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Se acaban los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, pero no el problema

por Maria Elena Esparza Guevara

Por María Elena Esparza Guevara

@MaElenaEsparza 

Se acaban los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, pero no el problema. Hay algunas formas de violencia ubicadas en el terreno labora que, en pleno siglo 21, parecen sacadas de una película de ficción; lamentablemente son estampas de una realidad desigual. En Etiopía, por ejemplo, según documenta el reporte mensual de noviembre de Ola Violeta, “25N del año 25: Visibilizar la continua vulnerabilidad”, el 86% de las trabajadoras en la industria hortícola sufren acoso sexual en el entorno laboral, pero el 38% ni siquiera conocía el término “acoso sexual” antes de ser encuestadas. Muchas reducían el concepto a la violación, dejando fuera tocamientos no consentidos, comentarios sexuales, chistes ofensivos, miradas intimidatorias.

Lo que no se nombra, literalmente, no existe en el repertorio de lo que se puede denunciar. Y sin lenguaje para identificar la violencia, la posibilidad de defenderse se reduce. Esta falta de vocabulario no es exclusiva de África Oriental. Es un fenómeno global que se repite donde la violencia se ha normalizado hasta volverse invisible. Cuando el acoso se percibe como “parte de la vida de toda mujer” o se culpabiliza a las víctimas por no vestir “recatadamente”, como encontraron investigadores de la Universidad Metropolitana de Manchester, el silencio se convierte en cómplice. Nombrar es el primer paso para hacer visible y combatible una agresión de género.

En México, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social reportó, en 2023, que el 23% de la población había sido víctima de acoso laboral. La última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2021), del Inegi, reveló que 7.9 millones de mujeres han vivido violencia en el trabajo. El 44.4% de quienes admitieron ser víctimas señalaron acoso sexual, según el Gabinete de Comunicación Estratégica. En 2024, 127 mil 950 personas renunciaron debido al acoso o la discriminación, 16% más que el año anterior.

A partir de investigaciones en Kenia, Uganda, Tanzania y Etiopía, donde existen campañas de sensibilización, las trabajadoras identifican más conductas de acoso. El conocimiento funciona como protección. Cuando las empresas establecen políticas claras, protocolos de denuncia y canales seguros, el acoso deja de percibirse como inevitable.

En México existe desde 2020 el Protocolo para la Prevención, Atención y Erradicación del Hostigamiento Sexual y Acoso en los Centros de Trabajo, y el país ratificó el Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo sobre violencia y acoso. Sin embargo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos reporta que de 399 casos registrados entre enero de 2016 y septiembre de 2018 en la Administración Pública, solo en el 1% se impuso una sanción.

El desafío no es solo legislativo. Es cultural, organizacional y empresarial: no debe ser olvidado aunque pasen los 16 Días de Activismo. Este es nuestro trabajo para los 365 de cada año hasta que logremos erradicarlo.

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