Más allá de la retórica política, ¿existen mecanismos que garanticen la presencia de las mujeres en las mesas de seguridad reflejando la transformación profunda en la manera en que entendemos la paz?

por Amassuru Mujeres en Seguridad

AMASSURU | MUJERES EN SEGURIDAD

Por Mtra. María del Carmen Sánchez Mora y  Lic. Regina Aracely Pérez Cárdenas

La inserción de las mujeres en el ámbito de la seguridad en México ha ido en aumento en las últimas décadas, sin embargo, su presencia sigue siendo limitada, particularmente en las jerarquías y las esferas de toma de decisiones estratégicas. A pesar de que cada vez son más las mujeres que pasan a formar parte de las corporaciones de seguridad pública, de las instituciones militares y de las agencias de procuración de justicia, las cifras indican que continúa persistiendo una brecha considerable en cuanto a la representación y a las posiciones de alto rango.

De acuerdo con el Censo Nacional de Seguridad Pública Federal 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las corporaciones policiales son las instituciones que tienen la mayor participación de mujeres dentro del sector seguridad, pues representan aproximadamente 28.8% del personal, frente a 71.2% de hombres. No obstante, al analizar la composición interna de estas corporaciones se observan diferencias relevantes según el tipo de funciones que desempeñan. En las áreas operativas, particularmente en funciones vinculadas con la policía preventiva, la participación de mujeres es menor, alcanzando alrededor de 21.8% del personal. En corporaciones que realizan funciones específicas como policía bancaria, comercial o auxiliar, la presencia de mujeres se incrementa ligeramente hasta 23.7%, mientras que en áreas como policía de tránsito, movilidad y seguridad vial se registra una participación más alta de mujeres, que llega aproximadamente al 34.4% del personal.

Las divergencias también se evidencian en la distribución de los grupos por áreas funcionales, ya que en los puestos de mando el 32.9% son mujeres frente al 67.1% de hombres, lo que pone de manifiesto que el acceso de las mujeres a posiciones de toma de decisiones sigue siendo restringido. En contrapartida, en función de las áreas directivas administrativas las mujeres son el 51.6% del total del personal, superando ligeramente a los hombres (48.4%), lo que deja entrever una tendencia a la concentración de las mujeres en áreas funcionales de administración. 

A su vez, al analizar la titularidad de las Secretarías de Seguridad Pública a nivel estatal se observa una brecha, pues de las 32 entidades federativas del país, actualmente solo una mujer ocupa actualmente ese cargo, Marcela Muñoz Martínez, quien encabeza la institución de seguridad pública en el estado de Campeche. En consecuencia, más del 96% de estos cargos de liderazgo en materia de seguridad pública continúan siendo ocupados por hombres.

En lo que respecta a la Procuración de Justicia, si bien actualmente, la Fiscalía General de la República está dirigida por Ernestina Godoy Ramos, la realidad es que a nivel entidad federativa tan solo seis Fiscalías estatales son encabezadas por mujeres, lo que representa aproximadamente un 18.8% del total. Por su parte, dentro de la estructura de las cinco Fiscalías Especializadas en el ámbito federal, únicamente dos tienen a mujeres como titulares: la Fiscalía Especializada en Materia de Combate a la Corrupción, con María de la Luz Mijangos Borja como titular y la Fiscalía Especializada en Materia de Derechos Humanos con Mariana Díaz Figueroa. Aunque bien, se trata de una cifra superior en comparación con la correspondiente a la Secretarías de Seguridad estatales, sigue dando cuenta de la subrepresentación de las mujeres en los niveles más decisorios.

En contraste, en instituciones de carácter militar la proporción es considerablemente menor. De acuerdo con los datos oficiales de la Secretaría de Defensa Nacional (Defensa) el Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos las mujeres representan alrededor del 16% del personal, mientras que en la Guardia Nacional constituyen aproximadamente 21.9%. En el caso de la Secretaría de Marina, la participación femenina representa el 26% del total de efectivos.

