Por Sofía Gamboa
En un país donde el sistema financiero ha sido históricamente diseñado por y para hombres, nace una red que no pide permiso. No es una cuota, no es una campaña de marketing, no es una mesa de diálogo para la foto. Es una estructura viva, colaborativa, rotativa y multisectorial que busca transformar desde adentro la Red de Mujeres en el Sector Financiero, lanzada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en el marco de la 10ª Convención de la Asociación Mexicana de Sociedades Financieras Populares, los días 3 y 4 de septiembre de 2025 en el Hotel Sumiya, ubicado en Jiutepec, Morelos.
Esta red no es un gesto simbólico. Es una respuesta estructural a una pregunta que muchas hemos hecho en voz baja y otras en voz alta: ¿cuándo será el liderazgo femenino una norma y no una excepción en las finanzas mexicanas?
Nace dentro del Comité Interinstitucional para la Igualdad de Género en las Entidades Financieras, con el objetivo de consolidar un espacio colaborativo para mujeres del sector. Su misión es clara: impulsar el liderazgo, el desarrollo profesional y la autonomía económica de las mujeres. Pero lo que la distingue no es solo su propósito, sino su diseño: gobernanza rotativa, alianzas estratégicas, mentoría, formación continua y reconocimiento profesional.
Marlene Garayzar, presidenta del Consejo Directivo de la AMS, lidera el primer periodo de esta red, enfocada en tres ejes: mentoría, capacitación y visibilidad. La red conecta mujeres en distintos niveles del sector financiero: desde colaboradoras en Sofipos hasta directoras generales. Aunque el 56% de los 8 mil colaboradores en estas sociedades son mujeres, solo siete ocupan puestos de liderazgo. La red busca cambiar esa proporción, no desde la imposición, sino desde la construcción de capacidades, comunidad y reconocimiento.
Su modelo de gobernanza rotativa rompe con la lógica vertical que ha dominado el sector. Propone una forma de liderazgo más horizontal, más inclusiva, más humana. Y eso importa. Porque México necesita una transformación profunda en cómo se piensa, diseña y ejecuta la política financiera. Y esa transformación no puede hacerse sin las mujeres.
La brecha de género en el acceso a servicios financieros sigue siendo brutal. Menos acceso al crédito, menos representación en consejos, más barreras invisibles. Esta red no solo visibiliza esos problemas, sino que propone soluciones concretas. Alivia el aislamiento, la falta de referentes, la idea de que hay que ser “la única” en la sala para tener voz. Alivia la desconexión entre las políticas públicas y las realidades vividas por las mujeres. Promete comunidad, formación, acompañamiento. Promete que el liderazgo femenino será reconocido y potenciado. Promete que el sector financiero mexicano puede ser otro: más justo, más diverso, más innovador.
Y no está sola. En Centroamérica y Sudamérica, iniciativas similares empiezan a tomar forma. En Guatemala, El Salvador y Honduras, ONU Mujeres impulsa el Programa Ecosistema Financiero Inclusivo, que busca cerrar las brechas de género en el acceso al capital y a los mercados. En Bolivia, plataformas como Munay usan inteligencia artificial para conectar mujeres emprendedoras con financiamiento y conocimiento. En Perú y Colombia, startups como Velara Fintech y Primer Latam SAS crean redes de empoderamiento financiero que combinan asesoría, crédito y conexión con fondos filantrópicos.
Pero no todo es tecnología. En el Foro GLI LATAM 2025, líderes del sector coincidieron en que la igualdad no avanza sin inversión. Carolina Lobo Guerrero, CFO de Viwala, lo dijo sin rodeos: “Una mujer es 90 % más probable que pague su deuda que un hombre”. Y sin embargo, muchas siguen enfrentando productos financieros mal diseñados y sesgos que las perciben como menos capaces.
La buena noticia es que las redes están creciendo. La mala, es que no lo hacen lo suficientemente rápido. La expansión de iniciativas como la Red de Mujeres mexicana depende de voluntad política, financiamiento con enfoque de género y colaboración regional. México tiene la oportunidad de convertirse en referente. Esta red puede ser exportada, adaptada, replicada. Puede convertirse en un modelo de gobernanza colaborativa que inspire a otros países.
Porque si algo ha demostrado América Latina, es que las mujeres no esperan a que el sistema cambie: lo rediseñan.
@GamboaSofia
Foto desde Instagram
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