Octubre y la urgencia de tocarnos

por Maria Elena Esparza Guevara

Por María Elena Esparza Guevara

@MaElenaEsparza

El rosa inunda ciudades, redes sociales y conversaciones; es útil para visibilizar pero trae consigo el riesgo de romantizar una batalla muy dura. Más allá del simbolismo, octubre, el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, nos confronta con una realidad apremiante: En México, según INEGI, el de mama es la principal causa de muerte por cáncer en mujeres mexicanas, con más de 7 mil 800 defunciones anuales. La Organización Mundial de la Salud reporta que a nivel global se diagnostican alrededor de 2.3 millones de casos nuevos cada año, lo cual convierte a esta enfermedad en la más frecuente entre las mujeres.

Lo que estas cifras revelan no es solo un problema de salud pública, sino una conversación pendiente sobre cómo cada adolescente, cada mujer se relaciona con su propio cuerpo. Paradójicamente, la autoexploración mamaria sigue siendo un territorio inexplorado para muchas. No por falta de información, sino quizá por el pudor cultural que enseña a ignorar las propias señales corporales.

El IMSS indica que cuando el cáncer de mama se detecta en etapas tempranas, la tasa de supervivencia supera el 90%. Sin embargo, datos de la Secretaría de Salud revelan que, en México, el 60% de los casos se diagnostica en etapas avanzadas, cuando las opciones de tratamiento son más limitadas y agresivas. Esta brecha entre lo posible y lo real habla de la distancia que las mujeres mantienen con su cuerpo, de esas semanas o meses en que ignoran una bolita, un cambio en la textura, una irregularidad que les incomoda nombrar.

La autoexploración no es paranoia ni obsesión. Es un poderoso acto de lo que en Ola Violeta llamamos conciencia corporal preventiva: saber cómo se siente el seno normalmente, reconocer su silueta única, advertir de inmediato cuando algo cambia. Mirarlo al desnudo antes o después de cada ducha, con todos los prejuicios y cargas sociales que esto implica enfrentar.

Hablar de autoexploración sin referir el elefante blanco de la falta de acceso a derechos de salud sería incorrecto. Según el Observatorio Global del Cáncer, México enfrenta desigualdades en el acceso a mastografías y tratamiento oportuno, sobre todo en zonas rurales. La detección temprana no solo depende de que las mujeres se exploren, sino de que existan servicios de salud accesibles, máquinas para mastografías disponibles y personal capacitado para utilizarlas y atender a las pacientes.

Octubre Rosa es algo más profundo que usar un listón o compartir una publicación. Convoca a las mujeres a reconciliarse con la vulnerabilidad de habitar un cuerpo, a normalizar conversaciones sobre cambios mamarios sin dramatismo pero tampoco indiferencia, a exigir sistemas de salud que respondan con la misma urgencia que requiere esta enfermedad. Porque detrás de cada estadística hay una mujer, una historia, una oportunidad de intervención que pudo cambiar un destino.

La conciencia corporal es, finalmente, un ejercicio de presencia y conocimiento. De estar aquí, habitando el propio cuerpo, atenta a sus mensajes y cambios cotidianos. Implica reconocer que el organismo no es un objeto externo que se observa, sino el territorio desde donde se experimenta la vida.

La autoexploración, una manera de conciencia corporal, no requiere de conocimientos médicos especializados, solo disposición para notar lo diferente, lo nuevo, lo que antes no estaba. No desde el miedo, sino desde el cuidado. Es nuestro derechos.

 

Foto:@pbxstudi

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

 

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