Para entender este panorama, es indispensable tomar en cuenta el contexto histórico, ya que si bien, en 1938 se permitió el ingreso de las mujeres al ámbito militar a través de la creación de la Escuela Militar de Enfermeras, durante varias décadas su incursión se vio limitada a funciones puramente sanitarias y de apoyo, sin acceso a las carreras militares de armas, ni a los planteles de formación de los oficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada. Esta circunstancia restringió la posibilidad de construir trayectorias completas dentro de la estructura de mando de las Fuerzas Armadas. No fue sino hasta 2007 cuando se permitió el ingreso de mujeres a los principales planteles de formación militar del país, en especial al Heroico Colegio Militar, y a la Heroica Escuela Naval Militar. Esta decisión mostró un giro significativo en la institución, pues por primera vez, las mujeres pudieron formarse como oficiales de carrera, permitiendo el desarrollo de trayectorias profesionales dentro de la estructura de mando del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de México. A partir de este momento, las mujeres comenzaron a incorporarse poco a poco a diferentes especialidades y funciones operativas dentro de las Fuerzas Armadas. No obstante, el acceso pleno a todas las armas del Ejército Mexicano se consolidó entre 2013 y 2014, como parte de un proceso de modernización institucional, pues las limitaciones se eliminaron, permitiendo que las mujeres accedieran formalmente a armas operativas como infantería, caballería, artillería y arma blindada, lo que marcó un avance significativo hacia la apertura de las trayectorias militares en igualdad de condiciones.

En este sentido, es fundamental considerar que las trayectorias institucionales dentro de las Fuerzas Armadas suelen requerir más de 35 años de servicio para alcanzar los rangos más altos del escalafón militar. Si se toma en cuenta que las primeras generaciones de mujeres comenzaron a ingresar a las academias militares en 2007, su tiempo de carrera actualmente ronda los 18 años de servicio, por lo que muchas de ellas apenas se encuentran en el tránsito hacia grados intermedios dentro de la estructura militar. En consecuencia, aún no cuentan con la antigüedad necesaria para aspirar a los niveles superiores del mando.

Este hecho refleja un desfase generacional dentro de las instituciones militares, pues mientras que los hombres han tenido acceso a trayectorias completas dentro de las Fuerzas Armadas durante más de un siglo, la incorporación de mujeres a las carreras de mando es un fenómeno relativamente reciente. Esta situación permite comprender por qué en la actualidad no existe aún una mujer con el grado de General de División, el rango más alto dentro del Ejército Mexicano. Incluso en los niveles inmediatamente inferiores la brecha sigue siendo considerable: en el grado de General de Brigada se registra una mujer frente a aproximadamente 170 hombres, mientras que en el grado de General Brigadier existen ocho mujeres frente a alrededor de 230 hombres.

Una situación similar se observa en la Armada de México. En los niveles más altos de la jerarquía naval no se registra actualmente ninguna mujer con el grado de Almirante ni de Vicealmirante. El único rango superior donde se identifican mujeres es el de Contraalmirante, donde existen aproximadamente cinco mujeres frente a cerca de 196 hombres.

En conjunto, estas cifras evidencian que, aunque existe un avance progresivo en la incorporación de mujeres al sector seguridad, su presencia sigue siendo minoritaria dentro de estructuras institucionales históricamente masculinizadas. Además, los datos sugieren la persistencia de patrones de segregación ocupacional, donde las mujeres tienden a concentrarse en áreas administrativas o de apoyo, mientras que los hombres continúan predominando en funciones operativas y en los niveles superiores de mando.

Este complejo panorama nacional también debe analizarse a la luz de los compromisos internacionales asumidos por el Estado mexicano en materia de seguridad e igualdad de género. En particular, la agenda de “Mujeres, Paz y Seguridad”, derivada de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, subraya la importancia de la participación activa de las mujeres en la construcción de la paz y la seguridad. En este marco, México presentó en 2021 su primer Plan de Acción Nacional para la implementación de dicha resolución (PNA-1325), mediante el cual se comprometió, entre otras acciones, a promover una mayor participación de las mujeres en las instituciones de seguridad y en los procesos de toma de decisiones.

En línea con este instrumento, México reconoce la necesidad de fortalecer la participación de las mujeres en escenarios de conflicto, por lo que se comprometió a incrementar su presencia en roles estratégicos dentro de las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, particularmente como observadoras militares y en unidades especializadas. En este sentido, México ha desplegado a 42 mujeres de sus Fuerzas Armadas en misiones de paz de las Naciones Unidas en países como Colombia, Malí, Sahara Occidental, República Centroafricana y la región de Cachemira. Actualmente se encuentran desplegadas 10 mujeres mexicanas en estas misiones, lo que equivale aproximadamente al 40% del total del personal mexicano asignado a dichas operaciones.

