El arte de vincularnos: Cuando la paz se pinta en colectivo

por Paloma Cecilia Barraza Cárdenas

 Por Paloma Cecilia Barraza Cárdenas

Tequio, es un término ancestral que significa trabajo comunitario, servicio colectivo o solidaridad puesta en acción. Enraizado en nuestras culturas originarias, esta práctica no remunerada es una forma de afirmar que el entramado humano se sostiene cuando todas las personas aportan su esfuerzo para el bien común. El famoso granito de arena que, sumado a otros, puede equilibrar la balanza.

Hace unos días, en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), recibimos la invitación de sumarnos a la Segunda Jornada Nacional de Tequios y Murales por la Paz y contra las Adicciones, una estrategia del gobierno federal mexicano cuyo objetivo es movilizar a las juventudes para intervenir espacios públicos a través del arte, y, con ello, fortalecer los lazos sociales.

El conocimiento también debe ponerse al servicio de la sociedad. Las universidades, además de ser espacios de formación académica, deben configurarse también como entes sociales comprometidos. Hay que dialogar con la comunidad, ensuciarnos las manos de colores, compartir ideas y colaborar en iniciativas donde la tradición, el arte y la cultura se crucen. En este sentido, celebro la participación de la UJED en actividades destinadas a promover destreza, convivencia y cultura.

Un mural es, ante todo, un manifiesto colectivo: la expresión de voces múltiples fundidas en un mismo mensaje de historia, unidad, identidad o transformación social. Así, nos envolvimos en esta iniciativa con profundo compromiso, conscientes de que nuestra responsabilidad se extiende a la construcción de ciudadanía, de espacios de paz, de conversación y encuentro. Con estos lienzos urbanos embellecemos un espacio físico, claro, pero también pintamos símbolos de posibilidad, justicia e igualdad.

El reto fue grande porque, aunque en el IIJ la actitud nunca falta, necesitábamos una guía artística. Y no es sencillo encontrar a quien, de manera voluntaria y altruista, deje el corazón en los muros. Por ello, quiero reconocer la enorme aportación de nuestra diseñadora y coordinadora estrella, Gloria Cárdenas Barraza, quien con su talento dio vida a esta obra que hoy sentimos profundamente nuestra.

Gloria es artista, y su mente creativa supo captar con rapidez el mensaje que deseábamos transmitir y convertirlo en imagen. La intención fue entrelazar tres elementos esenciales para nuestro tiempo: mujeres, paz y justicia. Porque, aunque el arte es subjetivo y cada mirada descubre en él una emoción distinta, una memoria personal o una reflexión íntima, hay imágenes destinadas a atravesar toda individualidad y enunciar un lenguaje común. En esa paradoja, en esa caótica belleza, descansa la potencia de esta superficie narrativa.

Ya teníamos capitana, pero toda embarcación necesita también cargamento y tripulación. En este punto, mi colega y gran amiga Jennifer de la Torre se convirtió en pieza clave: consiguió escaleras, brochas y andamios. Sin sus gestiones, sus ideas y sus recursos, este proyecto tampoco habría sido posible. Ni tan ameno. Ni tan poderoso. A ello se sumó la fuerza de la colectiva Tribu Durangueña, con quienes lanzamos una convocatoria para invitar a voluntarias. Muchas jóvenes respondieron y dejaron su huella en la obra. Porque de eso se trata, ¿no? De vincularnos con la sociedad y de entender que la paz se pinta de manera colectiva.

El personal académico y administrativo del IIJ también se hizo presente: hubo quien donó pintura, quien trajo aguas frescas, quien regaló palabras de aliento. Cosas que nunca sobran y hacen toda la diferencia. Así, la idea inicial fue tomando forma poco a poco. La convivencia adquirió vida propia y, además de encantarnos con el resultado, construimos nuevas anécdotas y amistades que hacen de esta experiencia algo mucho más duradero y especial. Gracias a todas aquellas personas que vinieron a sumar su tiempo, energía y entusiasmo.

Este proyecto, nos mostró también que la vida universitaria trasciende los cubículos y los salones. Fue conmovedor ver cómo la familia se entrelazaba en la obra: la prima que compartió su talento, el bebé que dejó su pincelada de color, el esposo siempre paciente y solidario, el padre que donó materiales, las amistades que jamás nos dejan solas, el sobrino que prestó la bocina, la hermana que la llevó, el tío que corrió por más pintura cuando se agotó y la madre que, sin miedo, se subió a pintar en los andamios. Esos gestos, esas manos, esos trazos, son amor colectivo.

Y todo este amor, se filtra en el significado del mural. El rostro de una mujer, en tonos intensos y contrastantes, encarna la fuerza, la dignidad y la resistencia de las mujeres que, históricamente, han sido custodias de la vida, constructoras de comunidad y portadoras de cambios sociales. Su mirada fija, penetrante, nos dice que la paz no es un estado pasivo, sino un proceso que exige vigilancia, constancia, compromiso y acción.

La paloma, símbolo de paz, vuela aquí ligera pero firme, como una invitación a imaginar futuros donde la violencia ceda lugar al entendimiento y a la empatía. A su lado, la balanza se despliega para enunciar que no hay paz sin justicia, ni justicia sin igualdad. La balanza equilibra, pero también interpela y exige reparar las asimetrías que atraviesan con crueldad la vida social, política y cultural.

Las universidades públicas son guardianas de la memoria, pero también arquitectas del futuro. Esta narrativa visual es, en sí misma, otra forma de construir identidad: abrir las puertas, crear vínculos, tejer colectividad. El conocimiento, el arte y la educación pueden y deben estar al servicio de la sociedad. Porque la paz y la justicia son conquistas que se construyen juntas, con la comunidad y para la comunidad.

Foto: Jorge Valenzuela

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

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