Por Mag Mantilla
El pensamiento de las mujeres —teoría feminista y sus epistemologías— ha aportado bagaje crucial para pensar el concepto de masculinidad dado el análisis del patriarcado y las relaciones entre los sexos, pues la masculinidad existe sólo en contraste con la feminidad.
Entre las contribuciones sobre el tema encontramos a autoras fundamentales para cuestionar la construcción social de la masculinidad. La socióloga Raewyn Connell ha desarrollado el término de masculinidad hegemónica, misma que social y culturalmente es deseable e impuesta lo cual suscita convenciones y presiones sobre que un ”hombre de verdad” sea fuerte, dominante, protector, proveedor. La autora abona al estudio sobre masculinidades que la masculinidad hegemónica es la que ocupa la posición dominante en un modelo establecido de relaciones de género.
Así se vislumbra la masculinidad no como objeto aislado, sino como un aspecto estructural, un modelo configurador de quienes son hombres en el sistema patriarcal, rodeado de conductas, tradiciones, preceptos, etc., que varían según el contexto.
Para Rebecca Solnit, autora del libro “Los hombres me explican cosas” —obra que popularizaría el término mansplaining— la masculinidad es un egoísmo radical, al no poner en el centro los cuidado y por lo tanto la vida : “when the definition of manly is not having to do fuck-all out of concern for others”.
Para la teórica feminista, bell hooks, la masculinidad que promueve el patriarcado —la hegemónica—perjudica a los varones, desconectándolos de sí mismos desde tierna edad al no permitirles ser sensibles, afectivos, ni sentimentales, en concreto, impidiéndoles vulnerarse.
Para la antropóloga feminista y querida maestra Marcela Lagarde, la masculinidad que se engendra en el patriarcado empobrece la vida de los hombres al imponer un modelo rígido de quienes deben ser.
Ante dicha toma de conciencia feminista sobre la masculinidad se proponen las “nuevas masculinidades”, concepto que busca redefinir los convencionalismos del género en torno al deber ser del hombre que el patriarcado exige. Sin embargo, como apunta la socióloga antes mencionada, Raewyn Connell: “Hablar de masculinidades, es hablar de relaciones de género. Las masculinidades no son equivalentes a los hombres; se refiere a la posición de los hombres en el orden del género”. En ese tenor, la propuesta feminista de raíz sobre abolir el género, es tremendamente lúcida.
Para mí las «nuevas masculinidades» son problemáticas porque parten de un concepto supremacista, no dudo que tengan buena voluntad, a la par sé muy bien que en la época de mercantilización de las causas sociales la buena voluntad no es suficiente.
Me parece más auténtico reconocer la crisis y decadencia de la masculinidad y que esta no tendría porqué definir a nadie. Considero que decir *nuevas masculinidades” es como decir “nuevos fascismos”.
Como feminista sé disntinguir cual es la construcción social que dicta lo que es ser una buena mujer según los parámetros sociales de la época, y dicha construcción —feminidad hegemónica— no me define, me defino yo. Mientras la masculinidad siga sin cuestionarse y resistiéndose a ser desmantelada, permanecerá decadente y frágil.
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