En este contexto, el Centro de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz (CECOPAM), institución adscrita a la Secretaría de la Defensa Nacional, desempeña un papel central en la preparación del personal militar y civil mexicano que participa en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. La institución tiene como objetivo capacitar a los denominados “cascos azules” mexicanos en derechos humanos, protección civil y ayuda humanitaria.

Actualmente, el CECOPAM se encuentra bajo la dirección de la Teniente Coronel Enfermera de Estado Mayor María del Rosario Cardoso Reyes, quien cuenta con más de tres décadas de trayectoria dentro de las Fuerzas Armadas mexicanas y se convirtió en la primera mujer en asumir el mando de esta institución. Ingresó al Ejército en 1994 como enfermera militar y posteriormente participó entre 2018 y 2019 como oficial de Estado Mayor en la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA). Su experiencia en operaciones internacionales de paz le permitió integrarse en equipos multinacionales y participar en tareas de capacitación y coordinación dentro del componente militar de la misión. 

Y hoy, ¿seguiremos conformándonos con la foto o exigiremos que las mujeres ocupen la silla donde se decide el futuro de la seguridad Nacional?

El avance de las mujeres dentro del sector seguridad en México es innegable, pero aún insuficiente para transformar plenamente las estructuras de poder dentro de estas instituciones. La brecha observada en los niveles de mando no solo refleja inercias históricas, sino también desafíos institucionales que requieren políticas activas de inclusión, formación y promoción profesional; en este sentido, el fortalecimiento de trayectorias profesionales femeninas dentro de las instituciones de seguridad no constituye únicamente un objetivo de igualdad de género, sino también una condición necesaria para construir instituciones más representativas, profesionales y eficaces frente a los complejos desafíos de seguridad que enfrenta el país.

En esta misma perspectiva, resulta fundamental comenzar a cuestionar el paradigma de seguridad que la asocia casi exclusivamente con enfoques militares y de confrontación. Una comprensión más amplia de la seguridad incluye procesos de construcción de paz, fortalecimiento del tejido social y generación de condiciones que permitan prevenir la violencia. Bajo este enfoque, el papel de las mujeres adquiere una importancia central que permite ampliar las dimensiones analíticas desde las cuales se comprenden los desafíos de seguridad, así como fortalecer el diseño de estrategias orientadas a la prevención, la mediación y la construcción de respuestas más integrales y sostenibles frente a la violencia.

La opinión de las autoras no compromete la posición institucional de Amassuru

Foto: Generada con IA por LCR

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Somos una red de mujeres que trabajan temas de Seguridad y Defensa en América Latina y el Caribe (ALC), creada para promover el trabajo de las mujeres en el área, además de facilitar la visibilidad y los espacios de discusión en la región. Juntas, somos mucho más poderosas, por eso creemos que es central crear una red entre nosotras, en un área como la de seguridad, en la cual hemos sido segregadas históricamente. Somos una red independiente y apartidaria de mujeres que trabajamos en diversas áreas, incluyendo la investigación, la docencia, el trabajo directo en políticas públicas y prevención, el periodismo, las ONGs, los gobiernos nacionales y locales, así como en organizaciones internacionales y la academia, entre otras áreas. La red de Amassuru está enfocada en la seguridad en el sentido amplio, englobando temáticas de seguridad ciudadana, seguridad humana, seguridad internacional y justicia.

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.  Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.
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María del Carmen Sánchez Mora

Licenciada en Relaciones Internacionales, maestra en Estudios México-Estados Unidos por la UNAM y maestrante en Inteligencia para la Seguridad Nacional por el INAP. Egresada del curso de políticas de ciberseguridad del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa William J. Perry en la Universidad de Defensa de Washington. Realizó un curso de Seguridad Nacional en el Centro de Estudios Superiores Navales. Actualmente es titular del área de Inteligencia y seguridad Nacional de la consultoría Carvajal-Gomez & Asociados, así como es experta emergente de Forum of Arms Trade y forma parte de la red de mujeres expertas en seguridad de América Latina Amassuru.

 

Regina Aracely Pérez Cárdenas

Internacionalista egresada del Tecnológico de Monterrey. Actualmente se desempeña como Analista Junior de Inteligencia y Seguridad Nacional en Carvajal-Gómez y Asociados, tras haberse desempeñado como Research Analyst Intern en el área de seguridad de Emerging Markets Political Risk Analysis (EMPRA). Su trabajo se centra en la investigación y análisis de dinámicas de seguridad regional.

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