Por María Elena Esparza Guevara
@MaElenaEsparza en X
El verano trae consigo más que sol, arena y mar. También tiene oleadas de presión silenciosa bien conocidas por nosotras: la operación bikini, capaz de convertir cualquier ánimo de vacacionar en la playa en una tortura. Dietas, depilación, cientos de artículos y posteos sobre cómo saber cuál traje de baño te conviene más para ocultar esas lonjitas tan odiadas por la sociedad.
“Cuerpo de bikini: la pesada carga de la prenda más pequeña”, reporte publicado por Ola Violeta AC este agosto, explora cómo la sobreexposición a imágenes corporales femeninas idealizadas en redes sociales y medios de comunicación impacta en la salud física y mental de las mujeres y, especialmente, de las adolescentes. Ellas son quienes reciben el 53.5% de la publicidad en Instagram y el 51.8% en Facebook.
La feminista Naomi Wolf lo decía así: “el mito de la belleza no habla para nada de las mujeres, habla de las instituciones de los hombres y de su poder institucional”. ¿Cómo se traduce eso a la vida cotidiana? Dos datos para situar la realidad: según la Secretaría de Salud, 25% de las y lo adolescentes de México padece algún Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) y por cada hombre con alguno de estos padecimiento, hay 10 mujeres que los sufren. No puede ser coincidencia; al menos yo nunca he visto un artículo de tips para hombres sobre cómo lucir más en traje de baño
La contradicción es cruel: según la Asociación Mexicana de Venta Online, 90% de mexicanos planea viajar este año, muchos a destinos como Cancún (42%) y Puerto Vallarta (29%), buscando principalmente descanso. Sin embargo, para las mujeres, estas vacaciones se convierten frecuentemente en escenarios de ansiedad corporal, en lugar de reparación emocional.
Sandra Lee Bartky describe el ideal femenino contemporáneo como “firme, de pechos pequeños, caderas estrechas y delgado hasta rozar la emaciación”, un estándar que busca mantener a las mujeres en “cuerpos dóciles” que ocupen “el menor espacio posible”. Si esa expectativa es difícil en cualquier contexto, lo es aún más en uno de diversidad étnica como el de México.
¿Qué pasaría si reemplazamos la tortura prevacacional por autocuidado y reconciliación con nuestro propio cuerpo? La rebeldía, la revolución, puede comenzar tan pronto decidimos que nuestro descanso no es negociable. Cuando elegimos disfrutar el agua sin escondernos, cuando saboreamos la comida sin culpa y la miramos desde los lentes de la nutrición, cuando caminamos por la playa con la certeza de que nuestro cuerpo merece ocupar espacio y sentir placer. Cada acto de disfrute corporal sin permiso patriarcal es una declaración de guerra contra un sistema que nos quiere siempre insatisfechas.
Quizá el verdadero cuerpo perfecto de bikini es aquél que se atreve a ponérselo con la ligereza de su propio peso. Porque al final, el acto más subversivo que puede realizar una mujer es ser feliz sin pedir permiso.
Imagen creada con IA por LCR
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