Violencia de género “Una realidad que no podemos ignorar”

por Nora Ruiz Hernández

Por Alma Nora Ruiz Hernández

En la sociedad actual, y con todo el acceso a la información que tenemos hoy en día, vamos nombrando al género y sobre todo a la violencia de género, pero, se nombra incluso en las propuestas para el diseño de políticas públicas, y nuestros gobiernos hacen gala de ello, sin embargo como sociedad, incluso como autoridades se sigue perpetrando la violencia de género y lo peor esta sigue en incremento.

La violencia de género constituye una de las formas más graves de violación a los derechos humanos y, lamentablemente, afecta a millones de personas en el mundo, principalmente a mujeres y niñas.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002), «la violencia es el uso intencional de la fuerza física o del poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.»

Este fenómeno no surge de manera espontánea; nace de reglas, normas y costumbres profundamente arraigadas en nuestras sociedades, las cuales asignan diferentes valores a los géneros. Como advirtió Simone de Beauvoir, «no se nace mujer, se llega a serlo», en referencia a cómo aprendemos, a través de la cultura, a desempeñar roles que nos han sido socialmente impuestos. La violencia de género es una construcción colectiva que se sostiene mediante la vigencia del patriarcado y de normas rígidas que discriminan.

Esta violencia puede manifestarse en cualquier espacio, en la escuela, el trabajo, la calle, o incluso en medios digitales, donde el acoso y la agresión se han trasladado también al ámbito virtual. Sin embargo, uno de los lugares más peligrosos continúa siendo el hogar. Es alarmante que muchas mujeres que padecen violencia de género llegan incluso a perder la vida, sobre todo en contextos donde el feminicidio permanece impune. A ello se suma una respuesta institucional deficiente: cuando las autoridades minimizan, revictimizan o simplemente no actúan.

Las consecuencias de la violencia de género son profundas y devastadoras. No solo afectan a la víctima directa, sino también a su entorno más cercano. Las secuelas pueden incluir lesiones físicas, trastornos del sueño, enfermedades cardiovasculares o digestivas, así como daños emocionales que perduran por años.

Erradicar esta violencia es una tarea difícil, pero no imposible. Se requiere una respuesta colectiva y un compromiso firme desde todos los ámbitos de la sociedad. Como madres, padres, cuidadores y educadores, tenemos la responsabilidad de fomentar una crianza basada en el respeto, la equidad y la empatía. Desde el hogar, podemos sembrar las semillas de una cultura no violenta.

Como seres humanos, es esencial empatizar con las víctimas, acompañarlas sin juicio y denunciar todo acto de violencia del que seamos testigos o víctimas. Guardar silencio también perpetúa el daño.

En conclusión, la violencia de género es un problema público que pareciera que todos conocen y nombran y sobre todo nuestros gobiernos y autoridades hacen gala de “tener estrategias que resuelven la situación” especialmente en México, pero sigue siendo un problema sin ser atendido de manera urgente e integral. No basta con modificar leyes, es necesario transformar actitudes, creencias y formas de relacionarnos. Todos somos parte del cambio, eduquemos con respeto, construyamos relaciones igualitarias y levantemos la voz para que ninguna persona sea violentada por ser quien es.

Solo así podremos vivir en una sociedad más justa, donde la dignidad y la vida de todas las personas sean plenamente respetadas.

Referencias

  • Organización Mundial de la Salud. (2002). Informe mundial sobre la violencia y la salud. OMS.
  • De Beauvoir, S. (1949). El segundo sexo. Editorial Gallimard.
  • Butler, Judith. (2004). Deshacer el género. Editorial Paidos.

Imagen de peopleimages – yuriarcurs, desde Canva Pro. composición LCR

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 

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