Por Anabel Abarca
Los avances en materia de derechos de las mujeres no se pierden de un día para otro. Se desgastan lentamente, se erosionan con cada presupuesto recortado, con cada programa suspendido, con cada refugio que cierra sus puertas porque ya no hay fondos para pagar la renta ni el salario del personal que salva vidas. También se debilitan con los discursos propagados desde el poder que buscan que las mujeres pierdan lo ya ganado. Esa es la radiografía que deja el nuevo informe de ONU Mujeres, “En riesgo y sin financiación suficiente”, publicado este lunes.
De las 428 organizaciones de derechos de las mujeres encuestadas, una de cada tres ha tenido que suspender o cerrar programas contra la violencia de género, y más del 40% ha recortado servicios esenciales como refugios, atención psicológica o asistencia legal. Detrás de estas cifras hay mujeres que regresan con su agresor, niñas sin apoyo y comunidades que pierden las redes de protección construidas durante décadas.
La paradoja es brutal: en el momento en que la violencia se recrudece, los recursos para combatirla disminuyen. El 78% de las organizaciones encuestadas reporta menos acceso a servicios, mientras que el 59% percibe un aumento de la impunidad y la normalización de la violencia. Sin acompañamiento, sin justicia y sin prevención, el mensaje es claro: la vida de las mujeres vale menos cuando los presupuestos se ajustan.
Kalliopi Mingeirou, responsable de ONU Mujeres, fue contundente: “Las organizaciones de derechos de las mujeres son la columna vertebral del progreso”. Pero hoy esa columna está fracturada. Solo el 5% de las organizaciones cree que podrá sostenerse más de dos años. ¿Cómo exigir leyes efectivas si ni siquiera hay quien pueda implementarlas?
A la falta de recursos se suma una reacción política y cultural contra los derechos de las mujeres en uno de cada cuatro países. Los discursos de odio y la desinformación han conseguido algo que parecía imposible: que retrocedan las garantías conquistadas tras décadas de lucha. Lo más alarmante es que muchas organizaciones ya no pueden dedicar tiempo a la incidencia política, porque su prioridad es sobrevivir. ¿En manos de quiénes estamos, entonces?
El informe llega justo cuando el mundo conmemora los 30 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, aquella hoja de ruta que soñó con una igualdad real. Treinta años después, seguimos discutiendo lo mismo: la violencia contra las mujeres es una violación a los derechos humanos. Lo sabemos, lo medimos, lo denunciamos, pero no lo financiamos.
Porque la igualdad no se logra con discursos en los foros internacionales, sino con presupuestos nacionales. Porque es en el presupuesto donde realmente se reflejan las prioridades.
Porque la justicia de género no se improvisa: se invierte, se sostiene y se protege.
Y si los gobiernos no lo hacen, los logros de las últimas tres décadas se perderán en el silencio de los refugios cerrados.
Referencia
ONU Mujeres. (2025, 27 de octubre). Los recortes a la ayuda asfixian a las organizaciones contra la violencia machista en el mundo: una de cada tres ha cerrado o suspendido programas [Artículo de prensa]. UN News en español. Recuperado de https://news.un.org/es/story/2025/10/1540636
Imagen creada con IA por LCR
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