angélica de la Peña
El resultado político de la votación de 2018 no ha sido sopesado con toda la pertinencia, ni por el movimiento que se originó ni por la oposición que perdió.
El presidente José López Portillo (1976-1982) tuvo que aceptar la reforma político-electoral no porque fuese una buena persona, sino porque el país no tendría paz. Desde la UNAM y otras escuelas, en 1968 se gestó la inconformidad fundada en la exigencia de un cambio de régimen.
La represión fue un bumerán y nada pudo evitar que, en los primeros años de los setenta, se radicalizaran quienes tenían mayor ímpetu de cambio. Ya no solo participó la UNAM, sino también otras universidades en diversos estados del país. Pero una lucha armada guerrillera no le estaba haciendo bien a nadie, mucho menos a los jóvenes que participaron. Todavía hoy siguen abiertos los expedientes de muchos de ellos, desaparecidos de manera forzosa.
Jesús Reyes Heroles, desde la Secretaría de Gobernación, supo que era el momento de la transición: justo en 1977. En diversas regiones del mundo se vivía el auge de la segunda ola del feminismo, la inconformidad por la guerra de Vietnam, la preeminencia de los derechos civiles y las luchas nacionales contra las dictaduras.
La pregunta no es ociosa: ¿dónde está el Reyes Heroles de hoy? Y la más importante: ¿será Claudia Sheinbaum lo suficientemente comprometida con el país como para darse cuenta de que no le irá bien a México si escucha a quienes, con arrogancia, dicen tener la mayoría para decidir lo que les venga en gana?
¿Esa Comisión de la Reforma Electoral realmente escuchará a la oposición en toda su diversidad? Porque hoy no lo vemos. Acaba de realizarse la reunión de la CEPAL en México y solo se escucharon discursos ad hoc. A las feministas abolicionistas no solo las despreciaron: las vetaron.
¿Así será con la reforma electoral? Ni los escucho, ni los veo.
La segunda vuelta debe estar en la lista de reformas. Somos de los pocos países que no la tienen legislada. La reforma al artículo 115 en materia de organización de los municipios es necesaria: los cabildos deben avanzar hacia un régimen abierto a la población y las regidurías constituirse en un parlamento. México necesita reconstruir la legalidad. No se puede obviar que hay territorios donde la delincuencia está normalizada.
La soberanía y autonomía de las entidades federativas depende, en realidad, del régimen fiscal. A las gobernadoras y gobernadores se les disciplina a través de los recursos económicos que la Federación les envía.
¿Desaparecer los OPLEs es correcto? Cualquier reforma debe poner un alto a la tendencia centralista. El INE debe restituir un Consejo General realmente autónomo. Reducir los distritos de mayoría y las plurinominales sugiere simpatía, siempre acompañada de la rendición de cuentas.
Quienes criticamos a la 4T como movimiento encabezado por López Obrador reconocemos que había un reclamo hacia los partidos tradicionales. Hoy ninguno está exento de señalamientos; urge la revisión de la Ley de Partidos Políticos.
La doctora Sheinbaum, como primera mujer en ocupar la Presidencia de México, debe saber que un lugar en la historia no cae del cielo. Miles de mujeres fundamentaron la transición desde el principio de la igualdad sustantiva, que impacta en todo: Estado, sociedad y personas de carne y hueso. Que haya sido la candidata de López Obrador ya es historia pasada. Ahora ella, y solo de ella depende, debe escribir la suya propia. Nos lo debe a todas y a todos.
Defensora de derechos humanos
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