Por María Elena Esparza Guevara
@MaElenaEsparza
Las redes sociales se han convertido en un tendedero permanente. Durante las fiestas decembrinas, cuando el acoso sexual se intensifica en posadas laborales y reuniones familiares, las mujeres enfrentan una realidad contradictoria: las mismas plataformas digitales donde padecen ciberacoso son también su única vía para denunciar. Según el Inegi, 10.6 millones de mujeres en México fueron víctimas de ciberacoso en 2024. Pero cuando llega el momento de buscar justicia, esas mismas redes se convierten en el espacio donde encuentran escucha y una comunidad que les cree.
En marzo de 2019, el #MeToo mexicano explotó. En apenas dos semanas, entre el 21 de marzo y el 4 de abril, se registraron 424,867 tuits de 230,578 personas denunciando acoso sexual en diversos ámbitos: escritores, periodistas, músicos, académicos. Algunas empresas despidieron a los acusados, pero la mayoría de estas denuncias jamás llegó al Ministerio Público. Las mujeres eligieron Twitter antes que los tribunales, y esto dice más sobre el sistema de justicia que sobre las propias víctimas.
El estudio académico “Why I Didn’t Report” analizó miles de testimonios bajo la etiqueta homónima y encontró ciertos patrones: miedo a no ser creídas, vergüenza, el poder del agresor, y la invalidación de otras personas. A estos factores se suma, en el contexto mexicano, la presión social para no “arruinar la Navidad”. La trabajadora que denuncia al jefe puede perder su empleo; la joven que señala a un pariente enfrenta la ruptura familiar. Según la ENDIREH 2021, el 27.9% de las mujeres de 15 años o más han sufrido violencia en el trabajo, pero en 2022, 66,581 mujeres dejaron su empleo por esta razón. Para muchas, denunciar formalmente no es una opción, es un suicidio profesional o familiar.
La denuncia digital cumple funciones que las instituciones no pueden o no quieren asumir. Primero, nombra lo que ocurre sin maquillarlo como “broma” o “coqueteo”. Segundo, conecta a mujeres que creían estar solas, mostrándoles que sus experiencias son parte de un patrón estructural. Tercero, presiona a empresas y autoridades para reaccionar cuando un caso se hace públicamente visible. El colectivo Periodistas Unidas Mexicanas defendió el anonimato de las denuncias en 2019 argumentando que en un país con tales niveles de impunidad, era la única vía segura. Su encuesta AcosoData reveló que el 73% de las 392 mujeres encuestadas en medios de comunicación habían vivido acoso sexual en el trabajo.
Pero la justicia digital también tiene límites. Como advirtió la antropóloga Marta Lamas en 2019, las denuncias anónimas son un arma de dos filos que no garantizan cambios estructurales. Sin investigación formal, sin debido proceso, sin reparación del daño, el #MeToo puede visibilizar la violencia pero no erradicarla. El suicidio del músico Armando Vega Gil, de Botellita de Jerez, tras ser señalado anónimamente de violador de una niña en #MeTooMúsicosMexicanos encendió un debate sobre los riesgos de un sistema de denuncia sin garantías procesales. Algunas administradoras de cuentas recibieron amenazas y abandonaron el activismo por miedo y agotamiento.
La contradicción es insostenible: las redes sociales no pueden seguir siendo el único espacio donde las mujeres encuentren justicia, pero mientras el sistema formal siga revictimizándolas, seguirán eligiendo la pantalla sobre el estrado. De acuerdo con Ola Violeta, el nuevo pacto comunitario requiere que las empresas asuman responsabilidad por lo que ocurre en sus eventos decembrinos, que las familias dejen de exigir silencio y que las instituciones garanticen caminos seguros para denunciar. Como afirmó Sirpa Rautio de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE: “El acoso sexual es una violación de derechos humanos”. Y las violaciones de derechos humanos no se resuelven con hashtags, por más virales que sean.
En estas fiestas, mientras el acoso se multiplica en posadas y cenas, como documentamos en el reporte de Ola Violeta “Guadalupe Reyes… del acoso”, las mujeres seguirán eligiendo entre un dilema: el silencio cómplice o la denuncia digital imperfecta. Nos toda decir “me too” esta Navidad, pero en el sentido de yo también te creo y yo también te escucho… como amiga, colega, familiar, conocida. La sororidad es un maravilloso regalo.
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