El trabajo infantil, la afrenta más invisible

Quienes están en los espacios de poder, no les interesan las niñas y los niños, son invisibles. Entre las diversas penurias, hay un flagelo que sigue afectándoles a su desarrollo humano: el trabajo infantil

por Angelica De la Pena

Por Angélica de la Peña

Los principales mandatarios del mundo tienen sus ojos puestos en cómo imponer ventaja a sus propósitos políticos, de expansión, imposición religiosa, económica y cultural; también de predominio sobre la oposición, e incluso de ínfulas imperialistas.

No piensan en las niñas y niños, que nada deben y a todo temen: el horror de ser víctimas de una guerra, quedar heridas, heridos o mutilados, sufrir hambruna, sin hogar, quedar en orfandad, o morir. Emigrar en condiciones deplorables y de gran riesgo con su familia, o solos y solas; cada vez emigran sin compañía de una persona adulta, con las amenazas de sobrevivir el martirio de la trata con diversos fines de explotación; y si llegan a lo que creen es un buen puerto, sobrevivir con miedo por la animadversión hacia su color de piel y apariencia física.

Las niñas y los niños son víctimas inocentes, dice la crónica cotidiana. En realidad son víctimas en un mundo donde quienes lo dirigen desde sus espacios de poder, no quieren aceptar que el futuro de la humanidad ciertamente depende de cómo formemos a las nuevas generaciones para que sean doctas para corregir, los retos de la urgente sostenibilidad del planeta, y para ser congruentes con la Declaración Universal de los Derechos Humanos que nos recuerda después de la Segunda Guerra Mundial que somos una sola familia humana.

Quienes están en los espacios de poder, no les interesan las niñas y los niños, son invisibles. Entre las diversas penurias, hay un flagelo que sigue afectándoles a su desarrollo humano: el trabajo infantil. Desde el 2000, con la influencia de la Convención Sobre los Derechos de la Niñez (ONU 1989) y los acuerdos del plan mundial inscrito en Un Mundo Apropiado para las Niñas y Niños (1999) y el Convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo OIT (1973) que señala cuáles actividades ilegales están inscritas como peores formas de trabajo infantil que incluye la pornografía, lenocinio y turismo sexual infantil, se ordena que cada país proteja, promocione, prevenga y fomente la participación de niñas y niños. Se señala que madres, padres o o quienes ejerzan la tutoría tienen la potestad de cuidar a su familia, y sobretodo establece que cada Estado nacional tiene la obligación de proveer lo necesario para garantizar los derechos humanos de la niñez y su futuro con certidumbre.

Aunque las cifras sobre trabajo infantil han decrecido justo por el marco jurídico arriba mencionado, la OIT señala hay 138 millones de niñas y niños son víctimas de trabajo infantil; de los cuales 78 millones son niños y 59 millones son niñas; 54 millones realizan trabajos peligrosos.

Para erradicar el trabajo infantil en México, es necesario enfrentar los retos multifactoriales que impiden las niñas y los niños sean felices desde ahora; entre ellos lograr la atención de su entorno, su salud y bienestar, y que quienes no van a la escuela, sean incorporados a la educación y se atienda a quien aún es analfabeta. Urge se remonte su pobreza y se logre tengan alternativas de una buena vida, incluyendo por supuesto prevenir no sean cooptados por las delincuencias.

Es necesario insistir que la mejor inversión de un país es la educación. Y ya es tiempo de revisar si esa Nueva Escuela Mexicana está formando a la niñez y adolescencia para enfrentar un mundo que se debate entre la Inteligencia Artificial y las guerras y no deserten de la escuela.

 

Foto de rollover de Getty Images Signature, desde Canva PRO

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