LaCostillaRota. 03 de febrero, 2026.- La vacunación contra el VPH, el tamizaje oportuno y el tratamiento temprano podrían evitar millones de muertes, pero las brechas de acceso siguen concentrando la carga en países de ingreso bajo y mediano.
El cáncer de cuello uterino es, paradójicamente, uno de los cánceres más prevenibles y, al mismo tiempo, uno de los que más vidas de mujeres cobra cada año. En 2022 se registraron alrededor de 660 mil nuevos casos y 350 mil muertes en el mundo, lo que lo coloca como el cuarto cáncer más frecuente entre las mujeres.
Más del 94 % de esas muertes ocurre en países de ingreso bajo y mediano, donde el acceso a la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), a las pruebas de detección y al tratamiento oportuno es limitado. América Central, África Subsahariana y el Sudeste Asiático concentran las tasas más altas de incidencia y mortalidad.
La evidencia científica es contundente: casi todos los casos de cáncer de cuello uterino están causados por una infección persistente por VPH, una infección de transmisión sexual extremadamente común que la mayoría de las personas contrae alguna vez en su vida sin saberlo.
En el 95 % de los casos, el cáncer se origina por la persistencia de tipos oncogénicos del VPH en el cuello del útero. La progresión suele tardar entre 15 y 20 años, lo que abre una ventana amplia para detectarlo y detenerlo. Sin embargo, cuando el sistema inmunitario está debilitado —como ocurre en mujeres con VIH no tratado— el proceso puede acelerarse y desarrollarse en apenas 5 a 10 años. De hecho, las mujeres con VIH tienen seis veces más riesgo de padecer esta enfermedad.
Las lesiones precancerosas no producen síntomas, por lo que el tamizaje periódico es crucial incluso en mujeres vacunadas.
Todos los países se han comprometido con la estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para eliminar este cáncer como problema de salud pública. La meta es clara y medible para 2030: vacunar al 90 % de las niñas contra el VPH antes de los 15 años, realizar pruebas de detección al 70 % de las mujeres antes de los 35 y 45 años, y tratar adecuadamente al 90 % de las mujeres con lesiones precancerosas o cáncer.
Si se logra, podrían evitarse 74 millones de casos y 62 millones de muertes hacia el año 2120.
En 2025 existen ocho vacunas autorizadas contra el VPH. Todas protegen contra los tipos 16 y 18, responsables de aproximadamente tres cuartas partes de los cánceres de cuello uterino. La vacunación está recomendada prioritariamente para niñas de 9 a 14 años, antes del inicio de la vida sexual. Algunos países también vacunan a varones para reducir la circulación del virus y prevenir otros cánceres asociados al VPH.
Otras medidas preventivas importantes incluyen no fumar, el uso de preservativo y la circuncisión masculina voluntaria.
A partir de los 30 años —y desde los 25 en mujeres con VIH— se recomienda realizar pruebas de detección de alta sensibilidad cada 5 a 10 años. La OMS promueve al menos dos pruebas en la vida: antes de los 35 y antes de los 45 años. Hoy es posible incluso que las propias mujeres recojan la muestra para el análisis, con la misma fiabilidad que si lo hace personal de salud.
Si se detectan lesiones, el tratamiento es rápido, sencillo y eficaz, y puede realizarse el mismo día mediante técnicas como la ablación térmica, la crioterapia, la extirpación electroquirúrgica y la conización.
El cáncer de cuello uterino puede curarse si se detecta a tiempo. Es fundamental acudir al médico ante sangrados entre periodos, después de la menopausia o tras relaciones sexuales, flujo vaginal abundante o con mal olor, dolor persistente en espalda, pelvis o piernas, cansancio extremo, pérdida de peso o hinchazón en piernas.
Se estima que uno de cada cinco niños que pierde a su madre por cáncer lo hace debido al cáncer de cuello uterino. Al afectar principalmente a mujeres jóvenes, la enfermedad tiene un impacto social y familiar profundo.
Cada 17 de noviembre se conmemora el Día Mundial para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino, una fecha que busca reforzar la vacunación, el tamizaje y el tratamiento, especialmente en los países donde las mujeres siguen muriendo por una enfermedad que hoy ya sabemos cómo prevenir y curar.
La eliminación de este cáncer no es una utopía médica. Es, sobre todo, un desafío de acceso, información y voluntad política.
Foto de Garakta Studio
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