LaCostillaRota. 4 de julio, 2025.- A más de siete décadas de que las mujeres en México conquistamos el derecho a votar y ser votadas, el país celebra avances históricos en paridad de género con la primera mujer presidenta constitucional que fue electa democráticamente y un número récord de gobernadoras. Sin embargo, detrás de las cifras que parecen indicar un equilibrio, se esconde una realidad más compleja: la «paridad simulada», un fenómeno que mantiene el poder real y las decisiones clave, en gran medida, en manos de hombres.
El 17 de octubre de 1953 se marcó un antes y un después en la historia de la democracia mexicana. La lucha de generaciones de mujeres culminó en el reconocimiento de su ciudadanía plena. Hoy, 70 años después, el Congreso de la Unión luce una composición paritaria y en 2024, México eligió a su primera presidenta, Claudia Sheinbaum, y se alcanzó la cifra histórica de 13 gobernadoras de las entidades federativas en funciones.
No obstante, expertas, políticas y análisis de organismos de la sociedad civil advierten que estos logros, si bien significativos, no se han traducido en una distribución equitativa del poder. La paridad, en muchos casos, se ha quedado en la postulación y no en el ejercicio efectivo del cargo con autonomía y en posiciones de alta influencia.
El Espejismo de los Números
La «paridad simulada» se manifiesta de diversas formas. Una de las más notorias, aunque combatida, fue la de las «Juanitas», donde mujeres eran postuladas para cumplir con la cuota de género, para luego renunciar y ceder su escaño a un suplente hombre. Si bien las leyes electorales han evolucionado para cerrar estas brechas, la simulación adopta ahora formas más sutiles.
Un análisis de la distribución del poder en los distintos niveles de gobierno en 2024 revela un panorama desigual. Mientras la paridad es una realidad en el Poder Legislativo federal, los gabinetes, tanto a nivel federal como estatal, aún muestran una clara mayoría masculina en las carteras de mayor peso político y económico.
Según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), a excepción de la titularidad de las secretarías de Estado a nivel federal, la presencia de mujeres se diluye conforme aumenta el nivel jerárquico. En subsecretarías y jefaturas de unidad, la balanza se inclina considerablemente hacia los hombres.
El ámbito municipal es otro claro ejemplo. A pesar de los avances, un número significativamente menor de mujeres logra encabezar los ayuntamientos en comparación con los hombres. En muchos casos, los partidos políticos tienden a postular a mujeres en municipios donde tienen menores probabilidades de ganar.
El Poder Detrás del Trono y la Violencia Política
Más allá de los cargos, la pregunta clave es quién toma las decisiones estratégicas y maneja los recursos. Activistas y políticas señalan que, con frecuencia, las mujeres que llegan a puestos de poder se enfrentan a inercias y estructuras partidistas que limitan su capacidad de acción. Se les asignan comisiones de menor relevancia o se les restringe el acceso a presupuestos y redes de influencia.
A esto se suma la persistente violencia política contra las mujeres en razón de género. Según el Registro Nacional de Personas Sancionadas en Materia de Violencia Política, la mayoría de los casos se concentran en el ámbito municipal, el nivel de gobierno más cercano a la ciudadanía y donde las mujeres que ejercen el poder a menudo enfrentan mayores resistencias.
Analistas coinciden en que no basta con tener más mujeres en la política si no se transforman las estructuras y la cultura machista que permea en las instituciones. «La paridad no debe ser solo numérica, sino sustantiva. Se trata de que las mujeres no solo estén, sino que ejerzan el poder en condiciones de igualdad, con agendas propias y capacidad de incidir en las grandes decisiones del país», comenta una legisladora que prefiere mantener el anonimato.
El Reto: De la Paridad Formal a la Igualdad Sustantiva
El camino hacia una democracia verdaderamente paritaria en México aún es largo. Si bien la llegada de una mujer a la presidencia es un hito que puede inspirar a nuevas generaciones y abrir espacios, los retos estructurales permanecen.
Organizaciones feministas y expertas en género urgen a los partidos políticos a asumir un compromiso real con la igualdad, que vaya más allá del cumplimiento de la ley electoral. Esto implica garantizar financiamiento equitativo para las campañas de las mujeres, erradicar la violencia política y promover su liderazgo en todos los niveles de la vida partidista.
A 70 años de haber dado un paso fundamental hacia la igualdad, México se encuentra en una encrucijada. La celebración de los avances no puede opacar la realidad de una paridad que, en muchos aspectos, sigue siendo un espejismo. El verdadero poder, en gran parte, continúa hablando en masculino. La tarea pendiente es romper el techo de cristal no solo para llegar, sino para mandar y transformar.
Foto Composición LCR (Archivo de la Nación y Captura de X)
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