LaCostillaRota. 30 de noviembre, 2025.- América Latina enfrenta una configuración de violencias múltiples que desborda los marcos clásicos del conflicto armado. La persistencia del crimen organizado, la violencia urbana, los feminicidios, los conflictos socioambientales y la militarización creciente de la seguridad pública han transformado el panorama regional de seguridad y justicia. Para analizar este escenario desde una perspectiva de género, la Red Amassuru de Mujeres en Seguridad y Defensa de América Latina y el Caribe realizó en la UNAM el Seminario Internacional Retos para la Construcción de Paz en Contextos de Violencia. La agenda completa puede consultarse en este enlace.
Durante dos días, más de 50 integrantes de la Red Amassuru, junto a cerca de veinte panelistas nacionales e internacionales y cientos de participantes conectados virtualmente, discutieron los principales desafíos que enfrentan las mujeres en la región en materia de seguridad, paz y acceso a justicia. El seminario se estructuró en seis paneles temáticos que abordaron: los impactos de la violencia armada y criminal; la negociación y gestión de conflictos; los retos de la justicia transicional; el papel de las instituciones públicas; las experiencias de la sociedad civil; y la participación de mujeres en la toma de decisiones políticas.
Los intercambios de estos paneles mostraron que las violencias que atraviesan la región no responden a categorías aisladas. Las mujeres pueden enfrentar simultáneamente violencia intrafamiliar, amenazas de grupos criminales, acoso urbano, represión estatal o persecución por la defensa ambiental. Las condiciones territoriales, socioeconómicas y raciales influyen tanto en los riesgos como en las estrategias desplegadas por ellas para mediar conflictos, acceder a justicia o construir formas alternativas de seguridad.
Uno de los aportes conceptuales relevantes del seminario fue la discusión sobre la diferencia entre paz negativa y paz positiva. La paz negativa, asociada a la pacificación, se refleja en políticas de securitización, detenciones masivas y militarización de funciones policiales, medidas que buscan gestionar los síntomas de la violencia sin intervenir en sus causas estructurales. Este tipo de respuestas, comunes en distintos países de la región, generan efectos inmediatos pero no transforman factores como desigualdad, impunidad o expansión de economías ilícitas.
La paz positiva, en cambio, se orienta a la transformación estructural: acceso a derechos, fortalecimiento institucional y construcción comunitaria de paz. Este enfoque reconoce que las dinámicas locales y territoriales son fundamentales y que los actores comunitarios, en especial las mujeres, desempeñan un papel clave en la gestión cotidiana de los conflictos. En este sentido, se destacó que las mujeres organizadas aportan estrategias concretas: redes para víctimas, comités de búsqueda, colectivos de documentación de feminicidios, procesos de memoria, mecanismos de mediación comunitaria y organizaciones de defensa del territorio. Estas prácticas constituyen una parte esencial de la arquitectura de paz en la región.
Pero la contribución de las mujeres no se limita a los espacios comunitarios: también está transformando las instituciones encargadas de la seguridad, la investigación y la inteligencia. Su presencia en estas áreas introduce perspectivas más integrales, menos punitivas y más sensibles a los derechos humanos; aporta capacidades de análisis territorial, de trabajo con comunidades y de lectura de riesgo más contextualizada; y abre fisuras en culturas organizacionales tradicionalmente masculinizadas. La incorporación de mujeres en fuerzas de seguridad e inteligencia no es solo una cuestión de representación, sino un componente estratégico para construir instituciones capaces de responder a las violencias complejas que enfrenta América Latina.
El seminario también dialogó con la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad, en el marco de los 25 años de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y dentro de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género. Sin embargo, varios paneles señalaron la importancia de adaptar esta agenda a los contextos latinoamericanos, donde la violencia no siempre se expresa como conflicto armado formal. La participación de las mujeres debe ampliarse no solo en procesos de negociación o diplomacia, sino también en instituciones de seguridad, investigación e inteligencia, donde su presencia contribuye a enfoques más integrales y menos autoritarios.
Si algo quedó claro en estos dos días es que no podemos seguir trabajando con cajas separadas: seguridad para el crimen organizado, paz para los conflictos armados, género para la violencia doméstica. La vida de las mujeres en la región muestra que todas estas dimensiones están estrechamente entrelazadas. Una política pública que no reconozca esa interdependencia corre el riesgo de reproducir vacíos estructurales y respuestas ineficaces. El seminario mostró que avanzar hacia enfoques integrados (territoriales, interseccionales y sensibles al género) es indispensable para comprender y transformar las violencias contemporáneas.
El encuentro representa un paso relevante en la articulación de mujeres expertas en seguridad y defensa en América Latina y el Caribe. La diversidad de trayectorias institucionales, comunitarias y académicas reunidas permitió identificar desafíos comunes, oportunidades de cooperación regional y líneas de trabajo que la Red Amassuru continuará impulsando.
Para conocer más sobre la Red Amassuru, visite: https://sites.google.com/view/amassuru/español?authuser=1
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