La frustración sexual enfermiza de los jóvenes

por Angelica De la Pena

Por Angélica de la Peña

Lex Ashton de 19 años llegó encapuchado y con una navaja el 22 de septiembre al CCH Sur; asesinó a Jesús Israel de 16 e hirió a un trabajador administrativo. Al verse sometido emprendió la huida cayendo desde un tercer piso; hoy está en el hospital, al salir va a enfrentar a la justicia como homicida.

La investigación de la Fiscalía de la Ciudad de México descubrió que pretendía asesinar a seis personas. Este tremendo hecho ha puesto a las autoridades de la UNAM en alerta, también inscribe al país en una preocupante discusión que ya está instalada en otros países.

Recordemos un caso similar hace 11 años en Santa Bárbara, California, donde el joven Elliot Rodger emprendió un tiroteo dejando al menos seis personas muertas y varias heridas, para después suicidarse. La investigación encontró en sus redes el siguiente mensaje: “No soy el típico chico encantador que a todas les guste. Soy un chico lleno de odio, odio contra todas las mujeres por rechazarme”.

Elliot y Lex del CCH Sur tienen algo en común: participaban en grupos de “incel”, abreviatura de “involutary celibate”, un movimiento de jóvenes heterosexuales célibes que tienen serios problemas para relacionarse con mujeres a las que acusan de frívolas, inaccesibles y que solo buscan relacionarse con jóvenes apuestos y con dinero.

Estos grupos de “incels”, suman miles en todo el mundo, y se caracterizan por su gran misoginia y rencor hacia el sexo opuesto por sentirse rechazados por ellas, son antisociales y violentos contra otros que consideran afortunados a partir de ciertos estereotipos; transforman su frustración en odio frente a lo que consideran como injusticia sexual. Estos jóvenes han normalizado la glorificación de actos vengativos, ante su animadversión a las mujeres.

Debemos cuestionarnos cómo detectar y atender a tiempo a estos jóvenes con desórdenes mentales o de comportamiento, que culpan a las mujeres porque les niegan su “derecho” a la sexualidad; cómo darles atención psiquiátrica en el marco de un ambiente familiar y social que por desgracia es incapaz para vigilarles cuando invocan su derecho a la intimidad y fraguan crímenes desde su comunidad en línea. Este problema difícilmente puede ser detectado porque es prácticamente imposible adentrarse minuto a minuto, en lo que las niñas, niños y adolescentes ven en sus celulares, tablets o laptops. La era digital se nos vino encima como una gran nube sin que tengamos capacidad para reaccionar, cuando llegan otras informaciones buscando cerebros adonde adherirse. No hay ningún control sobre esos mensajes y menos sobre quienes los envían. Y la niñez y adolescencia son las víctimas que sobreviven en estas sociedades líquidas.

Este grave problema fue la trama de la serie británica de Netflix llamada Adolescencia, donde un chico de 13 años apuñala a una compañera del colegio. La serie ha develado un problema respecto del cual no se tiene mayor información, hasta que la opinión pública se impacta frente a hechos como el acontecido en la UNAM.

Por lo pronto maestros y maestras del CCH Sur se manifestaron frente a Rectoría para exigir condiciones de seguridad. En sus demandas enfatizaron que desde hace meses advirtieron sobre un ambiente de violencia en su plantel. Solicitan cámaras, detectores de metales, mochila segura y sanciones a alumnos que incurran en violencia. Pero el problema no sólo esta ahí.

Defensora de derechos humanos

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

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