Por Sofía Gamboa
Hace unos días leí una historia en BBC (medio de comunicación público del Reino Unido) que me sacudió profundamente. En Mogadiscio, Somalia, dos jóvenes ingenieras, Fathi Mohamed Abdi y Saadia Ahmed Omar, lideran la construcción de un complejo de diez pisos en una ciudad que, hasta hace poco, era sinónimo de guerra y ruinas. Ellas, con apenas 24 años, están al frente de equipos de hombres, desafiando estigmas, reconstruyendo su ciudad y, sobre todo, reconfigurando el rol de la mujer en un sector históricamente masculino.
¿Por qué me conmueve tanto esta historia? Porque conecta con lo que he vivido y defendido durante toda mi trayectoria. Como mujer mexicana con experiencia en finanzas, tecnología y desarrollo urbano, he trabajado por años en proyectos que buscan transformar nuestras ciudades desde la raíz. He estado en salas de juntas, aulas y obras donde la voz femenina ha sido la excepción, no la norma.
Ver a mujeres jóvenes liderando la reconstrucción de Mogadiscio, capital de Somalia, ciudad costera del Cuerno de África que durante décadas fue devastada por la guerra civil, no solo me inspira: me confirma que el futuro urbano debe construirse con nosotras al frente.
Mujeres que construyen, en Somalia y en el mundo
Lo que ocurre en Somalia no es un caso aislado, pero sí es profundamente simbólico. En un país marcado por décadas de conflicto, las mujeres están encontrando oportunidades en la reconstrucción urbana. No solo como mano de obra, sino como líderes, ingenieras, arquitectas y planificadoras. Programas como Project Rajo, impulsado por ONU-Hábitat, han capacitado a cientos de mujeres en oficios de la construcción, logrando que más del 60% de las colocaciones laborales en 2019 fueran femeninas.
En 2024, el gobierno somalí reportó que más de 1,200 mujeres habían sido capacitadas en oficios técnicos, y que el 35% de los nuevos permisos de construcción en Mogadiscio estaban siendo gestionados por empresas lideradas por mujeres. Esto no solo representa un cambio cultural, sino también económico: las mujeres están generando empleo, atrayendo inversión y redefiniendo el paisaje urbano.
A nivel global, la participación de mujeres en la construcción sigue siendo baja, alrededor del 10% en promedio, pero está creciendo. En países como Canadá, Suecia o Australia, políticas de inclusión, cuotas y programas de mentoría han comenzado a cerrar la brecha. En Noruega, por ejemplo, el 25% de los puestos de liderazgo en empresas constructoras están ocupados por mujeres. En Estados Unidos, iniciativas como NAWIC (National Association of Women in Construction) han logrado aumentar la visibilidad y el acceso de mujeres a puestos técnicos y directivos.
La diversidad en los equipos de obra no solo es una cuestión de justicia: también mejora la productividad, la innovación y la calidad de los proyectos. Según el McKinsey Global Institute, las empresas con mayor diversidad de género tienen un 21% más de probabilidades de obtener rendimientos financieros superiores a la media de su sector. Además, cerrar la brecha de género en sectores como la construcción podría aumentar el PIB global en hasta 12 billones de dólares para 2025. La inclusión de mujeres en proyectos de infraestructura no solo promueve la equidad, sino que también tiene un impacto económico tangible: los equipos diversos tienden a ser más eficientes, innovadores y rentables.
¿Y en México?
En México, la situación es contradictoria. Aunque existen mujeres destacadas en arquitectura e ingeniería, su presencia en obra sigue siendo marginal. Según datos del INEGI (2023), solo el 3% de los trabajadores en el sector construcción son mujeres. Las barreras son múltiples: culturales, educativas, económicas y de seguridad.
Aun así, hay voces que están rompiendo techos de concreto. Recientemente escuché a Diana Muñozcano, directora general adjunta de Grupo Indi (Puentes de acceso al AIFA, Senado de la República, Línea 3 del Cablebus, Ampliación de la Línea 5 del Metrobús, Centros Pilares, paso a desnivel Insurgentes-Mixcoac, Centro Nacional de las Artes, por citar algunos), en el podcast Dalia Talks, donde compartió cómo ha liderado proyectos de infraestructura de gran escala con una visión estratégica, empática y profundamente humana. Su testimonio confirma que el liderazgo femenino no solo es posible en la construcción: es urgente y transformador. Como ella misma expresó: “Medir riesgos con mirada estratégica, construir redes de apoyo y elegir socios que impulsen tu visión son claves para liderar con autenticidad, incluso en sectores tradicionalmente dominados por hombres.”
Programas como Mujeres en la Construcción, impulsados por el INMUJERES y la SEDATU, han capacitado a más de 5,000 mujeres en oficios como albañilería, plomería y electricidad, con una tasa de colocación laboral del 40% en 2022. Además, universidades como la Universidad Tecnológica de Tecámac, la Universidad Tecnológica de León, la Universidad Tecnológica de Tijuana y la Universidad Tecnológica de Puebla han abierto espacios específicos para mujeres en carreras técnicas relacionadas con la construcción, la ingeniería civil y la gestión de obra.
