Trata de personas en México: las desapariciones que el Estado no quiere ver

La trata con fines de explotación sexual es la institucionalización de la violencia patriarcal: mujeres y niñas reducidas a mercancía, en un sistema que legitima el acceso masculino a sus cuerpos como un “servicio”. El 72% de las víctimas de trata a nivel global son mujeres y niñas

por La Costilla Rota

Por Vanina Hernández Villegas

Cada 30 de julio, el mundo vuelve la mirada hacia una de las violaciones más graves a los derechos humanos: la trata de personas. Pero en México, esta fecha nos obliga a señalar una verdad aún más cruda: la trata no es solo una tragedia ajena o clandestina; es una red activa, funcional y muchas veces invisibilizada por el propio Estado, en complicidad con estructuras patriarcales, económicas y criminales que se lucran con los cuerpos y vidas de mujeres y niñas.
Feminización de la trata
Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el 72% de las víctimas de trata a nivel global son mujeres y niñas. En México, esta cifra se mantiene o incluso se eleva si consideramos que muchas víctimas no son oficialmente registradas, pues desaparecen sin dejar rastro y no se investiga su paradero con perspectiva de género ni enfoque de trata.
El delito de trata con fines de explotación sexual está directamente vinculado con las desapariciones en nuestro país. Las cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) revelan una feminización de la desaparición: mujeres jóvenes, entre 10 y 19 años, son el principal blanco. Ellas no solo desaparecen: son captadas, trasladadas, explotadas, violadas y, en muchos casos, asesinadas.
Trata y desaparición son partes de un mismo fenómeno
Desde un enfoque jurídico feminista abolicionista, no podemos separar la desaparición de mujeres de la industria que se nutre de su explotación. Muchas jóvenes que “desaparecen” terminan siendo mercancía en un sistema proxeneta que ofrece sus cuerpos a cambio de dinero, sosteniéndose en la cosificación de la mujer, en la impunidad institucional y en la demanda masculina de acceso sexual sin consentimiento.
Pero la trata no se limita al comercio sexual. Implica múltiples formas de esclavitud moderna:
• Explotación sexual
• Explotación laboral
• Matrimonio forzoso
• Tráfico de órganos
• Mendicidad forzada
• Uso de menores en actividades delictivas
• Adopciones ilegales de niñas y niños
• Esclavitud doméstica o por deudas
• Experimentación biomédica ilícita
Estas modalidades son rutas de explotación en las que el cuerpo, la salud, la voluntad o incluso la vida de las personas, especialmente mujeres y niñas, son objeto de comercio.
La complicidad del Estado y el silencio institucional
Desde el feminismo abolicionista, denunciamos que la trata no puede entenderse como un “crimen aislado” o como una “actividad ilegal” más. La trata con fines de explotación sexual es la institucionalización de la violencia patriarcal: mujeres y niñas reducidas a mercancía, en un sistema que legitima el acceso masculino a sus cuerpos como un “servicio”.
En México, la falta de tipificación adecuada del delito en los códigos locales, la falta de coordinación interinstitucional, y sobre todo, la ausencia de voluntad política real hacen que el combate a la trata sea un discurso vacío. A esto se suma la tolerancia social hacia la prostitución como forma de trabajo, lo cual desde una mirada abolicionista solo blanquea la explotación y borra las condiciones estructurales de violencia que empujan a las mujeres a esas redes.
La trata es violencia estructural
La desaparición de mujeres con fines de trata no es una tragedia inevitable. Es el resultado directo de un entramado de desigualdades sociales, económicas y de género. El acceso desigual a la justicia, la falta de oportunidades, la impunidad y la normalización del uso del cuerpo femenino como objeto de consumo son elementos que alimentan este crimen.
Desde la defensa de los derechos humanos de las mujeres, es urgente:
• Exigir al Estado el cumplimiento de su obligación de prevenir, investigar, sancionar y erradicar la trata con perspectiva de género.
• Tipificar adecuadamente la desaparición con fines de trata como delito agravado.
• Implementar políticas públicas abolicionistas que eliminen toda forma de lucro con el cuerpo de las mujeres, incluyendo la prostitución y los vientres de alquiler.
• Garantizar refugios seguros y acceso real a la justicia para las víctimas y sus familias.
• Educar a la sociedad sobre la diferencia entre consentimiento y coacción, desmontando el mito de la “prostitución voluntaria”.
• Fortalecer la participación de las sobrevivientes en el diseño de políticas públicas.
No queremos un minuto de silencio, queremos justicia
Cada joven desaparecida que no aparece es una deuda del Estado mexicano. Cada cuerpo explotado es un grito que no fue escuchado. La trata no solo destruye vidas, sino que evidencia la crueldad de un sistema que sigue viendo a las mujeres como objetos disponibles, descartables y explotables.
Hoy, desde la trinchera feminista, no pedimos: exigimos.
Justicia. Verdad. Reparación.
Porque mientras haya una mujer desaparecida, ninguna estamos a salvo.
Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 

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