LaCostillaRota. 23 de junio, 2025.- Hace más de cuatro décadas, una física y talentosa tenista llamada Sally Ride inscribió su nombre en la historia. A bordo del transbordador espacial Challenger, no solo viajó a 280 kilómetros por encima de la Tierra, sino que también pulverizó una de las barreras más altas para las mujeres en el siglo XX, convirtiéndose en la primera estadounidense en alcanzar el cosmos.
Nacida en Los Ángeles en 1951, Ride era una estudiante brillante con un doctorado en física de la Universidad de Stanford. En 1977, respondió a un anuncio de la NASA que, por primera vez, buscaba científicos e ingenieros para ser especialistas de misión y abría la puerta a las mujeres. Fue seleccionada entre más de 8.000 solicitantes, uniéndose a la primera clase de astronautas que incluía a mujeres y minorías en 1978.
Su momento histórico llegó el 18 de junio de 1983, cuando, a los 32 años, despegó como especialista en la misión STS-7, convirtiéndose también en la astronauta estadounidense más joven en el espacio hasta ese momento. Durante los seis días de la misión, su pericia fue clave para operar el brazo robótico del transbordador, con el que desplegó y recuperó un satélite, una maniobra pionera en la época.
«El hecho de que voy a ser la primera mujer estadounidense en ir al espacio conlleva muchas expectativas», comentó Ride antes de su vuelo. «Es importante para mí que la gente me vea como una astronauta muy buena que, además, es una mujer».
Ride voló una vez más en el Challenger en 1984, en la misión STS-41-G. Su carrera en la NASA también estuvo marcada por su integridad y liderazgo, sirviendo en las comisiones presidenciales que investigaron las tragedias de los transbordadores Challenger (1986) y Columbia (2003).
Una segunda misión en la Tierra: La educación
Tras dejar la NASA en 1987, Sally Ride emprendió una nueva y apasionada misión: inspirar a los jóvenes, y en particular a las niñas, a seguir carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Se desempeñó como profesora de física en la Universidad de California en San Diego y, en 2001, cofundó la organización «Sally Ride Science».
A través de esta plataforma, desarrolló programas educativos, festivales de ciencias y material didáctico con el objetivo de hacer la ciencia accesible y emocionante. Su lema, «no puedes ser lo que no puedes ver», impulsó su trabajo para ofrecer modelos a seguir y demostrar que los campos científicos no tienen género.
Un legado de inclusión
Sally Ride falleció de cáncer de páncreas el 23 de julio de 2012, a los 61 años. Tras su muerte, se reveló un aspecto de su vida que había mantenido en privado: su pareja durante 27 años fue Tam O’Shaughnessy. Esta revelación la convirtió póstumamente en la primera astronauta lesbiana.
Hoy, el legado de Sally Ride trasciende su histórico vuelo. Es recordada como una pionera que demostró con excelencia que el talento no tiene género, una dedicada educadora que sembró la curiosidad en miles de mentes jóvenes y un ícono de inclusión que continúa inspirando a personas de todo el mundo a «alcanzar las estrellas». En 2013, fue galardonada póstumamente con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil de Estados Unidos, consolidando su lugar como una de las figuras más importantes de la exploración espacial.
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