A nivel legislativo, la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres establece la obligación del Estado de promover la igualdad sustantiva en todos los sectores, incluida la infraestructura. Sin embargo, la implementación de estas políticas aún es desigual y, en muchos casos, simbólica. Esto se debe a que muchas iniciativas carecen de presupuesto suficiente, mecanismos de seguimiento o voluntad política real. Además, persisten estereotipos de género profundamente arraigados que limitan la contratación de mujeres en obra, así como condiciones laborales que no consideran sus necesidades específicas, como seguridad, movilidad o conciliación entre trabajo y vida personal.
¿Qué deberíamos aprender de Somalia?
Paradójicamente, un país con menos recursos y más conflictos nos está dando una lección de resiliencia e inclusión. Somalia entendió que reconstruir una ciudad no es solo levantar edificios: es también reconstruir el tejido social. Y para eso, las mujeres son indispensables.
México debería tomar nota. Necesitamos políticas públicas más ambiciosas que integren a las mujeres en todos los niveles del desarrollo urbano. No solo como beneficiarias, sino como diseñadoras, ejecutoras y líderes. Necesitamos invertir en formación técnica, garantizar condiciones laborales seguras y visibilizar a las mujeres que ya están haciendo historia en este sector.
También debemos fomentar alianzas público-privadas que impulsen la contratación de mujeres en proyectos de infraestructura, y crear incentivos fiscales para empresas constructoras que promuevan la equidad de género.
¿Por qué me importa este tema?
Porque llevo más de 15 años trabajando en la intersección entre finanzas, tecnología y desarrollo urbano. He liderado proyectos en el Metro de la CDMX, he asesorado a startups de EdTech y FinTech, y he colaborado con gobiernos y empresas para diseñar ciudades más inteligentes. Pero también he sido testigo de cómo las decisiones urbanas excluyen sistemáticamente a las mujeres, tanto en la planeación como en la ejecución.
Creo firmemente que la transformación urbana debe ser también una transformación de género. No podemos hablar de ciudades inteligentes si siguen siendo diseñadas por y para hombres.
¿Y qué tiene que ver esto con la gentrificación?
Mucho. En la Ciudad de México, las recientes marchas contra la gentrificación nos recuerdan que el desarrollo urbano no siempre es sinónimo de bienestar. Cuando se construye sin perspectiva social, se desplaza. Cuando se planea sin escuchar a las comunidades, se violenta.
Las mujeres debemos estar al frente de esta conversación. No solo como víctimas de la gentrificación, sino como agentes de cambio. Podemos, y debemos, liderar proyectos que combinen desarrollo con justicia social, tecnología con inclusión, crecimiento con equidad.
Pero también debemos entender que los extranjeros no tienen la culpa. Al contrario, debemos verlos como aliados. Su presencia en ciertas zonas ha generado presión para mejorar la seguridad, la infraestructura y los servicios. Lo que necesitamos es una planeación urbana que integre a todas las voces, locales y foráneas, y que priorice el derecho a la ciudad.
Y cuando hablamos de derecho a la ciudad, no podemos ignorar el derecho al transporte digno. Un sistema de movilidad eficiente, seguro y accesible es la columna vertebral de cualquier ciudad justa. En México, millones de mujeres pasan horas en trayectos inseguros, mal iluminados, saturados y costosos. La falta de transporte público de calidad no solo limita el acceso al empleo, la educación y la salud, sino que perpetúa la desigualdad de género.
Este enfoque fue justamente el eje del foro Urban Adda 2025, organizado por la Raahgiri Foundation, en colaboración con ICCT (International Council on Clean Transportation) y GuruJal, y celebrado en Nueva Delhi, donde mujeres urbanistas, activistas y funcionarias públicas de todo el mundo se reunieron para exigir ciudades más seguras e inclusivas. Entre las demandas más urgentes destacaron: transporte público con perspectiva de género, alumbrado inteligente, infraestructura accesible y participación activa de las mujeres en la toma de decisiones urbanas. La consigna fue clara: “No queremos ciudades para mujeres, queremos ciudades con mujeres”.
Desde mi experiencia en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, sé que mejorar el transporte no es solo una cuestión técnica o presupuestal: es una decisión política. Necesitamos invertir en infraestructura, pero también en dignidad. Necesitamos rutas que conecten periferias con centros de oportunidad, unidades seguras para mujeres, y tarifas que no castiguen la pobreza.
Habitar, decidir, transformar
Desde Mogadiscio hasta la CDMX, las mujeres estamos construyendo algo más que edificios: estamos construyendo futuros. Y como Fathi y Saadia, no pedimos permiso. Solo necesitamos que nos dejen trabajar. Pero también exigimos algo más: el derecho a habitar nuestras ciudades plenamente, a movernos con libertad, a decidir cómo y para quién se construye el futuro urbano.
@GamboaSofia
Captura de Pantalla desde Africa Brief y Women Index. Composición LCR
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